Dos de los 33 mineros ahora venden frutas y verduras



Chile

Apenas habían cruzado palabra, pero el destino quiso que ambos formaran parte del grupo de 33 mineros que quedaran atrapados en una mina en el norte de Chile. Hoy Darío Segovia y Osmán Araya comparten una gran amistad y un nuevo oficio a un año del derrumbe que los sepultó: venden frutas y verduras.

Segovia, de 49 años, el minero número 20 en salir de la mina, montó hace tres meses su mercado en la plaza El Palomar de Copiapó. Al frente, su ex compañero de encierro, Osmán Araya, de 31 años, ofrece también manzanas, papas, peras y plátanos sobre un pequeño camión.

No se conocían antes de aquel jueves 5 de agosto de 2010, cuando quedaron atrapados a más de 600 metros de profundidad al fondo de la vieja mina San José, donde Darío trabajaba como operador de taladro y Osmán como recolector de material.

“Pero hoy los dos somos grandes amigos”, cuenta a la AFP Osmán, en las afueras de su casa ubicada a escasos metros de la plaza donde todas las mañanas monta su puesto junto a su compañero. Tanto, que ambos se intercambian frutas y verduras cuando a uno de ellos se les terminan los productos, sin pelearse por la clientela.

Osmán dice que este oficio le ha servido para dejar atrás la tragedia, mientras que para Darío aún es difícil superar lo vivido. Los recuerdos de esos interminables 69 días de encierro bajo tierra aún lo atormentan.

“Los recuerdos se me vienen a la cabeza pero hay que saberlo llevar”, cuenta Segovia a la AFP.

Osmán, en cambio, se declara “ciento por ciento bien”. Dice que el derrumbe “fue un accidente y hay que saber asumirlo” y que haber comenzado con un nuevo oficio le ayudó a dar vuelta la página.

Para él, el poder haber comprado un camión con el dinero que le regaló tras el rescate a cada uno de los mineros un empresario minero fue cumplir un sueño.

“Le doy gracias a Dios por la vida que me dio. Mi sueño de mucho antes era tener un camión”, señala Osmán.

Hoy ese camión le sirve para recoger de madrugada los productos para su negocio y por la tarde para hacer fletes.

La amistad que construyeron Darío y Osmán parece una excepción dentro del grupo de 33 mineros cuya historia de supervivencia asombró el mundo.

La mayoría no se visita regularmente ni comparten actividades sociales. Se juntan esporádicamente en las reuniones en las que discuten su situación judicial y la venta de los derechos para reproducir su historia.

“Nos vemos muy a lo lejos”, confirma Osmán, que no estaba muy seguro de asistir al acto de conmemoración del primer aniversario de la tragedia este viernes en un santuario de Copiapó, aunque al final sí lo hizo.

AFP


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