El “arce tridente”

El Jardín de Casa

Su nombre técnico es Acer buergerianum, en honor de Heinrich Buerger (1804-1858), colector de plantas en Japón para el gobierno holandés.

En nuestra región del norte de la Patagonia se ven algunos en vereda, aunque el más plantado es el llamado “arce americano” (Acer negundo).

No caben dudas de que este arce americano, obviamente nativo de América del Norte, es un lindo árbol, especialmente sus variedades con las hojas amarillentas (aureum) y el de las hojas con el borde blanco (variegatum), más usados en jardines que en calles. El inconveniente que yo he visto a través de los años es que, junto con el “fresno americano” (Fraxinus americana), son ávidos de agua y ese es su talón de Aquiles… no hace falta ser erudito en botánica para saber que cuanto más rápido y vigoroso crece un árbol, tanto más agresivo es su sistema radical y ambos lo son en la búsqueda de agua de buena calidad, que siempre les falta.

Por eso hoy les quiero presentar este arce “asiático” que, si bien también requiere buen riego, es menos vigoroso y más lento… ergo, su sistema de raíces es menos agresivo. El “arce tridente” se diferencia también del arce americano por ser originario de China, Japón y Taiwán, por lo que es pariente de los conocidos “arces japoneses” (Acer palmatum y sus variedades), que se adaptan a jardines y no a veredas… al menos todos los intentos con ellos dan muy malos resultados.

El “arce tridente” es un pequeño árbol que raramente sobrepasa los 12 metros. Su follaje es bien verde en verano y sus hojas se caracterizan por tener tres lóbulos, siendo el del medio más alargado y terminando en punta, lo que origina su nombre común de “tridente”. Este follaje vira al anaranjado e incluso con matices rojos en el otoño, si los fríos no se presentan en forma brusca sino lentamente y en los jardines puede reemplazar a los “arces japoneses”, porque es más resistente que ellos, aunque la coloración otoñal no es tan espectacular ni su follaje tan vistoso.

Yo lo recomiendo más para un jardín, pero si decide plantarlo en su vereda, tenga en cuenta su necesidad de buen riego. La falta de agua o el agua salobre (“es la misma leche con diferente gordura”) reducen su crecimiento, “quema” su follaje y ese estado de estrés lo hace sensible a plagas. Eso si, la producción de semillas es poco molesta y no va a necesitar podas, lo que equivale a menos dolores de cabeza… y menos gasto de dinero.


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