El trabajo social y el contexto



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Diversos autores explican que el vocablo “riesgo” proviene del italiano rischio y éste, a su vez, del árabe rizq, cuyo significado aproximado es “lo que depara la providencia”. En este contexto, el término “providencia” hace referencia a la sabiduría suprema de Alá, la cual dirige y cuida al hombre y el mundo. En el ámbito de los sectores populares, espacio en el que los trabajadores sociales desarrollamos más activamente nuestra profesión, la palabra “providencia” se asocia al concepto de destino; es decir, a fuerzas sobrenaturales que nos conducen hacia lugares, eventos, personas, que no es posible eludir. La imposibilidad de controlar dichas fuerzas hace que el destino, el cual ya estaría determinado para cada uno, sea inevitable. Ésta es una creencia con la que habitualmente nos hemos encontrado y que es necesario identificar, abordar y transformar. Asimismo, y reiteradamente, detectamos que una franja de la población de dichos sectores cree además que ese destino es siempre adverso y que enfrentarlo implica esfuerzo, sacrificio y riesgo. Hay quienes definen “riesgo” como la posibilidad de que ocurra un daño. Por consiguiente, y de acuerdo con este concepto, ninguna actividad está libre de riesgo, es decir que éste se encuentra presente en todas las acciones que realizamos. El contexto social turbulento en el que los trabajadores sociales intervenimos requiere que tomemos conciencia de los riesgos a los que nos exponemos cuando concurrimos a la comunidad a realizar las entrevistas domiciliarias respectivas. Aunque dicha tarea nos ubica en una posición de mayor vulnerabilidad, el riesgo también dependerá de la temática y de las características de las personas a las que se evalúa. No es lo mismo realizar una entrevista en domicilio para evaluar una adopción plena, en la que hay informes previos y predisposición de las personas involucradas en la situación, que determinar la capacidad de contención que tienen los padres sobre un hijo adolescente que comete delitos reiterados. Tampoco es lo mismo entrevistar a una madre que reclama por la cuota alimentaria que a una persona con sus facultades mentales alteradas. Preguntas similares pueden desencadenar reacciones completamente diferentes. Dos anécdotas de la profesión. Estábamos en un barrio periférico de Allen cuando un joven nos gritó: “Ustedes tienen preso a mi hermano”, mientras otros nos rodeaban con gestos de intimidación. Nuestra formación profesional nos permitió realizar las intervenciones precisas para salir sin inconvenientes de esa situación hostil. “Que no los agarre la noche en el barrio”, nos aconsejó doña Adelaida, de la ciudad de Cipolletti, a quien fuimos a ver porque su hijo estaba en una institución para menores. Muchas veces es difícil salir de los barrios rotulados como peligrosos antes de que anochezca, fundamentalmente porque cada familia presenta una realidad diferente y a cada una de ellas se le debe dedicar el tiempo que requiere. Reiteradamente la falta de tiempo y recursos también influye y obstaculiza la posibilidad de concurrir nuevamente a esa comunidad durante la misma semana, por lo que se utiliza al máximo el día programado para realizar las entrevistas domiciliarias. La intervención profesional y el contexto El contexto en el que desempeñamos nuestra tarea está atravesado por políticas públicas que están formuladas por actores alejados del trabajo de campo cotidiano, quienes desconocen los diferentes núcleos de los problemas. Por consiguiente, dichas políticas destinadas a garantizar a la sociedad el acceso a los servicios básicos como la salud y la educación, entre otros, presentan falencias en su misión, generando así dificultades para satisfacer las necesidades básicas; por consiguiente, vulneran los derechos de los ciudadanos. Estas circunstancias adversas no nos intimidan; por el contrario, los trabajadores sociales afrontamos los desafíos en forma diaria en un ámbito social en el que la brecha que separa a los que más tienen de los que menos poseen es cada vez más amplia. Nuestra intervención tiene como objetivo la resolución de las dificultades que impiden el pleno desarrollo del individuo. Para que pueda afrontarlas, lo dotamos de herramientas y mecanismos que le permitan superarlas. Dicha intervención se centra en la capacidad de las personas para que se produzca el cambio; es por ello que para muchos los trabajadores sociales somos considerados agentes virtuosos. Reflexión final. El aporte que se brinda desde esta profesión es de incalculable valor. Nuestra valía profesional, a diferencia de otras disciplinas, está determinada, entre otros aspectos, por las múltiples funciones que realizamos y la capacidad de transformar realidades aun sin disponer de los recursos que se requieren. Dicha transformación la logramos con la participación activa de los mismos sujetos que se encuentran en situación de vulnerabilidad social. Sin ellos el cambio no sería posible. (*) Licenciados en Servicio Social

PATRICIA SÁNCHEZ Y CARLOS ÑANCULEO (*)


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