Doña Marcelina, criancera y experta en arte rupestre

El Parque Arqueológico Colomichicó, en el norte neuquino, no tiene secretos para ella. Ubicado en la tierra donde crió a sus siete hijos y cuida a sus animales, fue clave para preservar más de 2.800 petroglifos y crear el flamante centro de servicios que ya se puede visitar.



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Bienvenidos. Para un paseo por la historia, nada mejor que charlar con ella. (Foto: Juan Thomes )

Con sus 74 años, Marcelina Aguilera conoce como la palma de su mano uno de los yacimientos de arte rupestre más importantes de América, en la tierra que la vio nacer y que la fue curtiendo con el tiempo.

No solo dedicó su vida a la crianza de siete hijos, al cultivo de su tierra y el cuidado de sus animales, sino que fue una de las principales protagonistas de la preservación de un patrimonio cultural e histórico ubicado en el norte neuquino: Colomichicó, Aguada del Gato Pardo en lengua mapuche.

Este parque está ubicado a 520 km de la ciudad de Neuquén, a unos 2000 m de altura sobre el nivel del mar en el faldeo occidental de la Cordillera del Viento. En este sitio se encuentra un imponente yacimiento rupestre al aire libre, conformado por más de 800 bloques con más de 2800 grabados. Se estima que pertenecen a la cultura pehuenche, con una antigüedad superior a los 1.000 años.

Marcelina y sus hijos cumplieron un rol fundamental en el cuidado de este sitio, que décadas atrás era conocido por pocos visitantes. Junto a un equipo de profesionales de la Universidad Nacional del Comahue, con mucho esfuerzo lograron posicionar como un importante punto turístico a este lugar emblemático, rico en historia y belleza.

En su rostro, en sus manos y sus pasos se puede ver el paso del tiempo. Nunca bajó los brazos y hoy es reconocida por su incansable trabajo.

Recuerda que era ella quien recibía y acompañaba a cada visitante del lugar y fue así como conoció a la investigadora Teresa Vega hace 30 años.

“Tengo bien presentes las largas horas de caminatas que realizábamos cada vez que ella venía a estudiar a Colomichicó. Yo me conozco cada rincón de este lugar y hasta la invite a mi casa. Yo conocí mucho de ella y ella pudo conocer mucho de mi tierra”, recordó con su voz bajita.

Teresa, profesora de UNC, fue otra de las protagonista de la historia de este lugar: junto al conocimiento de la lugareña logró descubrir un paraíso inigualable.

“Esto fue un sueño, un proyecto que fue dando pasos muy firmes y que hoy recoge sus frutos”, comentó en el acto de apertura del Centro de Servicio para turistas e investigadores del Parque Arqueológico, semanas atrás, que buscará fomentar la llegada de más visitantes. Ese acto se anunció que será Delia, la hija de Marcelina, la guía habilitada para realizar las visitas.

La inauguración de este nuevo espacio es también gracias a la histórica lugareña. Ella donó parte de sus tierras para que este centro de atención a turistas y profesionales sea construido por la provincia del Neuquén. Ese día no solo se reconoció el trabajo realizado durante décadas por investigadores de la universidad pública, sino que también fue un gran homenaje a la mujer que sigue dejando sus huellas en su propio territorio.

Los petroglifos son muy variados, con puntos y líneas rectas, onduladas y quebradas.

Profesionales de la UNC trabajaron codo a codo con Marcelina.
Juan Thomes

Se accede por la Ruta Provincial 43 y luego por la 39, ambas de ripio consolidado.

“Este es un lugar mágico, acá viví toda mi vida, vi crecer a mis hijos y también a mis nietos. Si bien ahora hay guías, seguiré recibiendo a cada visitante como siempre lo hice”.
Marcelina Aguilera

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Juan thomes

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Datos

Se accede por la Ruta Provincial 43 y luego por la 39, ambas de ripio consolidado.

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