«El presidente Kirchner es una caricatura andante»
No parece el tipo de persona vinculado con la polémica, acostumbrado al golpe a golpe típico de los medios masivos. Ni siquiera tiene el perfil para ser protagonista de un intríngulis en el que él sea el centro gravitacional. Lo curioso de esta historia, la de Nik, es que sí, siempre algo sucede con su humor, con sus ideas y con sus declaraciones. Aunque insiste en mantenerse como un profesional de la timidez, el ambiente en el que respira no está dispuesto a que pase desapercibido. Por amor o por odio, Nik es pronunciado en los labios de los otros.
Su humor ácido y certero, en ocasiones transfigura en simpáticas canciones de cuna. Nik sabe cómo hacer reír, o al menos sonreír, en los momentos amargos de la realidad nacional y volver caricaturas a seres, que según su visión, ya han nacido con un particular talento para formar parte de una tira. Su humor es también una suerte de mapa atravesado por la actualidad, la inmediatez. Y las ropas de sus personajes descansan sobre gran conocimiento técnico. Un bicho como Gaturro, por ejemplo, es el resultado de innumerables búsquedas. Son esas narices pronunciadas, fellinescas, esos colores almodovarianos, tan chillones a ratos, características de sus cuadros.
A pesar de no ser dado a la charla, aceptó conversar largo y distendido con «Río Negro». Definió su quehacer como humorista gráfico, habló de política, del día a día, de sus recursos y respondió a quienes le apuntan con el dedo.
– ¿Cómo te surgen la ideas?
– Estando bien informado…diarios, radio, televisión. Una vez que tengo los temas detectados, hago una edición de todos ellos y ahí elijo dos interesantes para el humor, que no siempre son los temas más trascendentes. Luego le busco forma expresiva con todos los recursos que uno tiene a mano en el humor gráfico. Hay chistes que dan para el recurso clásico de dos personajes hablando, otros brindan la posibilidad de fotomontajes…También hay que tener en cuenta que publico en la revista dominical, donde me manejo con más espacio que en el diario. Es decir, una vez que tengo la idea busco el formato.
– ¿Trabajas solo?
– Básicamente solo, pero en consonancia con Laura, mi esposa…Hacemos un ping pong de temas, ideas y así vamos definiendo y buscando el remate del chiste. Y cuando se trata de fotomontaje, busco las fotos, las retoco.
– Quino ha señalado que había días en que las ideas para la tira de Mafalda le surgían a poco revisar los diarios, en la mañana. Pero en otras oportunidades, iba llegando la hora de mandar la tira para publicar y no tenía ninguna. ¿Te pasa lo mismo?
– Sí…hay días que con ver un título de un diario o revista, el chiste ya está listo. Viene prearmado.
– ¿Recordás algún chiste surgido de esa manera?
– Muchos…el año pasado, por caso, con un título que decía «A De la Rúa le dictan la falta de mérito». Con sólo leerlo uno advertía que el chiste ya estaba hecho, sólo era cuestión de organizarlo. Pero también hay días en que todo es más complejo.
– ¿La violencia frena el humor?
– Y, hay días que o no hay temas para el humor o que un hecho como el de Carmen de Patagones deja a la gente con la cabeza en cualquier lado, menos con espacio para el humor.
– ¿En esos días tu cabeza tampoco está para crear con intensidad?
– Y, sí…como la del común de los mortales. El humorista gráfico es una especie de antena que capta el denominador común que está flotando en el ambiente.
– ¿Quién te sigue?
– No sé…Yo trato de hacer lo que a mí me divierte, el chiste que me hace reír. Por supuesto que toco aquellos temas que considero que todo el mundo se ha dado por enterado, pero no tengo muy dimensionada mi clientela
– ¿Te reís de lo que haces?
– Por deformación profesional es difícil reírse de los propios chistes. Sucede que uno está en la cocina del chiste y a veces los sufre desde la presión con que la idea costó en plasmarse, que se viene la hora de entrega, todo un concierto de cuestiones que hacen difícil lograr la distensión necesaria como para gozar plenamente de lo que se hace.
– ¿Hay un elemento excluyente para vertebrar el chiste?
– La sorpresa. Nos reímos cuando una idea nos sorprende.
– Para hacer humor hay que ver, leer mucho humor, habida cuenta de que vivimos en un país de mucha cara larga. ¿Cómo alimentas tu humor?
