“El taller me dio todo lo que tengo”
La vida de Néstor Moro grafica la de sus colegas de toda la región
César Izza
DÍA DEL MECÁNICO AUTOMOTOR
“Ahora se impone el estudio ante tanto avance tecnológico”, afirma Moro, en su taller.
ROCA (AR).- Pasaban largas horas bajo las fosas de sus talleres, con un mameluco azul en el que abundaban grandes manchas de grasa. Con sus manos siempre sucias y varios almanaques de chicas semidesnudas en las paredes, los mecánicos “de antes” como ellos mismos se llaman se las ingeniaban para arreglar las fallas de los distintos vehículos de sus clientes. “La tecnología es muy linda pero yo se la dejo a los chicos jóvenes”, confiesa Néstor Moro, de 66 años, mecánico de toda la vida. “Don Moro”, como lo llaman sus clientes, compara el trabajo de los antiguos mecánicos con el de un artesano. “Ahora una pieza se rompe y se cambia, mientras que antes había que hacer muchas reparaciones de esas piezas. El trabajo era bastante artesanal porque había que reparar algunas partes, reformarlas, rellenarlas, amoldarlas. Hoy hay un problema en un motor y se pone todo nuevo”. Pero la tecnología ha transformado la mecánica en todo tipo de aspectos. Con las nuevas tecnologías, entre las que se puede nombrar el “elevador de autos”, es probable que dentro de unos años, las fosas ya sean habituales en los talleres y que las manchas de grasa sean cambiadas por el piso reluciente de suelos azulejados. “Me acuerdo que antes los chicos siempre iban a los talleres y a veces había pelea entre ellos para ver quien se quedaba a trabajar. Eso se ha perdido porque los chicos por lo general estudian todos y ya no se ve más en los talleres como antes que venían siempre a pedir trabajo”, dice. Los mecánicos del futuro según indicó Moro, serán principalmente jóvenes recibidos de escuela técnicas que realicen cursos de electricidad del automotor o de inyección hidráulica. En cuando a su historia personal comentó que comenzó a trabajar de muy chico en un taller de un tío que era chapista. Comenzó barriendo, aprendiendo los números y tipos de llaves, conociendo las partes de los autos, pero a los 15 años dejó su lugar de trabajo para comenzar en los talleres que la empresa Ford, tenía en Roca. Unos pocos años después funda junto a un amigo el taller mecánico “Fark y Moro”, que funcionó hasta 1971, donde los socios decidieron conservar su amistad pero no seguir trabajando juntos. “Tuve algunos ayudantes, pero en los 80 decidí quedarme solo por mi forma de trabajar. Yo soy muy exigente. Me gusta tener el taller limpio, ordenado. Vos fijate que acá no hay manchas de grasas, las herramientas están en su lugar y no dando vueltas por cualquier lugar. Me parece una cuestión de respeto con el cliente”, explicó. La pasión por lo fierros de Moro, al igual que la de muchos mecánicos, excedió el plano laboral y se transformó en una forma de vida. Habitualmente asiste junto a su mujer a los eventos de automovilismo regionales, y a pesar de ser jubilado, continúa realizando algunos trabajos en su taller personal. En los años 70 junto a Fernando Bertuzzi, un amigo personal, compitieron en 4 ediciones de la tradicional “Vuelta de la manzana”. “Con unos amigos preparábamos el auto y yo era el copiloto de Fernando. En esos momentos la largada se hacía en Viedma y se llegaba hasta Roca, eran unos 500 kilómetros por ruta”, agregó. Con la emoción y el ánimo festivo en su día, Néstor Mor agradece a la vida el haberlo bendecido con esta profesión. “El taller me dio todo lo que tengo. No me hizo rico pero me ha dado un buen pasar”, finalizó.
César Izza
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