El petróleo y las energías alternativas
COLUMNISTAS
El petróleo se ha ido tornando menos rentable cada día, incluso antes de convertirse en un bien escaso, lo que indefectiblemente generará que su precio se dispare por los cielos en un futuro no muy lejano.
Ahora bien, deberíamos introducir una nueva variable para poder ponderar la importancia del petróleo y su precio: las energías alternativas y ecológicamente sustentables. En la actualidad éstas no inciden en el precio del crudo, que es la principal fuente de energía del planeta y la más contaminante (junto con el carbón). ¿La razón? Simple. Las energías alternativas no son rentables. La tasa de recupero del dinero invertido es baja o, si se quiere, a muy largo plazo. Sin embargo, existen numerosos estudios, prototipos e investigaciones que están buscando y encontrando lentamente, pero de manera constante, opciones más económicas para sustituir al petróleo y sus derivados, como la energía solar. Es decir, se están creando dispositivos capaces de crear energía o “recolectar” energía solar cuyos materiales son más económicos y al mismo tiempo más eficientes en esta tarea que los actuales.
Los avances de la tecnología se multiplican con el correr de los días y en un tiempo no muy lejano (treinta años quizás), con planificación, ejecución de planes y voluntad de los Estados, se podrá dejar de lado el petróleo y el carbón por energías alternativas más saludables para el planeta, como el hidrógeno para todo tipo de vehículos, la energía solar para generar electricidad en hogares, oficinas, industrias y en el funcionamiento de ciudades enteras y las energías eólica y mareomotriz, entre otras, para fines similares.
La pregunta del millón es: ¿por qué no sucedió esto aún? En principio, por los costos y por el grado de eficiencia, pero también por el poder de las grandes empresas y la imposibilidad, hasta ahora, de hacerles frente por parte de Estados o la sociedad civil.
En el caso de Río Negro, es el tipo de Estado que me gusta denominar “huésped” (”host” en inglés). Son esos Estados con petróleo que carecen del capital para poder explorar y explotar sus reservas naturales de crudo y gas natural y dependen de grandes conglomerados económicos que desembarcan como una enfermedad, invierten, construyen infraestructura, sacan beneficios de esto y le dejan migajas al Estado huésped. Luego, cuando no es rentable seguir extrayendo el recurso (incluiría aquí todo lo relativo a la minería), deciden irse, dejando desastres medioambientales por la falta de inversión real en procesos menos contaminantes y paisajes intervenidos por la mano del hombre, irreparables.
Y aquí es donde quiero aclarar el porqué de incluir el término “host”. “Host” es la traducción al inglés de la palabra huésped. La palabra utilizada para rehén en inglés es “hostage”. “Host-age”. El español es un idioma más rico en vocabulario que el inglés, pero aquí creo que el inglés es más adecuado para describir a estos Estados. Son “host” y “hostage”, huéspedes y rehenes al mismo tiempo. Pero esto puede ser transformado en una situación positiva y provechosa.
La problemática no radica en si tenemos más o menos pozos perforados y zonas en exploración o si una, dos o veinte empresas petroleras quieren invertir en la extracción de nuestro petróleo. Sí, claro, en la coyuntura y el pensamiento de efecto inmediato cortoplacista, ésta es la solución a todos los problemas. Todos queremos ser Arabia Saudita o Noruega (con obscenas reservas de petróleo que algún día también se acabarán), pero el mundo está virando hacia nuevas tecnologías y fuentes de energía y es allí hacia donde tenemos que dirigirnos. Es de vital importancia que entendamos que no es una carrera de etapas. No tenemos que pasar por todas las etapas por las que pasaron los demás Estados del mundo. ¿Por qué no desarrollar nuevas tecnologías en territorio nacional? ¿Por qué no tomar prototipos ya existentes y mejorarlos aún más, buscando convertirlos en más económicos y más eficientes? ¿Es imposible? No lo creo. Materia gris sobra en este país. Lo que falta es la voluntad y, por supuesto, recursos financieros. Saltear la etapa de contaminación y pasar derecho a energías limpias y eficientes sería lo ideal, pero parece difícil principalmente porque, por más que se tenga la voluntad, tiene que existir el dinero para desarrollar esas tecnologías y ponerlas en práctica.
El sol se va a acabar en algún momento, aproximadamente dentro de 7.500 millones de años. El hidrógeno es el elemento más abundante en el universo y el sol está hecho en gran parte de éste. La esperanza de vida mundial es de 67,2 años y dentro del tiempo que queda de vida del sol (fundamental para la vida en nuestro planeta) una generación humana representa sólo el 0,000000896% de ese tiempo. O, si quieren verlo desde otro ángulo, en ese tiempo entrarían más de 100 millones de generaciones de seres humanos.
La eficiencia y el costo de producción de la energía, junto con la finitud o inagotabilidad de la fuente misma, es lo que deberíamos tener en cuenta. Es momento de despertarse y buscar la manera de ser vanguardia en esto, invirtiendo en investigación y desarrollo (I+D), en institutos como el Invap o creando similares. Debemos ver cómo se puede tornar la situación negativa de una provincia como Río Negro en una situación positiva y provechosa. La propuesta es que parte de las regalías que van a dejar esas empresas que firmaron nuevos contratos petroleros a las apuradas en diciembre se destine al desarrollo de nuevas tecnologías o al mejoramiento de otras existentes en nuestro territorio.
Una cosa no quita la otra, porque llevará tiempo conseguir avances, pero mientras más tiempo esperemos para tomar decisiones más nos retrasamos en la consecución de los objetivos. Los problemas son hoy y ahora, pero no debemos quedarnos en la inacción como hicieron los que nos precedieron. Más vale prevenir que curar.
Santiago José Ciliberto
Licenciado en Relaciones Internacionales y abogado
Santiago José Ciliberto
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