– Leer y ver mucho, encontrar el detalle. El disparador de la idea llega de cualquier lado y en cualquier momento…una cara, una palabra dicha por alguien, una foto. Yo soy humorista gráfico, lo cual implica tener una concepción muy amplia de la oferta que necesito para crear.
– ¿Te ves haciendo humor en televisión, radio?
– No, para nada.
– En tu libro «Políticamente incorrecto» agradeces a los políticos la «involuntaria colaboración» que te prestan. ¿Cómo es tu relación con
ellos? Los vives gastando. ¿Te piden los originales, como solía pedírselos Frondizi, por caso, a Landrú?
– La relación que tengo con ellos es, en realidad, una no relación. No tengo mayor contacto con ellos más allá de cruzarme con algunos en un acto en «La Nación» y nada más. Yo, además, estoy muy apartado de la misma redacción del diario, ya que trabajo en mi casa. Pero es cierto que a veces los políticos llaman al diario para quejarse, protestar por este o aquel chiste. Pero en ese sentido, «La Nación» tiene una actitud muy digna de respeto hacia mí y ni siquiera me dan a conocer esas quejas…Y sí, algunos políticos me han llamado para tener los originales de mis chistes, pero de hecho yo ya no trabajo con originales porque, si bien dibujo en papel, termino los chistes en la computadora.
– Para Landrú, la nariz de Frondizi o los mostachos de Onganía eran un festín. ¿Hay algún político que a vos te sugiere que es propio para la caricatura, el chiste?
– Y… Kirchner es la caricatura desde el vamos…desde que se metió en política, pero claro, tenía que trascender para que lo agarráramos los humoristas gráficos. Es una caricatura andante…los ojos, la nariz, la forma displicente de cómo se viste…los mocasines, el saco flameando. Yo lo encaro en términos muy patagónicos: como un pingüino, y al ministro Fernández, a partir de los bigotes que usa, lo presento como una morsa para así seguir con la fauna patagónica.
– ¿Hay alguna idiosincrasia en la sociedad argentina que favorezca la creatividad del humor gráfico?
– Sí, sí…somos muy corrosivos sobre nosotros mismos, nos flagelamos incluso muy agresivamente, nos damos y damos palos. Es un perfil que yo no encuentro en los europeos ni en los Estados Unidos. No sé si es bueno o malo que seamos así,
– ¿La crisis desencadenada a partir del 2000 implicó un acicate para tu creatividad, porque en ese proceso hubo una estampida singular de emociones, conductas?
– Fueron tiempos malos para hacer humor, especialmente el 2002. Los humoristas dependemos mucho de cómo está la gente, y la gente estaba con el ánimo muy mal, sin ánimo…no quería escuchar nada que tuviera que ver con política ni, por supuesto, de los políticos y la gente que se iba al exterior, y bueno esto hacía que no se estuviera muy predispuesto a escuchar o ver humor.
– ¿Te pasa que vas a una reunión familiar o de amigos y están esperando tu chiste?
– ¡Sí, pasa siempre!
– ¿Y qué te sucede en esos casos?
– Y…los decepciono. Lo que sucede es que los humoristas gráficos no escapamos a un signo que arrastramos: somos tímidos, bajo perfil….Por es nos dedicamos al humor gráfico. De no ser así, nos dedicaríamos a competir con Landriscina.
– ¿Alguna vez sentiste que con algún chiste se te había ido la mano?
– Sí, sucede. Como también que uno no fue tan audaz como debía haberlo sido. En esto me manejo con un termómetro: determinar bien la dureza, la carga de ironía que debe tener el chiste en relación con la magnitud de la macana que se mandaron los políticos.
– ¿Cómo es tu relación con el resto de los humoristas?
– Con algunos me llevo muy bien… Landrú, Fontanarrosa…con otros no tanto porque incluso hay cuestiones ideológicas con las que algunos tamizan la relación, entonces aprecian el vínculo desde ser de izquierda, más o menos progresista o desde ser de derecha. Yo trabajo y tengo por costumbre no hablar mal del trabajo de los compañeros.
– Maitena, tu compañera en «La Nación», acaba de definir muy agriamente tu producción. Dijo que lo que haces es «una porquería» y que «para hacer chistes como ésos, prefiero seguir hablando de la celulitis».
– No hay mucho que agregar. Yo trabajo desde hace 15 años tocando temas de actualidad, temas que hacen al poder, cuestiones bien comprometidas con los sistemas de decisión que gobiernan al país…¡Ahí está mi compromiso, en cuestiones candentes, humor gracioso y comprometido!
