Milei y el estrés de gobernar despreciando la política

En una semana frenética, el Presidente estalló de furia por la falta de respaldo legislativo a la Ley Ómnibus. Ofuscado, “Despidió” a un ministro, amenazó a los gobernadores y dinamitó todos los acuerdos políticos construidos en enero. Los puntos que el gobierno no negocia, el rol del FMI, y el visible agotamiento del mandatario.

“Saquen de su cabeza vernos de rodillas”. La frase resume buena parte de lo acontecido durante la última semana a nivel nacional, y describe un modus operandi que el gobierno nacional parece haber establecido como la forma en que pretende hacer avanzar sus políticas.


El autor de la advertencia no es otro que el gobernador de Río Negro, Alberto Weretilnek. En un extenso tweet el mandatario provincial indicó que “Desde el interior no vamos a aceptar ningún tipo de apriete: vamos a defender a Río Negro y a las provincias patagónicas”. Agregó que “En la Patagonia producimos más del 90% del gas y el petróleo del país. Generamos más del 25% de la energía eléctrica que hace funcionar a la Argentina. Tenemos en nuestras provincias los mejores centros turísticos que generan divisas. Tenemos agricultura, ganadería y pesca”.


La furiosa reacción del gobernador llegó tras la amenaza que trascendió de parte del Presidente, que en una reunión de gabinete habría vociferado “los voy a dejar sin un peso, los voy a fundir a todos”, en referencia a los gobernadores que no acompañan la ley ómnibus.


El vice gobernador de Río Negro, fue todavía un paso más allá y escribió: “Si el Presidente amenaza con dejar a las provincias sin los recursos fiscales que le corresponden, las provincias podrían dejar al gobierno nacional sin petróleo, sin gas y sin energía hidroeléctrica. Pero llegar a eso sería poner a la Argentina al borde de la disolución nacional o de una guerra civil”.


Increíblemente, el único diputado que Juntos Somos Río Negro aún mantiene en la cámara baja, Agustín Domingo, había votado a favor y en disidencia el dictamen de mayoría alcanzado en la madrugada del miércoles.


En la incomprensión de la inexorable unidad que existe entre economía y política (o entre política y economía), reside gran parte de nudo gordiano que el Presidente Javier Milei no logra deshacer para poner finalmente en marcha su programa.


Un sencillo ejemplo de la manera en que el desmanejo de los diálogos, la evidente inexperiencia de buena parte de los funcionarios, y la inflexibilidad del Poder Ejecutivo, terminaron dinamitando los trabajosos acuerdos que parecían haberse alcanzado y la posibilidad de debatir la ley ómnibus en el seno del recinto.


El libertario logró el acompañamiento de las mayorías necesarias para acceder al poder, en base a un discurso cuyo núcleo central fue el desprecio explícito por la política. Y en especial por los políticos. Los mismos políticos con los que ahora necesita consensuar.


La mirada economicista de Milei, le impide (al menos hasta el momento) advertir que no existe programa económico alguno que logre sobrevivir sin el soporte político necesario, y que ese soporte se construye, se estructura, se negocia.


Es la misma mirada economicista que lleva al presidente a sobreactuar el rol de CEO, en detrimento del lugar de principal protagonista político del país.
La forma en que Milei maneja la relación con los funcionarios, se asemeja más a la de un empresario súper poderoso que a la de un Presidente. Dos ejemplos concretos ilustran el punto.


El primero es la forma en que el ex Superintendente de Salud de la Nación, Enrique Chiantore, fue removido de su cargo. Según el propio Chiantore relató en una entrevista radial, recibió la noticia de su remoción cuando sus familiares y amigos comenzaron a solidarizarse con él en las redes sociales. Hasta ese momento no había recibido notificación alguna. Al chequear el Boletín Oficial, corroboró su salida.


