El barrio Pichi Nahuel le pelea al olvido
No tiene comercios, ya no pasan colectivos y su población carece de chicos.
CIPOLLETTI (AC).- Cada vez menos cosas quedan en el barrio Pichi Nahuel, uno de los más antiguos de la ciudad: como si la falta de comercios y de un servicio de colectivos fuera poco, el sector se está quedando sin chicos. Sólo una población adulta resiste el olvido y la mala prensa que se ha ganado la barriada en el último mes, desde que el nombre uno de sus hijos, Orlando Sandoval, alias «El Clavo», apareció en los diarios.
El barrio nació a principios del siglo pasado, casi junto con la fundación de Cipolletti.
Era una colonia de los trabajadores rurales que iban conchabándose en las chacras de los Marini, los García y Seguel.
Como sus vecinos del coqueto barrio Arévalo, la gente del Pichi Nahuel vive en calles con nombres de poetas y próceres de la independencia americana: Alfonsina Storni, Gabriela Mistral, Sucre, O»Higgins.
Una iglesia, una salita de salud y la escuela son los centros de reunión entre vecinos desde que los pocos quioscos y despensas que había en sus calles comenzaron a desaparecer.
«La Venganza»
Uno de los últimos almacenes llegó a llamarse La Venganza, pero no por ninguna cuestión delictiva, sino por el ánimo de revancha de su dueño, tras varios fracasos comerciales anteriores.
Ni siquiera se mantiene la línea de colectivos que cubría las necesidades de su gente, que ahora debe caminar hasta la calle Rivadavia para subirse a un micro.
Pero vivir allí tiene sus ventajas, que no se refieren estrictamente a la tranquilidad reflejada en sus añosos árboles.
El barrio está a pocas cuadras del centro de Cipolletti y a sólo unos metros de la rotonda de las rutas 151 y 22, que es el paso obligado hacia la capital de Neuquén.
De los 333 chicos de entre 4 y 13 años que van a su escuela, apenas el 2% pertenece al Pichi Nahuel; el resto viene, en micros contratados, desde los barrios ribereños: Costa Norte, Costa Sur y Labraña.
Eso lo contó Dora Indamira Rodríguez, la directora del colegio que fue fundado por el gobierno nacional en 1958.
La importancia que tuvo esta escuela está dada por el nombre: se llama Ingeniero César Cipolletti.
Norma Painevilu es maestra, pero está a cargo de una biblioteca escolar de la que el colegio se jacta con orgullo. Es hija del barrio, del que nunca se alejó, y se enorgullece de ello.
Esta escuela y el centro de salud forman una unidad en la esquina de Pueyrredón y Alfonsina Storni, y no sólo porque sus edificios están pegados. Los médicos, odontólogos y enfermeras de la salita asisten a los chicos con resultados que la directora pondera.
A pocos metros de allí, corre una breve calle, bautizada Sucre, que hasta hace dos semanas fue centro de la pista más importante que tiene la policía y la Justicia para resolver el crimen de tres mujeres en un laboratorio de análisis clínicos del centro de Cipolletti.
Allí se crió y vivía Sandoval, la persona que está acusada de facilitarle la huida al asesino.
Ahora el Pichi Nahuel parece estar asociado con el delito, pero sus habitantes, así como piden que lleguen el cordón cuneta y el asfalto, defienden el sesgo de tranquilidad y trabajo que siempre caracterizó el barrio.
foto: Sólo el 2 por ciento de los chicos que van a la escuela del barrio viven en Pichi Nahuel.
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