Arrancaron con un «camioncito» y hoy llevan vendidas 25.000 unidades en todo el país

La historia de Germán y Gastón Decker no empieza en un concesionario, sino en el barro del campo y en una gomería abierta todo el día. Tras atravesar deudas, pérdidas y un duro quiebre familiar, eligieron volver al origen. Décadas después, celebran miles de camiones vendidos en todo el país.

Por Juan Moro

Hay empresas que nacen con un plan de negocios. Otras nacen con una necesidad. La historia de Germán y Gastón Decker pertenece a la segunda categoría. Hoy están al frente de Decker Camiones, una compañía con más de 55 años de trayectoria familiar, cinco agencias en el país, más de 350 empleados, más de 25.000 unidades entregadas y otra enorme cantidad de reparaciones realizadas. Son concesionarios oficiales de Volvo Trucks, Randon Remolques, Argenpyme SGR y Red Broker entre otras marcas.

Pero antes de los números, antes de las agencias, antes del crecimiento, hubo barro. Hubo bolsas de cereal cargadas a mano. Hubo miedo y una familia que decidió no rendirse.

El camioncito que lo empezó todo


Fotos gentileza.-

“El comienzo de cero fue el camioncito”, repiten. Ese camioncito viejo, que hoy es el logo de la empresa, no es una estrategia de marketing: es la memoria permanente del éxito de hoy.

En los campos, cuando el cereal se embolsaba y se cargaba a fuerza de brazos, la familia Decker estaba ahí. Entraban donde otros no querían entrar por miedo a quedar encajados. Hacían transporte y también de “bolseros”. Hacían de todo. Buscaban siempre “agregar una vuelta más” para generar ingresos.

La actualidad de Decker Camiones, en su agencia de Allen.

Antes de la gomería, antes del concesionario, estaba ese vehículo humilde que representaba la única herramienta para salir adelante.

Una gomería abierta “25 horas por día”


Con esfuerzo y ahorro, Roberto —el padre— volvió a Necochea en 1968 y levantó un pequeño galpón en la entrada de la ciudad. Allí nació la gomería que se hizo famosa por estar abierta todo el día. “25 horas por día”, dicen entre risas.

La casa estaba detrás del negocio. Los clientes comían en la casa. Los hijos jugaban entre cubiertas, herramientas y camiones. El trabajo no tenía horario. Sábados, domingos, feriados: todo era laburo.

“En mi casa era 100% trabajo. Se hablaba de trabajo todo el tiempo”, recuerdan. Pero no lo dicen con reproche. Lo dicen con orgullo.

La gomería creció. Vendían cubiertas, hacían recapados, inventaban soluciones mecánicas para clientes que confiaban ciegamente en ellos. Se formó una comunidad de camioneros que encontraban algo más que un servicio: encontraban respaldo.

El golpe que cambió todo


La vida, sin embargo, no avisa.

La enfermedad y posterior fallecimiento de un hermano de Roberto desmoronó el equilibrio. Cambios de rumbo, decisiones equivocadas, inversiones que no salieron como se esperaba. Las deudas empezaron a crecer.

La empresa es líder en la región.

“Puso hasta la casa”, cuentan. Germán tenía 13 años. Gastón, 17. Pasaron de un presente sólido a una situación crítica. No era empezar de cero. Era empezar desde abajo del cero.

“Estábamos en menos diez”, resumen.

En ese contexto, apareció algo que sería determinante para el futuro: la unión familiar. “Lo que era feo en ese momento, mirándolo para atrás, fue una enseñanza gigante”, reflexionan.

Volver al origen para volver a crecer


La decisión fue clara: regresar al rubro que conocían, el de los camiones.

“Yo le decía a mi viejo: ‘¿Por qué no volvés a vender camiones? Todo el mundo te pide camiones’”, recuerdan. La reputación estaba. El nombre seguía pesando. Los clientes todavía reconocían el respaldo que habían recibido en otros tiempos.