En su reemplazo, Milei designó a Gabriel Oriolo, quien fue hasta fines de 2023 director de Procesos y Sistemas de OSDE. Es decir, el encargado de auditar a las empresas de servicios de salud, incluida OSDE, será un ex ejecutivo de OSDE.


El segundo ejemplo de la sobreactuación CEO de Milei, es la forma en que se comunicó la salida de Guillermo Ferraro del Ministerio de Infraestructura.
Habitualmente al momento de decidir el cambio de un ministro o alto funcionario de gobierno, los mandatarios “le piden la renuncia” a la persona en cuestión. En este caso en cambio, el aparato de comunicación oficial dejó trascender que Guillermo Ferraro “fue despedido”.


La diferencia puede resultar apenas semántica. Pero las palabras nunca son inocentes. Son más bien vehículo de ideas y expresión de sentido.


El desprecio por la política



Lo está comprobando en carne propia el Presidente de la Nación. Gobernar resulta bastante más complejo que ser panelista de televisión o que elaborar irónicos y verborrágicos tweets.
Administrar los destinos del país requiere un compromiso mayor que el de la retórica. Implica muchas veces ceder, otras negociar, y siempre, respetar la institucionalidad.


Son los propios liberales los que se espantan de las formas que ha elegido el Presidente para imponer su agenda de gobierno. Sucede que el liberalismo está bien lejos de ser sinónimo de autoritarismo. Fue precisamente el liberalismo el que ofreció a occidente la llave para dejar atrás las monarquías autárquicas a fines del Siglo XVIII.


Milei parece dispuesto a despreciar esa tradición, y pretende crear una nueva conceptualización histórica. Frente a los máximos representantes del liberalismo económico global en Davos, el mandatario argentino se atrevió a decir que todo el que no piensa como él es socialista.
Tal es el ímpetu con el que el gobierno atropella una y otra vez la institucionalidad y la ley.


Había sucedido cuando se promulgó el DNU 70/24 que deroga y/o modifica cientos de leyes sin acuerdo previo del Congreso.
Sucedió nuevamente esta semana, cuando en la madrugada del miércoles y luego de debatir por más de diez días en el plenario de comisiones, se logró dictamen de mayoría en la Cámara de Diputados para el tratamiento de la ley ómnibus en el recinto.


Al día siguiente, durante el paro general y mientras en las calles de Buenos Aires más de un millón de personas se manifestaban en contra de la ley ómnibus y el DNU, en un recóndito departamento de Recoleta, un reducido grupo de diputados oficialistas y de la oposición “amigable”, negociaban a escondidas y a espaldas del resto de los diputados la forma de “re escribir” el dictamen que había sido rubricado la noche anterior.

Sturzenegger. El funcionario sin cargo en el gobierno de Milei (Télam).

La diferencia entre el texto formal y el “dictamen blue” de Recoleta, es de más de 200 páginas, lo cual no solo derrumba todos los acuerdos políticos construidos durante enero en torno a la ley, sino que implica un atropello a la institucionalidad del cuerpo legislativo, que roza lo ilegal.


Pero como si ello fuera poco, la presencia de Federico Sturzenegger en la mencionada reunión, solo echa combustible al fuego de la polémica. Sturzenegger no es diputado. Tampoco tiene cargo alguno en el gobierno. La mayoría desconoce cuál es su rol y la razón de su protagonismo. Sin embargo, todos reconocen el poder que el Presidente Milei le ha conferido, e incluso se lo menciona como el “ministro de economía en las sombras”.


El telón de fondo económico



No es novedad, Milei es economista. Nadie puede sorprenderse por el hecho de que la agenda que persigue en materia legislativa sea económica, y tenga el enfoque ortodoxo que el propio Milei relató en campaña.


El punto es que mientras la gestión que acaba de nacer se desgasta en la puja política, comienza a agotarse el plazo de gracia que tiene cualquier mandatario para responsabilizar al anterior por el desastre. Las tres variables más sensibles para el ciudadano común, se deterioran a pasos agigantados: inflación, salarios y dólar.


