«El volveré y seré millones es un invento de los montoneros»
Hugo Gambini es el autor de "Historia del peronismo" (Planeta).
Una idea llevó a la otra y de allí a una famosa serie de artícu-los sobre el peronismo que marcaron su tiempo. Hugo Gambini, quien integró la redacción de «Primera Plana», fue protagonista de ese trabajo de investigación que ahora recupera para su «Historia del peronismo» (Editorial Planeta). Desde un lugar distinto, Gambini analiza en esta charla con «Río Negro» aspectos de ese partido y sin temor a la polémica les quita la sábana a algunos mitos y fantasmas que aún dan vueltas en el nuevo milenio.
-«La Historia del Peronismo» que usted escribió tiene un gran ausente en materia de fuentes: Juan Perón. Es cierto que al momento que se escribe (mediados de los «60) Perón tenía poco contacto con la prensa argentina. Recién después del golpe de Onganía logra entrevistarlo Tomás Eloy Martínez.
– Nosotros teníamos previsto cerrar nuestra historia con una entrevista a Perón, en Madrid… Nos habíamos preparado a fondo para ese encuentro. Para dar una idea, yo tenía preparado más de medio centenar de preguntas. Pero la entrevista no se dio por-que hubo un cambio en el entorno de Perón.
– ¿Qué cambió?
– Sucedió que Jorge Antonio – el hombre que había timoneado las relaciones públicas de Perón a lo largo de muchos años-, a finales de los «60, perdió gravitación en ese ámbito y comenzó a tallar fuerte José López Rega. Y López Rega boicoteó todos los contactos con Perón… la entrevista concretamente.
– ¿Cómo la boicoteó?
– Enmarañaba todo… quería cobrar plata. Y «Primera Plana» estaba dispuesta a pagar, no tenía problemas en pagar. Pero lo cier-to es que boicoteó la entrevista, nos cerró la puerta.
– ¿López Rega cobraba para él o para Perón?
– Hay distintas versiones. Hay gente que dice que cobraba para Perón y cuando López Rega le llevaba la Plata, Perón decía: «Lopecito, falta tanto…».
– Cuando usted comienza a escribir la «Historia del peronismo», ¿era antiperonista?
– Venía del viejo Partido Socialista cuando estaba unificado. Me había afiliado en el «52, un tiempo en el que el socialismo ya tenía un duro enfrentamiento con Perón… dirigentes presos, nues-tro diario «La Vanguardia» clausurado, luego nos queman «La Casa del Pueblo». Estuve en el PS hasta que se quebró en el «61.
–
– No, no… Yo tenía vivencias y una gran curiosidad. Curiosidad por el otro…
– ¿Cómo es eso?
– Sucede que cuando uno ha participado de largos y duros enfrentamientos contra alguien y luego pasan los años, bueno, hay un momento en que uno tiene curiosidad por saber qué pensaba ese alguien de nosotros
– ¿Cuánta gente entrevistaron a lo largo del trabajo?
– Y… más de 200 peronistas y antiperonistas.
– Desde lo estrictamente profesional, ¿qué le llamó la atención de esas entrevistas?
– Que podíamos acceder a intimidades del poder del peronismo que no habían salido a la luz por la simple razón de que nadie había preguntado.
– Cuando usted, viniendo del antiperonismo, comenzó a entrevistar a hombres que habían sido decisivos en los gobiernos de Perón, ¿se modificó en algo la imagen que tenía de ellos?
– Sí, claro. Yo no le tenía simpatía a ningún dirigente ni funcionario del peronismo. Un caso concreto fue el de Cereijo, que fue ministro de Hacienda de Perón y que ayudó mucho a Rácing, club al que le decían «Deportivo Cereijo». La cuestión es que cuando lo traté, me cayó muy bien. Lo mismo que Antonio Cafiero, del cual soy amigo, o Hipólito Paz, que fue canciller. Fue muy interesante que, más allá de las discrepancias, uno pudiera conocer a Oscar Ivanisevich, ministro, o a Alejandro Apold.
