El abismo paquistaní

Para el presidente norteamericano Barack Obama y el grueso de sus compatriotas, la muerte de Osama bin Laden a manos de un equipo de comandos asestó un golpe tan contundente al extremismo islamista que las tropas de la OTAN podrán salir pronto de Afganistán. Asimismo, la convicción ya generalizada en Washington de que las autoridades paquistaníes están colaborando subrepticiamente con los talibanes y otros militantes de ideas similares hace más probable que Estados Unidos opte por retirarse de una región en la que ha invertido tanto en vidas y dinero. Sin embargo, aunque para facilitar el repliegue de los “infieles” de aquella parte del mundo musulmán lo único que tendrían que hacer los yihadistas sería mantener un perfil bajo por algunos meses, no parecen tener ninguna intención de hacerlo. A menos de dos semanas del ajusticiamiento de Bin Laden, para vengar la muerte del “mártir”, los talibanes perpetraron otro atentado sanguinario en una base militar paquistaní, asesinando a por lo menos 89 personas, casi todas reclutas jóvenes, y se comprometieron a llevar a cabo más matanzas. Según los talibanes, el ejército paquistaní traicionó a su país al permitir, aunque sólo fuera por inoperancia, que entraran las tropas especiales estadounidenses que pusieron fin a la vida de Bin Laden. Puesto que una proporción sustancial de la ciudadanía paquistaní comparte su opinión, el precario gobierno encabezado por el viudo de la asesinada Benazir Bhutto se ve en una situación terriblemente difícil, ya que tanto los norteamericanos como los islamistas lo acusan de mala fe. Si no fuera por el peligro de que el arsenal nuclear de Pakistán cayera en poder de los talibanes o grupos afines a Al Qaeda, Estados Unidos no vacilaría en aprovechar la oportunidad que a juicio de sus gobernantes les ha brindado la muerte de Bin Laden y la duplicidad evidente de los militares paquistaníes para apurar su salida de una región que seguiría siéndole indomable, a menos que adoptara métodos que serían totalmente incompatibles con sus pretensiones éticas. Los dilemas que enfrentan los países occidentales son angustiantes. A esta altura entenderán que no les será dado ganar la guerra limitada que están librando en Afganistán y que en cualquier momento Pakistán podría sumirse en el caos, pero no pueden salir sin brindar a los islamistas más fanatizados un triunfo de dimensiones históricas. Aun cuando la eventual retirada de la OTAN de los que los militares norteamericanos llaman “Af-Pak” se debiera sólo a la negativa de la opinión pública estadounidense y europea a tolerar más bajas y gastar más dinero en un conflicto que muchos consideran inútil, los islamistas la festejarían como una gran victoria sobre las huestes de “los cruzados”. Huelga decir que lo que sería tomado por la derrota de los occidentales incidiría en la actitud de virtualmente todos los musulmanes, incluyendo a los que quisieran que sus propios países se transformaran en democracias liberales modernas en que se respeten plenamente los derechos humanos. En Estados Unidos y Europa, la mayoría está más preocupada por las dificultades económicas y sociales de sus países respectivos que por lo que está sucediendo en otras partes del mundo, razón por la que a todos los gobiernos les gustaría poder declarar terminada la intervención en Afganistán y dejar que los paquistaníes se encargaran de sus propios problemas. Por desgracia, los riesgos que les supondría una estrategia aislacionista serían demasiado grandes como para permitirles lavarse las manos del resto del planeta. Es alarmante la probabilidad de que dentro de poco la teocracia iraní se proclame dueña de un arsenal nuclear, pero sólo se trataría de un irritante menor en comparación con lo que podría ocurrir si islamistas consiguieran apropiarse del paquistaní. Para impedir dicha eventualidad, los norteamericanos, respaldados por los europeos, no tendrían más alternativa que la de ingresar masivamente en territorio paquistaní con el propósito de frustrarlos. Caso contrario, se verían ante una situación decididamente peor que la que se dio durante la “Guerra Fría” contra la Unión Soviética, ya que a diferencia de los marxistas, leninistas del Kremlin, los islamistas de Irán y Pakistán operan conforme a criterios que para la mayoría de los occidentales son incomprensibles.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 860.988 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Sábado 21 de mayo de 2011


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