El líder israelí saca conejos de la galera, aunque sigue sin convencer

Análisis

Por Redacción

El primer ministro de Israel, Ariel Sharon, sacó ayer un conejo de la galera. Yasser Arafat, confinado en Ramallah por Israel, tendría permitido salir de esa ciudad cisjordana acompañado por enviados europeos, pero luego no podría regresar.

En Israel mientras tanto nadie habla más de una recuperación del proceso de paz. La violencia sigue escalando y podría alcanzar proporciones desconocidas. «Israel se ha quitado los guantes de terciopelo», sostuvo hoy el diario «Haaretz».

Las próximas 24 horas serán «críticas» para la operación militar con la que Sharon pretende poner fin al terrorismo palestino y de esta forma neutralizar a todos los líderes de la Intifada (levantamiento), incluyendo a Arafat. Esto para satisfacción de la gran mayoría de la población israelí, que después de atestiguar numerosos y sangrientos atentados suicidas en Israel, reclama venganza.

Pero la ofensiva militar israelí podría evidenciarse pronto como una estrategia engañosa, ya que ni Sharon ni su ministro de Defensa Ben Eliezer parecen por el momento tener un plan acerca de cómo encarar el «día después» de que termine esta «batalla» contra el terrorismo.

«En una guerra sin alternativas diplomáticas hay poca esperanza», escribió «Haaretz». «Sharon es conocido por no saber, al comienzo de una acción, cómo debe terminarla», agregó el rotativo.

Políticos palestinos, como el ex jefe negociador Saeb Erekat, volvieron a dejar en claro que no aceptarán el cese el fuego exigido por Israel y Estados Unidos si no ven algún indicio de que a este compromiso le siga un proceso diplomático.

La declaración de guerra de Sharon contra Arafat, a quien calificó de «enemigo de todo el mundo libre», está teniendo ya consecuencias.

El aislamiento del líder palestino en su oficina y la constante amenaza por parte del Ejército israelí «ya le han conferido en el mundo árabe un status de héroe que nunca antes había tenido en la prolongada historia de este conflicto», escribió el biógrafo de Arafat Danny Rubinstein.

Si el presidente de la ANP sobrevive intacto a la acción israelí y no es deportado, «surgirá de la ofensiva como vencedor, regresa con gran poder a la mesa de negociaciones».

El líder palestino volvió a decir ayer que no piensa entregarse ni exiliarse en forma voluntaria.

En ese caso, a Sharon y a las Fuerzas Armadas sólo les queda la alternativa de convertir a Arafat, de 72 años, en un «mártir».

Pero Israel se quedaría sin un solo interlocutor del lado palestino, dado que ningún posible «delfín» de Arafat se arriesgaría a presentarse como su sucesor buscando congraciarse con Israel.

Contrariamente a la postura de Sharon y la de la mayoría ultraderechista en su gabinete, que quieren «eliminar a Arafat», los expertos creen que una política que no sea apoyada de ninguna forma por un plan de paz está condenada al fracaso.

Ran Cohen, del izquierdista Meretz, acusó al premier de no decidirse: «Si (Arafat) es un enemigo, entonces debemos ser consecuentes hasta el final. Ahora si en cambio sigue siendo nuestro socio, no debemos humillarlo, sino darle espacio para negociar. Dejarlo tirado como un animal herido es un error».

(Christian Fürst, DPA)


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