El Gigante que será adjetivo
El actor central del clásico fue otra vez Palermo. Como hace casi 14 años, amargó a River y armó la fiesta de Boca.
Martín marcó su octavo gol ante River con la camiseta de Boca y en torneos cortos. ¿Alguien llegará a su marca?
Martín Palermo (37 años) seguramente será un adjetivo. Los chicos, los de la cantera de Boca, sobre todo los delanteros, querrán ser él, espigado, platinado, buen tipo y letal. Un luchador, un gladiador incansable, un goleador asombroso, único, inolvidable. Martín Palermo comenzó a darle la mejor forma a un adiós al fútbol que será de los que más se recuerden. Ayer cerró con su sello uno de los mejores capítulos en su vida cinematográfica, y lo hizo con un triunfo ante River, uno de sus “enemigos íntimos”. Corrían 30 minutos clavados de un superclásico que Boca ganaba sin merecer cuando los cimientos de La Bombonera temblaron como pocas veces. Pablo Mouche lanzó un corner, rechazó un defensor visitante, la metieron en el área nuevamente, todo el mundo se quedó congelado menos él, menos el gran Titán, que sin saltar, sin perder la calma, siendo Palermo ciento por ciento, cabeceó por sobre el pobre Juan Pablo Carrizo, un arquero víctima de la voracidad del Gigante, uno más entre tantos otros. Y lloró Martín, como lo hizo en aquella noche de Copa Libertadores del 2000 ante Boca, cuando regresó después de una gravísima lesión y clavó el 3-0 “con la muleta” ante River, o como en Sudáfrica frente a Grecia, algo que ni siquiera el mismísimo Lionel Messi consiguió. Las lágrimas del Titán se multiplicaron, masivas, únicas, bien xeneizes. Se trataba de su última faena ante un River al que siempre amargó, al que somete desde hace casi 14 años con la camiseta de Boca. Su primer tanto fue el 25 de octubre de 1997, justo el día que se retiró Diego Armando Maradona. Y esa tarde el rubio platinado le confesaba a la prensa después de su grito de gloria: “¿Hay algo más lindo para el hincha de Boca que ganarle a River? ¡Claro que no!”. Qué decir de marcarle en el último derby. Este Clausura fue para Palermo un gran sacrificio, uno más. Distanciado con Juan Román Riquelme, con el plantel algo dividido, sufriendo por su sequía en la red –estuvo 952 minutos sin convetir-, a todo se sobrepuso el luchador de las mil batallas. Se bancó ser sustituido durante varios partidos, bancó a Julio César Falcioni, intentó bajarle la tensión a un vestuario que parecía una bomba molotov. Llegó el gol ante Huracán en la fecha 11, el tacazo genial contra Independiente y una fecha más tarde el cabezazo-carazo ante Argentinos. Y arribó el superclásico. Tiempo del Titán. No había pateado al arco hasta el minuto 30 Martín, apenas había tocado seis o siete veces el balón y perdía en la lucha con los centrales visitantes. Igual, la sensación estaba en el aire, sobre todo cuando una pelota parada caía en el área de River. Sus hinchas sufrían ante la presencia del Optimista del gol. Un miedo fundamentado durante tantas tardes, durante tantas noche. Y Palermo no perdonó, convirtió su gol número 235 en Boca y su tanto 21 ante River: 11 en partidos oficiales y 9 en amistosos, 18 con la camiseta del xeneize en 31 partidos. Marcó en el primer superclásico, en 1997, y marcó en el último. Se abrazó con Riquelme, con Falcioni, con cada hincha, con cada ‘bostero’. Lloró como lo hacen los grandes, aquellos que convierten lo imposible en real. El final se acerca. El tiempo de que Palermo se vuelva un adjetivo también. Nadie lo olvidará, porque lo que es único, nunca se olvida. Con el se irá parte de la historia de Boca. Ni más ni menos.
FBaires
Martín jugó facil, hizo un gol y defendió como el Titán que es. Buenas tareas de Luchetti y Fabián Monzón.
Martín marcó su octavo gol ante River con la camiseta de Boca y en torneos cortos. ¿Alguien llegará a su marca?
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora
Comentarios