El día que la cordillera tembló

El 22 de mayo de 1960 el volcán Renihue entró en erupción. Hubo un temblor y un lagomoto que dejó huellas en la región y en la memoria de los habitantes. Natalia Belenguer hizo con eso un hermoso libro que recopila testimonios de quienes lo vivieron. .

Natalia Belenguer no es de Villa La Angostura. Quizás por eso, la primera imagen de su nuevo lugar de residencia fue la del paraíso. El paisaje, la vegetación, el atardecer; todo, la postal perfecta. Pero no tardó mucho en hacerse y hacer preguntas: sobre el pasado, sobre la historia, sobre lo que había ocurrido en ese lugar que este año fue escenario de las vacaciones más fotografiadas, pero también del horror del femicidio de Guadalupe. Después de la primera impresión, suele haber contrastes.
En los 20 años que lleva Natalia viviendo en la ciudad cordillerana encontró, además de esos claroscuros, temas que la impactaron. Tanto, que esta profesora en Letras recibida en la Universidad Nacional del Sur, se puso a reconstruir, con testimonios de quienes lo vivieron, el terremoto del 22 de mayo de 1960, que hizo, como titula su libro, que el paraíso temblara. Literalmente.
Aquel día, entre las 15 y las 16 ocurrió el terremoto más grande que se haya registrado y que tuvo enormes consecuencias en el sur de Chile (especialmente Valdivia y alrededores) y también se sintió en Villa La Angostura y Bariloche.


Cuando llegué a Villa La Angostura estaba fascinada por el paisaje. Yo venía de una ciudad gris, como Bahía Blanca, así que al principio, la posibilidad de sentarme en medio de la naturaleza, ver el lago, el bosque… Hasta cuando llovía me parecía hermoso”, cuenta.
Pero, cuando comenzó a trabajar con Archivos del Sur , en la Biblioteca Bayer, participó de algunas entrevistas a pobladores del lugar, y en esos diálogos escuchó por primera vez sobre el terremoto. “Quedé muy asombrada. De golpe, empecé a escuchar historias que quebraban la idea de paraíso. Se resquebrajaba, para mi, la idea idílica del turismo”, dice.
“Por otra parte, traía en mi cabeza el trabajo que venían haciendo en el Museo del Puerto, en Ingeniero White, con los inmigrantes y me parecía fantástico cómo integraban la historia oral en la vida cotidiana, a través de encuentros con estudiantes, con la comunidad”, cuenta Natalia.


En 2005, entonces, y durante dos años, caminó, habló, entrevistó antiguos pobladores, reunió datos, testimonios. Muchos testimonios. Era ahí, en ese registro oral, en el que la historia del terremoto que aterrorizó a los habitantes, seguía pulsando. “Si bien la historia estaba viva y latente en el pueblo, no había casi registros del mismo”, refuerza la idea Natalia. “Cada persona, cada antiguo poblador, era un universo de temas y sabiduría. Fue ahí que me fasciné con el relato del temblor del 60 y decidí, recortar ese solo tema y profundizar”, agrega.
Lo que la impactó de esos encuentros fue darse cuenta de “la intensidad que debe haber tenido y la emoción con la que todos lo recordaron. Lo revivían en las entrevistas. Yo trataba de quedarme un rato en sus casas hasta que se les pasara la emoción, hablar, de otras cosas. Los recuerdos eran muy fuertes. Todo ese paraíso geográfico parecía tambalear. Muchas y muchos dijeron que se comentaba que era el fin del mundo. En Chile fue una real tragedia. En la zona nuestra hubo solo dos muertos”, cuenta.


Cuando tuvo el material, y a la hora de ordenarlo, la autora eligió jugar con la idea del paraíso que por unos minutos fue infierno, o temor porque lo que es puede dejar de ser.
Le llevó tiempo organizar los testimonios, darles una forma orgánica. Pero se puso en contacto con un diseñador de Bahía Blanca, Carlos Mux, y terminaron de cocinarlo.
El libro, que se editó por la Editorial La Grieta de San Martín de los Andes y se imprimió por el aporte de un crédito del IADEP, a través del Ministerio de las Culturas de Neuquén, fue presentado en diciembre de 2020 en la Biblioteca Osvaldo Bayer . Natalia esperaba presentarlo justo para la fecha de mayo que recordaba el hecho. Pero la pandemia hizo lo suyo para impedirlo.
Fue e diciembre y muchos de los entrevistados la acompañaron en esa presentación.
Un tiempo antes, Natalia había hecho un documental con parte de ese trabajo que ahora está e el libro. El entusiasmo de los entrevistados me llevó a hacer primero la película, con el objetivo de proyectárselos a ellos mismos y a sus familias. Y me pasó que algunos de ellos fallecieron antes de la proyección y yo sentí que les había “fallado”. Por eso, apuré el documental, que es muy casero, pero pude compartirlo con ellos en 2007”.
Ahora, la memoria de ellos y de ese hecho que les demostró que también los paraísos pueden tambalear, está escrita.


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