– ¡Apold, el censor del peronismo! ¿Era fascista?
– Miren, la censura durante el peronismo no funcionaba como censura. Lo que había sobre la prensa eran órdenes concretas que debían cumplirse y el diario que no lo hacía, directamente lo cerraban. Pero no lo cerraba Apold, sino una comisión de la Cámara de Diputados, la famosa comisión Visca-Decker. Visca se enorgullecía de cerrar diarios. ¿Si Apold era fascista? Yo estoy convencido de que sí; él no lo iba a confesar, pero su fascismo se denunciaba en los procedimientos que usaba.
– Usted escribió la historia del peronismo del «45 al «55. ¿Estima que la historia posterior del peronismo es más entretenida que aquel tramo?
– El peronismo siempre es entretenido porque fue una irrupción muy fuerte en la historia del país. Se esté o no de acuerdo con el peronismo, no se puede negar que instaló un cambio en la política argentina. Cambió hasta el lenguaje con que se hacía política. Introdujo un montón de términos de índole militar. En política nunca se había hablado de «jefe», se hablaba de «caudillo». Perón traslada a la política términos propios de la organización del Ejército y de su quehacer: estrategia, táctica, Comando Supremo, Unidad Básica, que viene de unidad militar. Perón arma incluso un partido político muy distinto en su estructura y organización de los que se conocían en el país hasta el «45: partido de jefe único y verticalista en el ejercicio de su mando, un mando con fuerte influencia del fascismo, ya que Perón admiraba a Benito Mussolini.
– En la «Historia del peronismo» que usted escribió para «Primera Plana», se detecta rápidamente que trata minuciosamente a Eva Perón. Joseph Page, en su biografía de Perón, señala que una vez muerta Eva, éste se deja llevar por sus instintos, habla incluso de la etapa «sibarita» de Perón. ¿Le convino a Perón la muerte de Eva?
– No sé, no sé… Pero sí estoy convencido de que en la segunda presidencia, o sea la que se inicia en el «52 y con Eva muerta, encontramos un Perón que tiene dos características: está liberado de prejuicios y está desgastado por la excesiva acumulación de poder. Un poder que poco más lo convence que es inmortal y que nada cambiará. En realidad, Perón usó a Evita para muchas cosas, porque ella fue un instrumento de Perón. Pero, al faltarle, él se sintió más suelto para manejar las cosas, pero comenzó a acumular errores.
– Quienes estudian las formas y estilos con los que Perón manejó su poder, sostienen que a partir de la muerte de Eva se intensifica la obsecuencia alrededor de Perón.
– Sí, y se agudizó de tal manera que su gobierno terminó siendo insoportable para todo el mundo, incluso para un sector peronista.
– ¿Eva Perón fue una mujer de odios y amores muy profundos?
– Frontal, sincera y auténtica. Difícil, no tenía buen carácter. Polarizó fuertemente al país.
– Según Dalmiro Sáenz, cuan-do Eva murió, en un monumento de Austria y Libertador alguien escribió: «Viva el cáncer».
– Eso es mentira, es un invento de Dalmiro Sáenz. Jamás existió esa leyenda. Eso es parte de lo que se tejió alrededor de Evita. ¿Ustedes creen que si alguien hubiese escrito esa frase no habría un registro fotográfico? El único que vio ese graffiti fue Dalmiro.
– ¿Y es de ella la frase «Volveré y seré millones»?
– Tampoco lo dijo… Es un invento de los montoneros para convertir a Eva en una especie «Che» Guevara, pero Evita y el «Che» son como el agua y el aceite. En esto tiene razón el historiador peronista Fermín Chá-vez: «No hagamos leyendas de Evita. Evita es Evita.» Si Evita volviera no sería montonera sino peronista.
– ¿Evita no hubiera tolerado a los montoneros?
– No. Evita hacía lo que quería Perón, en consecuencia, los hubiera enfrentado, combatido.
Carlos Torrengo
Claudio Andrade