El misterioso Dr. Gachet 5-4-03

Leyenda y realidad en la vida de un genio

Casi ninguna otra pintura de Vincent van Gogh ofrece al mundo del arte un misterio mayor que el «Retrato del Dr. Gachet». En 1990, cien años después de su creación, el industrial japonés Ryoei Saito la adquirió en una subasta por 82,5 millones de dólares en sólo tres minutos. Hasta el día de hoy, ésa es la cifra más alta pagada jamás por una obra de arte. Pero desde aquella adquisición en Nueva York, la obra nunca más fue vista en público. Cuando Van Gogh pintó a su doctor, Paul Ferdinand Gachet, en Auvers-sur-Oise, cerca de París, pocas semanas antes de su suicidio el 29 de julio de 1890, no podía intuir que la historia de ese cuadro alguna vez se convertiría en un verdadero cuento policial. Trata de la pasión entre los coleccionistas, de la codicia y de la comercialización del arte. La obra cambió 13 veces de propietario, según relata Cynthia Saltzman, autora del libro «El retrato del Dr. Gachet». Banqueros, marchantes de arte de todo el mundo, nazis y emigrantes judíos participaron en la compra y venta de la misma. Luego de que Saito, presidente honorario del consorcio papelero japonés Dai Showa, fallecido en 1996, la adquiriera, aparentemente dijo: «Pongan el cuadro en mi ataúd cuando me muera». Eso significaría que fue incinerado junto con él. Pero, ¿sería eso posible? ¿O las intenciones de Saito eran demostrar la gran estima que tenía por la obra? En todo caso, Saito se llevó la respuesta a la tumba y dejó la posteridad material para especulaciones y leyendas. «El señor Saito compró el cuadro para hacer dinero con él», opinó el crítico de arte japonés Shinichi Segi. De hecho, el «Retrato del Dr. Gachet» se convirtió como ningún otro cuadro en símbolo del «boom» en el mercado del arte, que se vivió en Japón durante la fase especulativa financiada por créditos a fines de los «80. Los japoneses compraban entonces en todo el mundo, en la cima de la «burbuja económica», las obras más codiciadas así como los inmuebles más atractivos y los hoteles más prestigiosos. Casi nunca mostraban las valiosas obras públicamente, explicó Segi. Sólo su geisha las podía ver. A principios de los «90, explotó la burbuja especulativa. «Todo aquel que podía soportar la pérdida, vendió sus cuadros», dijo Segi. Otros los empeñaron. De «Gachet», sin embargo, no hay noticias desde que su propietario japonés Saito fuera condenado en 1995 por un escándalo de sobornos y muriera un año después. Los medios japoneses informaron hace algunos meses que un empresario italiano lo adquirió en Suiza y lo llevó a Japón, para venderlo allí. Como fuente se mencionó a la nieta de un banquero alemán, que adquirió el «Retrato del Dr. Gachet» del mariscal de Adolf Hitler, Hermann Goering. De acuerdo con esta versión, Goering confiscó la pintura en 1937 en un museo en Francfort y la vendió luego al abuelo de esta persona. Este se la dio a un banquero judío, a través del cual la obra llegó a América. El diario japonés «Asahi Shimbun» afirma ahora haberse enterado en el marco de un juicio por la herencia del empresario Saito de que la obra fue vendida en 1997 a una subsidiaria de la casa de subastas Sotheby»s en Nueva York. Adónde fue después, no se sabe. Sin embargo, circulan rumores según los cuales un poderoso empresario de casinos en Las Vegas adquirió el «Retrato del Dr. Gachet», así como «Au Moulin de la Galette», de Renoir, del legado del japonés. El crítico Segi, en todo caso, supone que la pintura fue adquirida en el extranjero tras la muerte de Saito, posiblemente por un «profesional que especula con que el precio de Van Gogh siga subiendo». (DPA)

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