– ¿Quién influyó decididamente en vos desde el humor gráfico?
– Quino, primero y desde que yo era pibe, cuando me pasaba horas mirando y leyendo a Mafalda. Luego Fontanarrosa, fundamentalmente en el tratamiento del texto. Más adelante Landrú, cuando comenzó a gustarme la política como tema…Sabat desde la caricatura. En el fondo me crié con ellos, fueron mis maestros y por supuesto pasé por la escuela de Garaycochea, que fue un maestro real.
– Hay mucha generosidad en tus reconocimientos.
– ¿Por qué lo decís?
– Porque admitís la influencia de Quino en tu trabajo y sin embargo Quino, en expresiones que llaman la atención ya que es un hombre de perfil bajo y muy prudente a la hora de las definiciones, acaba de referirse a vos en términos muy duros. Dijo que robabas ideas de Rudy y Daniel Paz, que nadie te soporta y que si hay una mesa redonda sobre humor, los humoristas no van si vos estás invitado.
– Sí, esta bien…Yo a Quino le tengo admiración y lo digo. Lo conocí en una Feria del Libro…yo tendría 12 años y andaba de aquí para allá con mis dibujos metidos en una carpeta. Se los mostré y luego fui a su casa, donde me enseñó algunas técnicas. Yo, soy yo, qué quiere que les diga….No voy a responder a su crítica negándole méritos…
– Rudy y Paz alegan que Gaturro, tu personaje, es una copia del enano que aparece en sus chistes. Denuncian desde ahí lo que bien podría identificarse como falta de creatividad por parte tuya. Sin embargo vos has desarrollado técnicas a las que nadie había apelado para hacer humor gráfico: fotos, montajes, collage, caricatura. ¿A qué atribuís este cambio de pareceres sobre si sos creativo o no?
– No sé…conjunción de muchas cosas. De hecho yo fui, ya hace 15 años, el primer humorista gráfico que usó la computadora, algo que fue blanco de muchas críticas por parte de otros humoristas.
El humor no es resignado, es opositor
– ¡Viejo impotente!- gritó un senador conservador del régimen de Agustín P. Justo.
– Anoche, su esposa no decía lo mismo – respondió sobrio e irónico Lisandro de la Torre. Fue un día de la Década Infame, en pleno debate por el negociado de las carnes.
Y pasaron los años. Un mediodía del '91, tres alumnos del Colegio Domingo Savio, de Roca, estamparon un graffiti en plena calle Mitre. «Sodero Nievas va a la peluquería a leer revistas», reza.
El mensaje va directo a la estética del por entonces diputado rionegrino. Porque Víctor Sodero Nievas usa peluquín.
Entonces llegó el tumultuoso 2001. En la Villa Miseria 31, que los porteños quieren ignorar pero la zona de Retiro cobija, alguien instala un cartel: «Bienvenida clase media».
– Los argentinos tenemos humor e ironía muy agria, demoledora con nosotros mismos – reflexiona Nik.
– Reaccionar desde el humor es estar en la vida tal cual es apasionante, contradictoria, creativa, sentencia ese ser tan querible que es Landrú.
Extrajo el seudónimo de un ser también creativo: el respetado asesino serial francés, quien vivió la vida a pleno. Buen gourmet y de convicciones estéticas firmes a la hora de seleccionar a sus víctimas. Hombre de humor este petiso galo. Cuando lo fueron a buscar para que dejara la cabeza de un lado de la guillotina y el cuerpo del otro, le ofrecieron una copa de coñac para sobrellevar el trance.
– Gracias, hace mal a la salud- respondió con sonrisa palaciega.
«El humor no es resignado, es opositor. No sólo significa el triunfo del yo, sino también el del principio del placer, capaz de afirmarse aquí a pesar de circunstancias desfavorables», escribió Freud.
Sí, el humor nos defiende de las pulsiones fieras.
El humor es solidario con la vida.
Carlos Torrengo
Claudio Andrade
candrade@rionegro.com.ar
No parece el tipo de persona vinculado con la polémica, acostumbrado al golpe a golpe típico de los medios masivos. Ni siquiera tiene el perfil para ser protagonista de un intríngulis en el que él sea el centro gravitacional. Lo curioso de esta historia, la de Nik, es que sí, siempre algo sucede con su humor, con sus ideas y con sus declaraciones. Aunque insiste en mantenerse como un profesional de la timidez, el ambiente en el que respira no está dispuesto a que pase desapercibido. Por amor o por odio, Nik es pronunciado en los labios de los otros.
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