El sí de los mercados

Por Redacción

Puede que el gobierno del presidente Mauricio Macri aún no haya logrado imponerse por completo en el crónicamente agitado frente interno, pero en el externo se ha anotado una serie de triunfos importantes. Por cierto, la reacción de los mercados ante la salida del default difícilmente pudo haber sido más positiva. Lejos de sentirse intimidados por los antecedentes nada buenos del país cuando de pagar deudas se trata, los inversores lucharon tanto por comprar los bonos colocados que, luego de haber previsto conseguir 15.000 millones de dólares, el gobierno tuvo que elegir entre los interesados, ya que de haber aceptado todas las ofertas hubiera recibido 68.000 millones. Finalmente, el ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay, decidió conformarse con una colocación de 16.500 millones de dólares, la mayor jamás emitida por un país calificado de “emergente”, además de insistir en que no habrá más operaciones de dicho tipo en lo que queda del año, ya que la Argentina aún se ve constreñida a pagar una tasa de interés más alta que la habitual. Para que sea considerada tan confiable como Uruguay, Chile, Colombia o Perú, le sería necesario convencer al resto del mundo de que en adelante respetará las reglas internacionales sin caer nuevamente en la tentación de denunciarlas por inmorales, para después repudiar bajo distintos pretextos las deudas acumuladas.

Según Prat Gay, el que la Argentina se haya reincorporado de manera exitosa al mundo financiero luego de una ausencia de varios años significa que el gobierno podría “adoptar una estrategia gradualista”, ya que la alternativa sería “un ajuste brutal”. Con todo, aunque es de esperar que el gradualismo que preconiza el ministro resulte realista, tanto el gobierno como los sectores opositores más sensatos tendrían que resignarse a que los límites financieros enfrentados por el país son auténticos y no, como quisieran hacer pensar los resueltos a sacar provecho de una situación que, en muchos casos, ellos mismos contribuyeron a crear, algo inventado por “neoliberales” desalmados deseosos de hambrear al pueblo. Puesto que en el transcurso de la campaña electoral y en la fase inicial de su gestión el gobierno mismo procuraba asegurar a la ciudadanía de que la crisis económica no era tan grave como algunos economistas “ortodoxos” señalaban, no es del todo sorprendente que muchos, entre ellos presuntos oficialistas como la diputada Elisa Carrió, tomen lo que Prat Gay dice es gradualismo por un ajuste implacable que el país debería ahorrarse.

El pecado original de la clase política nacional, en el sentido más amplio, es su propensión a suponer que el país es tan rico que puede permitirse lujos que en otras latitudes serían suicidas y que aquí han causado la depauperación de la tercera parte de la población. Por paradójico que parezca, para revertir la decadencia sería forzoso que los dirigentes políticos y muchos otros comenzaran a pensar como sus homólogos de sociedades en que la mayoría aún conserva actitudes inculcadas cuando la pobreza era casi universal y que por lo tanto entienden muy bien que la prosperidad depende más de los esfuerzos colectivos que de los precios de productos determinados en los mercados internacionales.

Aunque hasta nuevo aviso nos será necesario vivir de prestado, ya que el gobierno anterior se las arregló para despilfarrar cantidades fenomenales de dinero, el regreso exitoso de la Argentina a la comunidad financiera internacional no equivale a una solución. A lo mejor es una oportunidad para que la eventual recuperación sea menos dolorosa de lo que sería si al país le fuera vedado acceder al ahorro ajeno. Para aprovecharla, tanto el gobierno nacional como los provinciales y municipales tendrían que abstenerse de usar los créditos y otras inversiones para cubrir gastos corrientes, de tal modo prolongando por algunos meses o años más la vida de un “modelo” que sólo ha servido para consolidar la pobreza. Por ser tan fuertes las presiones que ya están sufriendo los encargados de administrar el país, no les será nada fácil evitar caer en la tentación de anteponer el corto plazo al mediano, para no hablar del largo. Para que la estrategia macrista brinde los resultados pronosticados por los voceros oficiales, sería necesario invertir mucho dinero en actividades productivas, lo que, por desgracia, supondría menos para satisfacer las expectativas del grueso de los habitantes del país.


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