El Frente Amplio puede ser derrotado en Uruguay
Las tendencias en el particular universo de la política uruguaya suelen ser bastante firmes y estables. No es frecuente, entonces, que se produzcan cambios dramáticos de rumbo. Por esto, no es demasiado sorpresivo que las encuestas de opinión sigan sugiriendo, desde hace largas semanas, que el Frente Amplio podría ser derrotado por la coalición opositora el próximo 26 de octubre. Cuando los orientales concurran nuevamente a las urnas para elegir allí a su presidente.
Una medición reciente de “Forum” así lo confirma, asignando un firme 42% de los votos a la izquierda unificada, esto es al Frente Amplio que llevará de candidato al médico Tabaré Vázquez. Aquel que, a diferencia de José Mujica, se plantara frente a la Argentina en la crisis de la papelera sobre el río Uruguay. Pero lo cierto es que la oposición podría derrotarlo, si las cosas no cambian y se mantienen las tendencias que se observan desde hace ya semanas.
Esto puede ser así porque el tradicional Partido Blanco está claramente en su mejor nivel de atracción desde septiembre del 2009. Hoy liderado por el candidato Lacalle Pou, un joven -con sangre política- que es la sorpresa de la campaña. Y que aparece como la expresión del cambio que Uruguay parecería necesitar. Tiene una intención de voto firme, del 30%, que además tiende a crecer.
Lo acompañará previsiblemente la otra fuerza tradicional del Uruguay, el Partido Colorado, que por su parte cuenta con el favor de un 14% de los encuestados. Estable también.
En total, en consecuencia: un 44% de las intenciones de voto son hoy para la oposición. A lo que cabe quizás sumar una buena parte del 3% de los votos que se definen como independientes que, se presume, en una segunda vuelta apoyarían mayoritariamente a la oposición. El total que se ubica fuera del Frente Amplio es, entonces, del 47%. La derrota del actual oficialismo oriental es posible, queda visto. Por márgenes estrechos, lo que es frecuente en Uruguay.
Se aproxima entonces una elección reñida. Pero la izquierda regional puede perder uno de sus actores principales: Uruguay. El más simpático, sereno, y ciertamente el menos autoritario de todos ellos. Eso sería grave para esa fuerza política. Pero positivo para una región en la que el trasnochado experimento colectivista puesto en marcha por Hugo Chávez y sus “compañeros de ruta” ha fracasado rotundamente. Y generado lo mismo que Cuba a lo largo de medio siglo: pobreza y atraso relativo.
Ocurre que ni la receta ni el relato de esa izquierda perimida corresponden al mundo en que vivimos. Desde hace rato.
Pero hay que darse cuenta de ello, para lo cual hay que advertir cómo es la realidad, pese al impacto permanente de una retórica llena de falsedades que, sin embargo, se nos inyecta, sin descanso, desde chicos. Particularmente en los claustros universitarios. A lo largo y ancho de América Latina. Como constante. Experiencia que ha obrado de venda sobre nuestros ojos y como opaca funda estacionada sobre nuestro cerebro.
EMILIO J. CÁRDENAS (*)
(*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
OPINIÓN