Domar con cariño: el legado de un padre a su hijo en la Línea Sur

En las afueras de Jacobacci, Mariano Andrade le enseña a Tomás, de 10 años, el mismo oficio que aprendió de su papá en una zona donde recorrer grandes extensiones a caballo sigue siendo fundamental.



Mariano Andrade y su hijo Tomás, en el campo en las afueras de Jacobacci.

José Mellado |jmellado@rionegro.com.ar

“Mi objetivo es enseñarle… transmitirle lo que aprendí de mi viejo de este oficio que para mí es muy lindo. Y a él le gusta”, señala Mariano Andrade mientras le explica a su hijo Tomás de solo 10 años las técnicas que desarrolla para amansar caballos.

“Vos acercate y decile vení Tormenta. El caballo te olfatea, te huele, vos le hablas, lo acariciás, ahi empieza a hacerte amigo tuyo. Es como una persona. A los tres meses te olfatea y ya viene solo”

De Mariano a su hijo.



Mariano, quien va camino a los 62, intenta mantener vivo un oficio que aprendió a la misma edad de su hijo y que con el paso de los años se ha ido perdiendo en muchos lugares del país.

En la Región Sur, luego de la crisis que sufrió el sector ganadero, ha quedado muy poca gente en los campos y la mayoría de avanzada edad.
En muchos de ellos la cría de animales todavía es extensiva y el caballo es una herramienta fundamental para recorrer las grandes extensiones de campo en el marco el trabajo diario que realizan los productores.

De generación en generación

El abuelo de Tomás recorría los campos ofreciendo sus servicios de amansador de potros. Así conseguía las tropillas.
El campo está a un km de Jacobacci.

Manos a la obra


Mariano se acomoda los anteojos y una gorra visera de verano que forma parte de su vestimenta habitual desde pequeño. Toma con sus manos unas sogas y se dispone a agarrar uno de los potros que está amansando en un pequeño predio ubicado en las cercanías de Jacobacci.

Pronuncia unas palabras, camina muy despacio y se acerca al animal que se muestra algo desconfiado, pero logra convencerlo. A pesar de hacer algunos intentos por evitarlo, le coloca el bozal y lo trae junto a él.


“Empecé a los doce años a amansar potros. Mi papá, Ubaldo ‘Gueñi’ Andrade, se dedicaba a esto. La gustaba andar con potros y era su trabajo. Iba por los campos ofreciéndose y buscando tropillas para amansar”, señala Mariano mientras acaricia al potro. Es el menor de 8 hermanos y se crío en un campo que tenía la familia en Cañadón Caliente, cerca de la localidad chubutense de Gastre, en el Paralelo 42.

Allí su padre recorría los campos ofreciendo sus servicios de amansador de potros. Recuerda una de las primeras tropillas: “La agarramos en un campo de Fita Miche. Yo era muy chico y si bien me gustaba jinetear terneros de pibe en el campo de mi abuela, con mi padre fui aprendiendo este oficio que es muy distinto a la jineteada. Después, con los años me largué solo. Me vine a Jacobacci y empezar a agarrar tropillas para amansar en campos de la zona”, agrega y le pide a Tomas que se acerque. “Al caballo tenés que tratarlo bien. Buscar hacerte amigo. Hablarle, acariciarlo… No tenés que demostrarle miedo. Sí respeto y solo se va a ir entregando a lo que vos querés hacer con él”, le dice al pequeño quien escucha atentamente y luego repite lo que le vio hacer a su padre.

El heredero

Tomás y su caballo Tormenta

“Está empezando igual que empecé yo. Y le gusta tanto o más que a mí. Tomás va a la escuela a la mañana –cursa 4º grado– y después a la tarde se viene para acá conmigo o solo a estar con los caballos. Eso sí –aclara–, la hermana mayor lo tiene cortito para que estudie. Yo intento transmitirle lo que aprendí de mi viejo porque creo que le va a servir. Empezó con petisos y un potrillo. Ahora esta amansando a Tormenta, para desfilar el día del pueblo”, dice con orgullo.

Jubilado como empleado municipal, diariamente Mariano recorre casi un kilómetro desde su casa hasta el predio donde tiene los animales. Algunos son de su propiedad y otros de productores que requirieron sus servicios. A la mañana lo hace solo y a la tarde con Tomás, una rutina que se repite sin importar el día o la condición del clima. Ambos lo hacen con mucha pasión y por el sentimiento que tienen hacia los caballos.