Los precios minoristas muestran en enero al menos la misma velocidad que en diciembre, el poder adquisitivo se derrumba aceleradamente, y la devaluación del 100% aplicada sobre el tipo de cambio oficial a fin de año, vuelve a quedar corta con paralelos que parecen despertar, y una brecha cambiaria que pasó del 25% al 50% en solo tres semanas. El mercado ya anticipa una nueva devaluación del oficial en febrero o marzo, lo que reiniciaría la secuencia de traslado a precios y golpe al salario.

“Los voy a dejar sin un peso, los voy a fundir a todos”

Presidente Javier Milei a los gobernadores que no apoyan la ley ómnibus.


Sin embargo no parece ser esa la dinámica que preocupa al gobierno. El propio Presidente anticipó desde el día uno de su mandato, que se avecinaba una estanflación.
Por el contrario, hay tres ítems de la ley ómnibus que son el desvelo del mandatario y del ministro de economía, Luis Caputo.


El primero tiene que ver con la suba de retenciones. El gobierno pretende llevarlas al 33% para soja, trigo, maíz, y sus derivados. En este último punto radica gran parte del rechazo de los legisladores de la Pampa húmeda. Gravar con retenciones la exportación de productos agroindustriales al mismo nivel que los granos, supone desincentivar la industria y promover la primarización de la economía.


El segundo se relaciona con el cambio de fórmula previsional. Nadie quiere quedar en la foto como quien levantó la mano para avalar un nuevo recorte a las jubilaciones en términos reales.
El tercero es la rotunda negativa de la oposición al traspaso del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de ANSES a manos del Tesoro Nacional.

Retenciones, fórmula previsional y el traspaso del FGS al Tesoro, son los trés puntos centrales que hoy traban la ley ómnibus de Milei.


Las tres cosas forman parte del compromiso que asumió Caputo con el FMI, cuando hace diez días rubricó en EEUU la extensión del acuerdo y el giro de los fondos necesarios para afrontar el vencimiento de este mes.
El revés legislativo que Milei recibió respecto a esos tres artículos y la imposibilidad de cumplir con el organismo, habría sido lo que disparó la furia del Presidente con sus propios funcionarios, impotentes para imponer la agenda oficialista en el Congreso.


Un estrés más que evidente



Fue el pasado miércoles, apenas terminado el paro general. Javier Milei brindó una entrevista por YouTube a la ex periodista de CNN, Patricia Janiot.
La imagen fue elocuente. Un plano alto obligaba al Presidente a mirar hacia arriba, lo que le ayudaba a mantener los ojos abiertos, algo que a simple vista le costaba mucho. El tono apagado, alejado de sus gritos habituales frente a las cámaras, daba cuenta de un evidente cansancio.

La solicitud de facultades extraordinarias incluída en la ley ómnibus persigue como último fin gobernar sin acuerdo del Congreso.


El estrés que atraviesa el mandatario, se suma a su propensión a las teorías conspirativas. Quienes transitan los pasillos de la Casa Rosada a diario como periodistas acreditados, saben desde hace tiempo que el Presidente tiene un colaborador que prueba la comida antes que el se la lleve a la boca, por temor a ser envenenado, y que no sale de Olivos sin el chaleco antibalas puesto.


El Presidente denosta la política, la desprecia. No concibe la necesidad de integrar la economía con la política, ni mucho menos de tener que negociar con los mismos actores a los que insultó durante años.


Ello explica su intransigencia. La idea de que sus decisiones no pueden ser cuestionadas, y la solicitud de facultades extraordinarias incluida en los primeros artículos de la ley ómnibus.
En su concepción cuasi monárquica, Milei se imagina gobernando sin el Congreso de la Nación. No poder hacerlo, es lo que lo tiene visiblemente agotado.


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