El hijo, tras los pasos de su padre
– ¿Por qué esto de su hijo metido en el cine? ¿usted lo acicateó mucho?
– No. La prueba es que su primera película la dirige a los 30 años. Si hubiera sido el hijo de papá a lo mejor hubiera dirigido al primera a los 23 como Bruno Barreto el hijo del productor brasilero que hizo su primer gran éxito a esa edad.
Javier entró a una filmación a los 6 meses y a un estudio por sus propios medios a los 12 años. Pero después estudió cine en Buenos Aires, en Los Angeles y Humanidades en España. Fue haciendo una carrera lenta, mezclada con sus videos, con su pintura, con sus estudios de música y recién cuando él dirigió a Susú Pecoraro y a Cecilia Roth en «Laura y Zoe» en televisión yo dije «bueno, ahora está maduro», pero ya tenía 30 años, no se apuró ningún proceso.
-¿Usted cómo ve el cine de su hijo?
– Yo he visto una sola película: «El visitante» -que está muy bien- y si tiene un error es el del productor y no de él. Porque los fracasos no son del director, son del productor que no tuvo el olfato comercial para darse cuenta que una cosa no iba a caminar. O tuvo la soberbia de cuando los demás le decían no te metás con los veteranos de Malvinas que son pianta- público, dijo no, yo lo voy hacer.
– ¿Eso tiene que ver con lo político, con una postura de la historia Argentina?
– Claro, la gente asocia al veterano de Malvinas con el tipo que sube al colectivo a vender curitas o con el que en un semáforo le muestra el muñón y entonces la gente rechaza, es muy negativo pero es verdad.
– ¿Y qué lectura hace con esta realidad con tanta desocupación, será tema de una película algún día?
– Es el tema de «Mundo Grúa». Cuando uno viaja -y yo viajo mucho- me gusta hacerlo en auto por el país. Y me pregunto ¿cómo es posible?. Ahora vine de Neuquén hasta Roca viendo este valle de Río Negro.
-¿Sabe que esta semana quebró una empresa frutícola más en la zona?
-Es terrible, cuando uno va de Buenos Aires, a Rosario y ve San Nicolás, Baradero, Campana, Zárate todos los productos agrícolas, ganaderos que se exportan, es casi increíble de pensar que estemos así. Tenemos además una deuda externa terrible que nos crea una obligación de pago muy grande. Se lleva mucho más que todo lo demás. Eso es muy preocupante, tiene un costo muy grande. Con una actividad bancaria nefasta donde le prestan a los grandes y a las Pymes no le prestan nada, o si lo hacen le cobran unos intereses imposibles de pagar. Hay que dejar la madre en garantía. Y las leyes laborales no se condicen con la competencia nuestra en el exterior.
– Usted lo puede seguir haciendo cine porque en otros tiempo ganó mucho dinero.
– Pero ahora no es así la cosa y si el Instituto no paga los subsidios, no hay productor que pueda ganar dinero.
– ¿Esta película está subsidiada?
– No. El subsidio viene después que la película está terminada. Lo que tiene es un crédito del Instituto del Cine. Pero no alcanza, porque es sólo un tercio del costo de la producción. (C.V.)
Su trabajo
Yo empecé a trabajar en cine a los 16 años así que llevo en esto más de medio siglo. No sabría hacer nada más que esto. Por supuesto que también hice televisión porque cuando vimos que no podíamos hacer cine, tuvimos la suerte de hacer «Nueve lunas» con la que nos fue muy bien. Pero la diferencia que hay entre el cine y la televisión es que si yo digo vamos a hacer «El camino» la hacemos y se estrena.
– Sus películas tuvieron grandes respuestas del público. ¿Tuvo alguna a la que usted apostó mucho y fracasó?
– Muchas fracasaron. Uno siempre apuesta mucho pero la primera película mía que no anduvo fue «Los neuróticos», otra que no anduvo fue «La venganza de Víctor Sánchez» con Pepe Soriano, otra «El Muerto», «Los viernes de la eternidad fue un fracaso». Yo hice muchos fracasos, lo que pasa es que por suerte la gente se acuerda de los éxitos.
– ¿Cuántas películas tiene hechas?
– Yo tengo más de 130 películas como productor de Aries Producciones, pero como director tengo veintitantas películas.
Mi carrera estuvo signada por la censura y he tenido que hacer malabares. Por ejemplo «Los viernes de la eternidad» fue una incursión por el realismo mágico porque no se podía hacer cine histórico, ni político, ni sociológico. También estuvieron las musicales. Con Ayala codirigimos Argentinísima I , II, dirigí una película de rock: «BArock» y además filmé muchas películas como director y produje muchas otras para Roger Corman en inglés, que fueron las películas que nos mantuvieron activo el estudio Baires que era nuestro en unos años muy difíciles.
– ¿Cual es su película favorita?
– Hay dos: «La patagonia rebelde» y «No habrá más penas ni olvidos», que las quiero mucho. «La noche de los lápices» también, aunque es una película que deja un gusto muy amargo.
-¿Actores preferidos de los que han trabajado con usted?
– Yo he trabajado con seres entrañables: el máximo es Luppi, con quien hice muchas películas. He trabajado muy bien con Soriano, con Brandoni, con Dumond con quien hice una sola película. He trabajado también con Alterio con quien es un placer trabajar . Y fue un gran, gran placer trabajar con Oscar Martínez y con Cecilia Roth y con Telma Viral. En fin toda una historia.
En realidad una gran parte de la historia de nuestro cine (C.V.)
- ¿Por qué esto de su hijo metido en el cine? ¿usted lo acicateó mucho?
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