Milei y el peso de la historia
En el subibaja institucional, los años pares abren una esperanza en la Argentina y los impares se consideran casi perdidos porque en ellos mandan las elecciones. Pero, además, las segundas mitades de los mandatos presidenciales suelen ser una verdadera prueba de fuego. Hoy, el presidente de la Nación abrirá su tercer período legislativo completo teniendo por delante una verdad incómoda: la experiencia histórica muestra que este tramo que viene, rara vez es el mejor; más bien, suele ser el más arduo.
El final de Raúl Alfonsín desembocó en hiperinflación y salida anticipada; Mauricio Macri quedó marcado por la corrida cambiaria y el regreso al FMI; Alberto Fernández se desarmó entre internas y una inflación descontrolada. Incluso Cristina Kirchner vio cómo su segundo mandato perdió fuerza respecto del inicial. Hubo excepciones, pero pocas y con matices: Carlos Menem sostuvo la estabilidad nominal en su reelección, aunque el costo estructural se trasladó a Fernando de la Rúa, mientras Néstor Kirchner cerró con crecimiento y superávits, favorecido por un contexto internacional excepcional.
La historia señala en la Argentina que el poder no se acumula con el tiempo, sino que se desgasta y así, mientras el crédito político se consume, los eventuales aliados empiezan a calcular sus propias opciones electorales, al tiempo que los opositores buscan caminos de renovación. Javier Milei está convencido de que su misión es reformadora, como ninguna otra antes, para lograr establecer un cambio de fondo en la matriz argentina que, a la vez, perdure.
La cosecha de avances durante las Sesiones Extraordinarias en ese sentido fue, políticamente hablando, verdaderamente efectiva para el presidente, aunque debió ceder algunos principios para lograrlo. Él llegó a la Casa Rosada hace dos años con un mandato de ruptura y con la energía de quien se siente respaldado por las urnas, pero la aritmética legislativa recién ahora lo sitúa bastante más cerca de los objetivos. Y esta vez lo logró con las mismas maneras que tantas veces repudió desde el discurso.
La moraleja es clara: en política no hay principios irrenunciables. Podrá decirse que actuó con pragmatismo o que se mimetizó con la “casta”, pero los resultados están a la vista: con la ayuda de todos los beneficiados por su mano abierta (algunas provincias, sobre todo), logró aprobar el Capítulo Laboral como emblema de modernización, consiguió la Ley Penal Juvenil, el Acuerdo Mercosur-UE, la Ley de Glaciares y varias medias sanciones de peso.
Más allá de las previsibles promesas de otros cambios que seguramente Milei detallará en su discurso de Apertura del 144° Período Legislativo del Congreso para asegurar que su gobierno es “el más reformista de la historia”, otra cosa que aún no se conoce es el tono que le dará a la alocución. Y ese dato no es menor, porque hace medio año adoptó un temperamento bastante más cordial para ganar las elecciones como las ganó y se moderó bastante, hasta que la emprendió en estos últimos días con toda su artillería contra los empresarios de los sectores protegidos desde siempre, sus nuevos enemigos.
En la Casa Rosada saben que el sendero se irá achicando y probablemente, por eso, avanzará en lo inmediato con cambios electorales bien profundos y con la eliminación de las PASO, algo que ya tuvo avances en 2025, pero que no gusta tanto a nivel provincial o municipal, junto a un nuevo esquema de financiamiento a los partidos políticos. La segunda gran reforma, la tributaria, quizás no se logre como paquete este año, pero la idea es que no se frene porque es otra de las palancas que necesita la inversión, motor que no arranca aún para generar puestos de trabajo.
Gobernar con mayorías ajustadas implica negociar todos los días. Y hacerlo en esta etapa será seguramente más caro, ya que en la segunda mitad no se gobierna con consignas sino con números. Si la economía real, sobre todo, ofrece resultados tangibles y la ciudadanía confía, el oficialismo tendrá margen. Si no, el Congreso, que siempre huele el humor social antes que nadie y que ahora concede, empezará a tomar distancia para exigir antes de que se precipite el próximo turno electoral. Cuánto durará esta luna de miel por conveniencia es lo que no se sabe.
En el subibaja institucional, los años pares abren una esperanza en la Argentina y los impares se consideran casi perdidos porque en ellos mandan las elecciones. Pero, además, las segundas mitades de los mandatos presidenciales suelen ser una verdadera prueba de fuego. Hoy, el presidente de la Nación abrirá su tercer período legislativo completo teniendo por delante una verdad incómoda: la experiencia histórica muestra que este tramo que viene, rara vez es el mejor; más bien, suele ser el más arduo.
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