El nuevo terrorismo

Por Redacción

Además de posibilitar la creación de empresas gigantescas como Apple, Microsoft, Facebook y otras que, en un lapso muy breve, llegaron a valer tanto como las corporaciones petroleras o automotrices o más, la evolución vertiginosa de las comunicaciones electrónicas ha tenido consecuencias que son mucho menos positivas. Por desgracia, los interesados en que todos puedan acceder enseguida a información valiosa sin tener que buscarla en grandes bibliotecas en otras partes del mundo, intercambiar ideas o vincularse con otros, no son los únicos que han sabido sacar provecho de internet. También han aprendido a hacerlo los terroristas. Para alarma de los servicios de inteligencia de todos los países, los decididos a sembrar muerte y destrucción en países democráticos ya pueden prescindir de las organizaciones terroristas tradicionales, con sus células semiautónomas y cadenas de mando jerárquicas, que resultaban infiltrables por los resueltos a desmantelarlas. Para exhortarlos a perpetrar atentados, les es suficiente contar con una causa que otros encontrarían atractiva y una computadora. Los más activos en tal sentido son, cuando no, los islamistas, que han logrado “radicalizar” a miles de jóvenes europeos y norteamericanos, por lo común de familias musulmanas, para que se trasladen al Oriente Medio a fin de combatir en las filas del Estado Islámico y, lo que es más preocupante aún, conectarse con los llamados “lobos solitarios” como los que han cometido atentados en Europa y aquel que, hace poco, asesinó a cinco marines que no llevaban armas en el estado norteamericano de Tennessee. En una democracia, identificar y detener a tales “lobos solitarios” antes de que ataquen blancos vulnerables es muy difícil. Aunque algunos no hacen esfuerzo alguno por disimular su propio fanatismo, si son capturados a tiempo pueden afirmar que sólo se trataba de un juego y que, de todos modos, en una sociedad libre tienen pleno derecho a expresar sus opiniones, por truculentas que sean. Los apoyarán muchos que dirán estar convencidos de que el gobierno local aprovecha el peligro planteado por el terrorismo internacional para conculcar los derechos ciudadanos. En América del Norte y Europa, todavía abundan los resueltos a anteponer la defensa férrea de la privacidad a la necesidad de prevenir ataques terroristas. Si bien últimamente las actitudes de la mayoría se han modificado merced a la brutalidad ilimitada de los combatientes del Estado Islámico y organizaciones afines, a pocos les gusta la idea de que para enfrentarlos sea necesario dar más poder a una especie de policía secreta, parecida a aquellas de países totalitarios, que se interesa no sólo en lo que hacen las personas sino también en lo que piensan. Muchos han señalado que, toda vez que un Estado toma medidas destinadas a facilitar la lucha contra los yihadistas, éstos tendrán sus motivos para celebrarlas, puesto que casi siempre sirven para ampliar la brecha que ya separa a las comunidades musulmanas del resto de la sociedad. Conscientes del riesgo así supuesto, los gobiernos de las democracias occidentales han sido reacios a discriminar entre los ciudadanos en base a sus creencias religiosas. Sin embargo, a esta altura es evidente que son contraproducentes los esfuerzos ya rutinarios del presidente norteamericano Barack Obama y los jefes de distintos gobiernos europeos por aclarar que a su entender el Estado Islámico y otras organizaciones yihadistas no tienen nada que ver con el islam auténtico. Al brindar la impresión de estar decididos a privilegiar a los musulmanes por miedo a lo que podrían hacer, envalentonan aún más a los islamistas y molestan mucho a la mayoría, razón por la cual en algunos países están haciéndose cada vez más populares movimientos extremistas cuyos líderes insisten en que el islam es congénitamente incompatible con el estilo de vida occidental. De proliferar, como muchos temen, los “lobos solitarios” seducidos por la propaganda yihadista que les llega por internet, quienes están pidiendo que los gobiernos y las fuerzas de seguridad reaccionen de forma mucho más vigorosa contra la amenaza planteada por el islamismo conseguirán lo que quieren, pero también se sentirán reivindicados los islamistas mismos que han hecho de la demolición de las instituciones occidentales y los valores en que se basan una prioridad.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.196.592 Director: Julio Rajneri Editor responsable: Guillermo Berto Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA Viernes 24 de julio de 2015


Exit mobile version