Elecciones, afectos y emoción volcados en música

ENTREVISTA

ENTREVISTA José Luis Castiñeira de Dios

A José Luis Castiñeira de Dios el Alto Valle no le es ajeno y guarda gratos recuerdos y amistades. Convertido en uno de los notables de la música aquí y en el exterior, comenzó su intensa carrera desde las raíces del folclore y creó el grupo Anacrusa, hasta llegar a la música sinfónica, de cámara y su vasto repertorio para el cine. También vivió en Francia, donde arribó exiliado e indocumentado y llegó a recibir el premio César, el máximo galardón de las artes del país galo. Los nombres de Mercedes Sosa, Leda Valladares, Astor Piazzolla y muchos otros grandes comparten una carrera celebrada aquí y en el exterior. Eligió volver y vivir en Argentina, una profunda referencia emocional que Castiñeira de Dios traduce en música.

Hoy regresará a Neuquén con su «Oratorio Eva Perón» que se pondrá en escena a las 22 en el Teatro de la Ciudad, Sarmiento 458. Mañana, a las 21.30, estará en Casa de la Cultura de Roca. Antes de su arribo a la región «Río Negro» habló con él sobre su carrera, su obra y su relación con la región.

– ¿Cómo ve el desarrollo de su carrera?

– Empecé profesionalmente en los años 70 cercano al folclore, con Eduardo Lagos, Manolo Juárez, Leda Valladares, y Cuchi Leguizamón, entre otros, al mismo tiempo que estudiaba composición. Luego creo el grupo Anacrusa con el que trabajamos muchos años, hasta hoy en que llevamos hechos doce discos sobre la proyección de la música folclórica argentina y latinoamericana. En 1975-76 me llaman por primera vez para hacer cine, «La muerte de Sebastián Harache y su pobre entierro» de Nicolás Sarquís, premiada en la quincena de realizadores en Cannes, y «Juan que reía», una película de Carlos Gallettini sobre libro de Oscar Viale y con la actuación de Brandoni y Luisina Brando.

En 1977 me voy a Francia hasta 1989 y en el tiempo que vivo en París sigo con Anacrusa grabando varios discos y también empiezo a trabajar en el ámbito sinfónico, de cámara y para el teatro. Mi regreso a la Argentina empieza a partir de 1982. Grabo un disco en Francia como arreglador y director con Mercedes Sosa y vuelvo con ella en febrero de 1982 para sus recitales en el Opera, y después durante dos años trabajamos juntos. Mientras tanto seguía mi actividad con el cine. Desde entonces hasta ahora hice más de 30 largometrajes. El cine fue muy generoso con mi carrera y sigue siendo una importante creación artística que incluso me sirve materiales para otras composiciones, reciclados en música sinfónica, de cámara o para el grupo Anacrusa.

– ¿Hay diferencias en la experiencia de trabajar en Francia y la Argentina?

– Particularmente París es uno de los principales centros de la música del mundo. Hay competencia francesa e internacional, existe una variedad muy grande de expresiones artísticas. Eso hace que también haya espacios mucho más multiplicados, ayudados por el hecho de la misma descentralización. A lo mejor uno no actúa en París durante dos años, pero lo hace en las provincias o en los alrededores. Y todo eso es un mundo de actividad. Desde el punto de vista creativo creo que es un lugar que sigue estando abierto a cualquier novedad. Tiene esa frivolidad en la cual la novedad, una vez que la adoptó la desecha y sigue con otra. Esas modas además son genéricas.

En un momento fue el cine iraní o el argentino, en otro la música andina y ahora los ritmos argelinos. Es una máquina de deseo que tiene que renovar continuamente esa excitaciones. En mi caso, si bien las pasé de todos los colores, momentos extraordinarios y situaciones difíciles, no puedo dejar de ser agradecido a la que es una segunda patria para mi. Seguí volviendo todos los años a pesar de que decidí vivir en la Argentina en 1989.