$ 10.000

Entre esta cifra y 12.000 pesos cuesta amansar un potro en la Región Sur, un trabajo que demanda entre 8 y 10 meses.

“Tenés que tratarlo bien, tenés que hacerte amigo del caballo”

Amansar un potro es un oficio que requiere de mucha paciencia y una gran pasión por los caballos. Mariano admite que no es un trabajo que puede hacer cualquiera. “Te tiene que gustar y tenés que hacerte amigo del animal” señala Mariano.

El hombre detalla que requiere de mucha paciencia y dedicación domesticar a un animal que, en la mayoría de los casos, nunca tuvo contacto directo con una persona y empieza a vivir un mundo distinto al que está acostumbrado.

Mariano habla, Tomás aprende…


“Si querés que un caballo sea manso, tenés que hacerte amigo… Hay que tratarlo bien, sin violencia, hablarle…, acariciarlo y de a poco uno se va ganando su confianza. Uno tiene que tener en cuenta que todo es nuevo para él. Hay que ponerle un nombre y empezar a nombrarlo para que se vaya familiarizando con él. Hacerle entender que no te vas a acercar para agredirlo, sino para entablar una relación de amistad”, señala Mariano.

El hombre detalla que su tarea empieza con la colocación del bozal y el atado del animal al palenque. Luego inicia un proceso de acercamiento y de caricias para a “sacarles las cosquillas” y buscar que pierda el temor o la desconfianza. La tarea continúa con la colocación de una “manea” (lazito) en las patas delanteras y el “sogeo”. “Al empezar a pasar un lazo o una soga por el lomo, las verijas, los cuartos, en todo momento tenés que hablarle y no dejar de acariciarlo. Después lo ensillás y lo dejas con el recao (montura) puesto varias horas para que se acostumbre”, agrega. Luego viene el momento de “la boca” que incluye primero la colocación de un “bocado”, soga que cruza por el interior de la boca del animal que se ata a las riendas.


“Con el bocado, muy despacio y poco a poco, le enseñas a avanzar y a frenar, a doblar para un lado y para el otro. Y así se va a acostumbrando a las riendas… Es un proceso previo al freno que es de metal”, detalla.
Agrega que con el paso del tiempo el animal va reconociéndolo por los olores y el tono de voz y a los tres o cuatro días Mariano empieza a montarlo.

Capataz del corralón, chofer y amansador

Mariano trabajo durante 38 años en el municipio de Jacobacci. Fue capataz del corralón y chofer. Pero nunca dejo de desarrollar esta pasión que tiene por los caballos. Durante todos esos años alternó su tarea de municipal con la de amansador. Hoy, ya jubilado, le puede dedicar más tiempo a los caballos. “Para mí los caballos son una pasión. Vos me podes regalar un auto, pero no lo voy a apreciar. Pero si me regalas un caballo, para mi es una fortuna” señala.

Con el paso de los días da los primeros galopes, aunque aclara que “en tres meses uno puede empezar a andar en el caballo, pero para que quede bien manso te puede demandar un tiempo de entre ocho meses y un año”, finaliza.

“Quiero que Tormenta llegue bien manso para el desfile”

Tomas usa una gorra colorada de estilo vasco, bombachas de campo verde, camisa y un pañuelo al cuello color azul. Es su atuendo cotidiano que lo identifica como un joven campero amante de la tradición argentina. No luce tatuaje, ni aros, ni piercing. Tiene aspecto de gaucho y se desempeña con tal. En su celular no tiene cargado los típicos juegos que usan los chicos de su edad, sino fotos de caballos, milongas, payadas y páginas de las principales fiestas de destrezas criollas que se realizan en el país.

“Me gustan los caballos y todo lo que tenga que ver con el campo” admite. Llega corriendo al predio donde Mariano tiene los caballos. Sin perder tiempo, agarra un bozal y se dirige a un pequeño corral construido con postes y alambre y agarra a Tormenta un potrillo de pelaje overo que empezó a amansar hace tres meses. “Sigo los consejo de mi papá… Ya lo monto y a veces salgo a galopar un poco, pero todavía le falta. Quiero que sea bien manso para poder desfilar en la fiesta del pueblo (se realiza el 14 de septiembre)”, aclara.

El pequeño, escucha atentamente los consejos de su padre y lo aplica en Tormenta. Agrega que además del desfile en el marco del aniversario de Jacobacci se realizan carrera de tambores, la prueba de riendas, la carrera del dormido. “Y para poder participar en estas destrezas criollas, tenés que tener un caballo bien manso y dócil”.


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