El cambio mendocino
Los resultados de las elecciones para gobernador y otros cargos que, el domingo pasado, se celebraron en Mendoza y en las que el radical Alfredo Cornejo triunfó sobre su adversario peronista Rolando Bermejo por un margen mucho más cómodo que el previsto por las encuestas, dieron a la oposición una bocanada de aire fresco que necesitaba, razón por la que Mauricio Macri viajó enseguida a la capital de la provincia andina para compartir el triunfo con sus socios. Lo mismo que los oficialistas, los partidarios de la alianza encabezada de facto, si bien no de jure, ya que aún quedan las PASO, por el jefe del gobierno porteño, quieren convencer a la ciudadanía de que el viento político está soplando a su favor con fuerza creciente. Es lo que dijo Cornejo al aventurar que el cambio que acababa de registrarse en Mendoza se replicaría en el resto del país. Con todo, si bien fuera de las provincias clientelistas del norte del país, el cambio así previsto sí se ha hecho palpable, debido en parte al impacto sumamente negativo del “modelo” oficial en las economías regionales, parecería que la sensación de que la Argentina está por experimentar un cambio muy importante todavía no ha llegado al conurbano bonaerense que, con sus casi 10 millones de habitantes, equivale a un distrito electoral cinco veces mayor que el de Mendoza, mientras que la población de Río Negro, donde el oficialismo nacional sufrió hace poco una derrota aún más contundente, es 14 veces menor que la del Gran Buenos Aires. Hasta nuevo aviso, pues, el gobierno kirchnerista continuará tratando de impedir que los bonaerenses se dejen influir por lo que ocurra en otras partes del país, a pesar de que las medidas económicas que tome con tal fin perjudiquen enormemente a su sucesor. Se trata de una realidad que debería preocupar mucho a Daniel Scioli que, conforme a las encuestas de opinión, sigue liderando la carrera presidencial, aunque es posible que le resulte contraproducente la presencia a su lado del operador kirchnerista Carlos Zannini. En política, las impresiones, por arbitrarias que fueran, pueden resultar decisivas. Lo entienden muy bien los kirchneristas que han hecho del triunfalismo un arma poderosa y que han reaccionado frente a la forma discrecional en que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner ha manejado las listas electorales tomándola por evidencia de que sería peor que inútil oponérsele. Sin embargo, el que un solo día después de haber brindado Cristina una exhibición notable de su poder sobre su propia tropa, un radical haya ganado con facilidad relativa en Mendoza, ha permitido a la coalición opositora principal difundir su propio relato que, claro está, es muy diferente del oficialista. Según él, la ola de cambio que está cobrando fuerza en el interior del país no tardará en superar los diques de contención que se han erigido en el conurbano bonaerense. Algunos recuerdan que, en 1983, los peronistas confiaban ciegamente en que su candidato presidencial, el anodino Ítalo Argentino Luder, triunfaría a costa del radical Raúl Alfonsín, pero que les aguardaba una derrota que haría historia. Rezan para que a Scioli, un dirigente de imagen “moderada” parecida a la de Luder, le espere un fracaso similar. A diferencia de Alberto Weretilneck, Cornejo no dudó en afirmarse parte de un proyecto de alcance nacional. Habrá sido por tal motivo que Cristina y, a través de su esposa Karina Rabolini, Scioli, trataron de ayudar a Bermejo, lo que, desde luego, hizo más valioso a ojos de la oposición el triunfo del radical respaldado por Macri. Por lo demás, en varios municipios de la provincia, entre ellos algunos considerados bastiones peronistas casi inexpugnables, los candidatos de la UCR lograron desalojar a sus rivales tradicionales, de tal modo enviando el mensaje de que militar en el oficialismo no siempre conviene a los resueltos a aferrarse a las cuotas de poder a las que se han acostumbrado. ¿Prestarán atención a lo que sucedió en una provincia lejana aquellos “barones” del Gran Buenos Aires que, luego de acercarse al disidente Sergio Massa, optaron por regresar cabizbajos al redil kirchnerista? Puede que no, pero con toda seguridad algunos se sentirán un poco más preocupados que antes al enterarse de que sus igualmente pragmáticos compañeros mendocinos cometieron un error táctico que les resultaría costoso.
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