El escándalo sigue creciendo

Por Redacción

De haber querido los kirchneristas desprestigiar a las Madres de Plaza de Mayo, les hubiera sido difícil pensar en una forma más eficaz de hacerlo que incorporarlas a su movimiento entregándoles miles de millones de pesos para que armaran una empresa constructora, además de invitarlas a asistir a casi todos los actos oficiales tanto en el país como en el exterior, exponiéndolas así a tentaciones que según parece en algunos casos encontraron irresistibles. Por figurar la Argentina entre los países considerados más corruptos de toda América Latina, fue de prever que una vez puesto en marcha el operativo captación así supuesto tarde o temprano las Madres se verían perjudicadas por la espesa nube de sospechas que desde hace muchos años flota por encima de la clase política nacional. Es lo que ha sucedido. A pesar de los intentos oficiales de hacer pensar que el escándalo que terminó estallando se ha debido exclusivamente a la conducta de Sergio Schoklender, un personaje ya notorio que, de tomarse en serio las afirmaciones de los voceros oficiales y, cuando el escándalo ya había repercutido no sólo en el país sino también en el resto del mundo, de la jefa de la facción mejor conocida de las Madres, Hebe de Bonafini, es un auténtico genio del mal que durante años logró engañar a todos arreglándoselas para vivir como un multimillonario sin que a nadie se le cruzara por la mente suponerlo beneficiado por el torrente de dinero público que manejaba, a esta altura parece evidente que las actividades del ex apoderado contaban con por lo menos la aquiescencia de muchos funcionarios y algunas Madres. Por lo demás, en la situación que se ha creado, las manifestaciones vehementes de solidaridad moral con Bonafini que están pronunciando miembros del gobierno como el ministro del Interior Florencio Randazzo y, peor aún, el de Planificación, Julio de Vido, sólo sirven para motivar más sospechas. Puede que De Vido estuviera dispuesto a “poner las manos en el fuego” por Bonafini, pero a raíz de las muchas denuncias que se han formulado en los últimos años escasearán los que las pondrían en el fuego por él. Hasta hace poco los dirigentes opositores, es de suponer intimidados por la imagen pública que habían adquirido las Madres de Plaza de Mayo, eran reacios a cuestionarlas, pero algunos, encabezados por personas que siempre se han preocupado sinceramente por el tema de los derechos humanos, han comenzado a hacerlo. A la diputada ex radical Margarita Stolbizer le parece evidente que Bonafini estaba al tanto de las maniobras atribuidas a Schoklender y que por lo tanto ha de ser investigada. Comparte la opinión de Stolbizer otra diputada, Norma Morandini, que acaba de convertirse en la compañera de fórmula del aspirante presidencial Hermes Binner, que señala que el ser madre de víctimas de la represión ilegal no exime a nadie, ni siquiera a Bonafini, de responsabilidad, mientras que otros legisladores de trayectoria impecablemente progresista dicen creerse ante una estafa en gran escala que fue perpetrada con la connivencia de integrantes del gobierno nacional. Tal y como están las cosas, las próximas fases de la campaña electoral se verán dominadas por los esfuerzos de los rivales de la presunta candidata oficialista, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, de convencer a la ciudadanía de que el gobierno es una especie de asociación ilícita. Lo ocurrido es indignante no sólo porque es consecuencia de un intento por parte de políticos de apropiarse de una causa que durante tres décadas no les había preocupado en absoluto. Lo es también porque ya abundan los motivos para suponer que los involucrados en el affaire han lucrado con las necesidades de los centenares de miles de familias que dependen de los programas de viviendas sociales. Aunque es tradicional que políticos inescrupulosos aprovechen la pobreza para agrandar sus aparatos clientelares, pudo suponerse que personas comprometidas conspicuamente con los derechos humanos como las Madres de Plaza de Mayo harían un esfuerzo genuino por mitigar el déficit habitacional que constituye una de las lacras más notorias del país, pero parecería que, lo mismo que tantos otros, algunas sólo vieron en él un buen negocio, de ahí los sobreprecios, las licitaciones arregladas y otras irregularidades que están saliendo a la luz.


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