El terremoto hizo aflorar la grieta social chilena

“Chile no es Haití pero tampoco Suiza”, aseguran.

El sismo que azotó a Chile no sólo dejó un pesado balance de destrucción y muerte sino que los saqueos e ineficiencias en varios niveles enfrentaron a sus habitantes a una imagen de sí mismos que no conocían o se negaban a reconocer, señalan sociólogos.

Convertido en enero pasado en miembro de la OCDE –una especie de club de los países más desarrollados del planeta–, Chile se impactó con las imágenes de saqueos en supermercados, ciudades abandonadas a su suerte y ayuda que no llegaba.

“¿Qué nos está pasando? Esta es la pregunta de millones de chilenos que vimos por tevé una seguidilla de hechos impensables en medio de la tragedia humana”, dice la socióloga Lucía Dammert en el diario La Tercera. Un reportero radial de Concepción, decía al aire: “No puedo creer que esto esté pasando en nuestro país. Este vandalismo, esta delincuencia, esto es lo peor de nosotros”.

Hay un “malestar social que nos invadía calladamente y que explotó en los últimos días”, agrega Dammert, definiendo “un país fracturado, dividido socialmente, con población que se siente excluida y actúa en consecuencia”. Más cáustico, el escritor Rafael Gumucio dice que “como muchas cosas en Chile, el desastre (social) es sutil y muchas veces invisible pero esta ahí, agazapado”, agrega. Dice Gumucio que tal como algunos edificios “lo mismo se puede decir del país en general: la fachada ha quedado más o menos intacta, la estructura no se ha desmoronado, pero muchas de las grietas ocultas del país se han hecho más profundas”. “Chile no es Haití, pero tampoco es Suecia o Suiza. Está en medio, en un purgatorio particular donde las estructuras resisten pero los adornos caen”, concluye.

Para el sociólogo Fernando Villegas el sismo “ha sido un evento devastador pero también revelador pues ha sacado a la luz debilidades acumuladas a lo largo de años en el completo edificio de nuestra sociedad” . Los protagonistas (de los saqueos) han sido en número abrumador gente común y corriente, la clase de personas con las cuales usted puede toparse en el bus”.

Estas visiones son matizadas por otros que consideran normal el comportamiento de la gente. El sociólogo Eugenio Tironi dice que el saqueo “es un clásico de las catástrofes en todo el mundo, no una particularidad chilena”. La falta de agua y energía, y el temor de que va a acabarse el combustible y la alimentación generó “histeria y sicosis colectiva, desconfianza a la autoridad y se llegó a un momento sin Estado; éste colapsó durante algunas horas”. “Luego comienza a surgir la parte más noble de la sociedad, el espíritu solidario ”, agrega .

Fernando Villarroel, un asistente social de Concepción dice que un terremoto “saca lo mejor o lo peor de la gente”. Por eso la otra cara de los saqueos es la red espontánea de los vecinos para calentar agua en casa de quien tenía todavía cocina de gas, garantizar la comida de los niños, las medicinas de los enfermos o amasar pan con lo que alguien había conseguido en otro barrio

(AFP/“El País”)

Carabineros resguardan uno de los galpones con elementos recuperados a los saqueadores.


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