Pero la realidad era dura. Vender un camión no alcanzaba para tapar el “despelote gigante” que había detrás. Había que pagar deudas, recuperar credibilidad, reconstruir.

Arrancaron con un usado. Con obligaciones por cumplir. Con la presión de sostener a la familia. Con miedo.

“Nunca estás preparado. Te preparás haciendo”, dicen. No hubo día ideal. No hubo momento perfecto. Hubo necesidad y decisión.

Aprender a vivir a la defensiva


Esa etapa dejó una marca profunda. “Nunca superás del todo ese momento. Te queda en el inconsciente”, reconocen.

Aprendieron a valorar el doble cada cliente, cada empleado, cada oportunidad. A cuidar cada venta. A festejar cada logro.

Porque detrás de cada camión que venden hay una familia. Hay una deuda que pagar. Hay un proyecto que empieza.

“Todos los grandes transportes arrancaron con un camión y una familia atrás”, explican. Por eso el cliente no es un número. Es un socio estratégico.

El crecimiento sin perder el ADN


Foto: Juan Thomes.-

Con el tiempo, el esfuerzo empezó a dar resultados. La empresa creció, se expandió, sumó marcas internacionales y nuevas unidades de negocio. Hoy cuentan con cinco concesionarias, más de 350 empleados y una red consolidada en la región.

Sin embargo, insisten en que el ADN no cambió.

“Somos familia. Y nuestra gente es parte de la familia”, aseguran. Muchos empleados llevan años trabajando con ellos. La confianza es un valor central. La cercanía, también.

En cada decisión importante, están los pilares que mencionan una y otra vez: la gente y los clientes.

Reinventarse en la Argentina


Foto: Juan Thomes.-

En un país donde las reglas cambian, donde las crisis aparecen y obligan a reacomodarse, la historia de los Decker es también una historia de resiliencia empresarial.

“Nunca estás tranquilo. Siempre estás alerta”, dicen. Pero esa alerta no paraliza: empuja.

Para ellos, uno de los límites más grandes de las pymes es el que se pone el propio dueño. “Cuando algo sale mal, la responsabilidad es nuestra”, sostienen. Asumir eso fue clave para crecer.

Delegar culpas es fácil. Hacerse cargo, no tanto. Pero ahí —dicen— empieza el verdadero cambio.

La pasión como condición


Hay una frase que repiten casi como mantra: “Si no te encanta lo que hacés, buscá otra cosa”.

En su rubro, el domingo muchas veces también es día de trabajo. La cabeza no para. Las decisiones pesan. Las responsabilidades son grandes. Pero si hay pasión, el cansancio se transforma en motor.

“Cada venta la seguimos festejando”, cuentan. Como cuando compraron aquel camión en Buenos Aires que marcó el reinicio. Como cuando salieron de la etapa más difícil. Como cuando entendieron que habían vuelto a ponerse de pie.

De tocar fondo a inspirar


Hoy, cuando miran hacia atrás, no niegan el dolor. Pero lo agradecen. Porque fue esa etapa la que los curtió. La que los unió. La que los obligó a reinventarse.

“Ojalá esta historia le sirva a alguien que haya tocado fondo”, dicen.

Porque si algo demuestra el recorrido de estos hermanos es que se puede reiniciar. Que se puede empezar otra vez. Que el miedo puede convertirse en impulso. Que el trabajo constante, la responsabilidad y la unión familiar pueden más que cualquier crisis. Y que, a veces, todo lo que hace falta para empezar es ese camioncito.


Hay empresas que nacen con un plan de negocios. Otras nacen con una necesidad. La historia de Germán y Gastón Decker pertenece a la segunda categoría. Hoy están al frente de Decker Camiones, una compañía con más de 55 años de trayectoria familiar, cinco agencias en el país, más de 350 empleados, más de 25.000 unidades entregadas y otra enorme cantidad de reparaciones realizadas. Son concesionarios oficiales de Volvo Trucks, Randon Remolques, Argenpyme SGR y Red Broker entre otras marcas.

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