El militar del proyecto
Hasta hace aproximadamente treinta años, los resueltos a mantenerse al tanto de lo que sucedía en el mundo político nacional tuvieron que familiarizarse con los nombres y presuntas opiniones de docenas de generales, almirantes, brigadieres e incluso coroneles. Desde entonces, mucho ha cambiado. Las fuerzas armadas ya no constituyen el “poder fáctico” de otro tiempo. Así y todo, aunque en la actualidad pocos civiles sabrían identificar por su nombre y apellido a los jefes de la Armada y la Fuerza Aérea, antes de verse defenestrado, su homólogo del Ejército, el general César Milani, siguió desempeñando un papel político importante, motivo por el que su imprevisto pase a retiro, por las consabidas “razones estrictamente personales”, ocasionó sorpresa. Si bien muchos se apuraron a atribuirlo a la voluntad de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner de alejarse, por motivos electoralistas, de un personaje acusado de haber violado los derechos humanos casi cuarenta años atrás y de haberse enriquecido por medios ilícitos, es posible que también se haya debido a la sospecha de que, por tratarse de un hombre ambicioso, subordinaría su supuesta lealtad al “proyecto” a sus propios intereses. Sea como fuere, el que, luego de un largo período de marginación, el Ejército haya ocupado nuevamente un lugar en el esquema de poder por razones internas, ya que últimamente pocos han hablado de la necesidad de prepararlo para defender el territorio nacional contra amenazas externas, es un tanto preocupante. Milani no se destacó de sus coetáneos militares ni por lo que presuntamente hizo en el transcurso de la “guerra sucia” contra un enjambre de organizaciones terroristas ni por ser blanco de acusaciones de corrupción, sino por haberse declarado partidario de un movimiento político determinado. Lejos de asumir una postura neutral, el general se jactó de “acompañar con renovadas ansias el proyecto nacional”, o sea, el kirchnerismo, lo que le permitió congraciarse con quienes siempre habían soñado con una alianza estratégica de un Ejército debidamente nacionalista y popular, depurado de los elementos “liberales”, con un movimiento como el kirchnerista. Fue a cambio de su oficialismo explícito que decidieron indultarlo. Entre los más dispuestos a aceptar la oferta de Milani estaba la presidenta que, para frustración de muchos simpatizantes, minimizaba la importancia de las causas judiciales que enfrentaba el general. Es de suponer que creía que Milani, un especialista en lo que los militares llaman inteligencia, sería capaz de ayudarla a recoger información acerca de las actividades de los adversarios de su “proyecto” particular cumpliendo tareas que, según parece, la ex-SIDE había descuidado y que la Agencia Federal de Inteligencia que la ha reemplazado aún no está en condiciones de hacer con la eficiencia exigida. Puesto que Milani es dueño de una multitud de secretos, no sorprendería que, una vez terminada la campaña electoral, la cúpula kirchnerista encontrara la forma de aprovechar su experiencia. Si bien sería absurdo procurar prohibir a los militares pensar en los problemas políticos, sociales y económicos del país, las instituciones castrenses como tales tienen que mantenerse al margen de las luchas políticas. Además de provocar divisiones internas que en algunas oportunidades, como a inicios de los años sesenta del siglo pasado cuando se enfrentaron azules y colorados, pusieron al país al borde de una guerra civil, la politización virtualmente asegura que, tarde o temprano, las fuerzas armadas se apoderarán del gobierno. Puesto que no todos los militares son kirchneristas, la actitud asumida por Milani aumentó el peligro de que, a pesar de los esfuerzos oficiales por privarlos del poder de fuego que en buena lógica deberían tener para que sirvieran para algo útil, se reeditara en el seno de las fuerzas armadas el proceso que culminó en la serie de golpes de Estado que tanto contribuyeron a frenar el desarrollo político, económico y social del país. Puede que Milani mismo haya tenido en mente dicha posibilidad por suponer que, merced a su militancia nacional y popular, el Ejército lograría recuperar todo lo perdido a partir de diciembre de 1983. De ser así, acaba de sufrir un revés, si bien uno que acaso no resulte definitivo.
Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.196.592 Director: Julio Rajneri Editor responsable: Guillermo Berto Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA Jueves 25 de junio de 2015