El volantazo

Sobre lo ocurrido en Bolivia.

Redacción

Por Redacción

Editorial

“Nuestro viceministro ha sido cobarde y brutalmente asesinado”, dijo el ministro del Interior. Firme, a su lado, el ministro de Defensa agregó: “El presidente está profundamente conmovido”. Y estalló en llanto ante las cámaras de televisión. Un corto silencio embargó la sala de prensa. Parecía una de esas imágenes improvisadas y de mal gusto con las que, cada tanto, Hollywood busca retratar la vida política de los países del Tercer Mundo.

Pero no. Ocurrió está semana, en Bolivia. Las cooperativas mineras agrupadas en Fencomin habían cortado la estratégica ruta La Paz-Oruro. Protestaban contra la ley General de Cooperativas que impulsa el gobierno de Evo Morales, en favor de la sindicalización y para impedir los habituales abusos laborales de los “cuentapropistas” mineros. El gobierno boliviano busca también frenar el alquiler ilegal de minas a empresas privadas y extranjeras, algo que va en contra de la Constitución boliviana. Y los abusos ambientales de los cooperativistas mineros.

Pero el corte de ruta derivó en represión policial. En el medio, el viceministro del Interior Rodolfo Illanes intentó una mediación en el lugar. En la represión murieron dos mineros. Entonces, los cooperativistas secuestraron a Illanes y lo torturaron brutalmente hasta que murió. Illanes había confiado en su buen diálogo con los mineros. En definitiva, eran aliados del gobierno. La Fencomin, con sus 150.000 afiliados, había apoyado hacía tan solo unos meses, de manera orgánica, el fallido intento de reelección de Evo Morales. Varios de sus dirigentes forman parte hoy del gobierno boliviano. Tienen diputados y senadores.

Bajo el paraguas de Evo, la Fencomin carga con un largo historial de apropiaciones de yacimientos mineros estatales y privados. No pagan impuestos. Apenas una regalía del 2,5%, mientras las empresas estatales –o sea las de todos los bolivianos– pagan el 8,5%.

Esta semana, el monstruo que el propio Evo Morales construyó a lo largo de estos años terminó asesinando a uno de sus hombres más fieles. Desconcertado, Evo sólo atinó a decir que se trataba de una conspiración política, con lo que dejó al desnudo la situación de debilidad en la que se encuentra.

Hace apenas unas semanas había inaugurado con pompa y circunstancia la Escuela de Comando Antiimperialista, para “formar oficiales que luchen contra el imperio”. Ante las burlas que recibió en la redes, él mismo respondió con un tuit: “No tienen ni quieren patria. Sólo quieren el saqueo de nuestros recursos”. Pero esta guerra no se estaba gestando en el imperio, sino en las entrañas de las minas de su país.

Hace ya casi cien años el sociólogo Max Weber habló de la política como profesión. Y allí demarcó una línea entre la ética de la convicción y la de la responsabilidad, en la que debe manejarse todo dirigente. No se contradicen. Se complementan. Pero la de la responsabilidad, decía Weber, debe primar en la conducta de los dirigentes, ya que se trata de anteponer el interés colectivo antes que las convicciones, creencias o intereses personales. Y no se trata de una página perdida en la historia. Weber vuelve todo el tiempo. Lo planteó Felipe González en 1985 para hacer frente a la crisis española. Helmut Schmidt, para justificar la “realpolitik “en medio de la Guerra Fría. O el propio Barack Obama para enfrentar la bomba económica que heredó en su gobierno.

De espaldas al mundo y la historia, la corriente populista que quiso eternizar Hugo Chávez en América Latina le dio la razón a Weber. Evo Morales y el venezolano Nicolás Maduro son un claro ejemplo de las dramáticas consecuencias a las que pueden llevar la ambición de poder y la irresponsabilidad política de los dirigentes.

Y de este lado del mapa, la anacrónica Marcha de la Resistencia que encabezaron Hebe de Bonafini, Guillermo Moreno, Luis D’Elía y Amado Boudou, el viernes en Plaza de Mayo, son reflejo del lugar al que el kirchnerismo, en brutal estado de descomposición, estaba llevando al país en su conjunto. Afortunadamente la Argentina decidió dar el volantazo en el momento justo.

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