Fue una decisión personal, quizás por el hecho de que me fui mal y eso a uno siempre lo deja como incompleto. Además porque me gusta vivir en la Argentina, contrariamente a lo que muchos imaginan. Me gusta el modo de vida y las relaciones humanas. Creo que aquí hay un valor del sentimiento, del afecto; la emoción y la intención tienen un peso muy grande. Sobre todo cuando llega la elección de dónde vivir. A lo mejor lo económico y el desarrollo intelectual son distintos, por la lejanía. Pero este es un lugar con mucha energía. Además creo que hay un gran movimiento cultural, particularmente en Buenos Aires, pero también en algunas provincias. Hay mucha pasión puesta en lo cultural. Esto vale mucho para lo artístico, aun con todas las dificultades hay un rango social de valoración interna, no externa, muy importante. En los países desarrollados están dadas todas las condiciones, pero cada vez resulta más difícil convocar a la gente para que acompañe determinados fenómenos artísticos. Digamos que la alienación de la tevé y cierto tipo de vida hedonista, parecen quitar proximidad al hecho artístico cada vez más.

– ¿Y la cultura en nuestras provincias?

– Por el lado institucional, salvo excepciones, decreció en todos estos años. La vida cultural de Tucumán, Mendoza o Santa Fe en los años 30 y 40 era floreciente, con gran circulación de artistas y pensadores de aquí y el exterior. Eso se fue deteriorando, pero en cambio hay mayor participación del público en buena parte de las provincias argentinas. Hay una vocación por dotarse de instituciones, más bien fuera del Estado y eso es novedoso. El caso del conglomerado Neuquén- Cipolletti es asombroso, y lo de Roca es ejemplar, porque tiene una vocación cultural muy fuerte desde hace por lo menos 20 ó 30 años. Es indudable que General Roca hizo un esfuerzo muy temprano en una época en que en Neuquén esos temas prácticamente no interesaban. Yo conozco bien la zona, porque además estuve en la Dirección de Extensión Universitaria de la Universidad del Comahue en su comienzo. Tengo muy buenos amigos de aquella época y acompañe todo ese desarrollo increíble que se dio en estos años. Pasos como los de la Casa de la Cultura de Roca primero y después todo el movimiento en torno al trabajo de Norberto Rajneri. Eso es increíble. Lo mismo lo que hizo Naldo Labrín y Cultura de Neuquén con la creación del museo y de la orquesta. Por primera vez en mucho tiempo se da un desarrollo que seguramente no se va a interrumpir. La experiencia anterior del Camping de Bariloche cayó en la desgracia de los 70 y era estacional. Pero esto está pensado como instituciones que funcionen todo el año para le gente de la zona, y además abarca toda la región. Son datos muy interesantes para el futuro de la vida cultural en la Argentina.

Julio Pagani

Oratorio dentro de una creación constante

En su departamento de la añeja casona de San Telmo que comprara a Jacobo Timmerman, José Luis Castiñeira de Dios evoca el devenir creativo que lo ha convertido en un notable del país. Cuando lo llamó De Sanzo para hacer su «Eva Perón» que tenía el texto de José Pablo Feimann surgió un trabajo «participativo» como lo califica el entrevistado. Un filme que lo capturó y al que puso el clima musical y lo hizo reencontrar con Esther Goris, a quien conociera en «Bodas de sangre» , una puesta que dirigió Alejandra Boero en el Abasto, poco antes que se convirtiera en shopping

El éxito de esa película fue notable y quedó flotando para el compositor un hilo conductor de materiales que usó para este oratorio que califica de «digno y severo». En esa forma y documentación de la misma Eva, el rigor histórico comulga con un mito, aunque aquí mucho más cerca del sentimiento íntimo.

Lo estrenó en el Cervantes en julio, lo presentó en Córdoba y Corrientes y ahora en el Valle. En esta ocasión uno de los solistas es el pianista afincado en Roca Ricardo Zanón, Hugo Pierre es el saxofonista- clarinetista y Jorge Padín el percusionista. También participa la Orquesta de Cámara del Neuquén, dirigida por Naldo Labrín.

La puesta en escena de Nancy Diez se acompaña con proyecciones puntuales de Eva. Un itinerario musical que tiene el relato de Esther Goris, quien ha preferido tomar distancia del personaje, según señala Castiñeira de Dios. De ella dice: «Tiene una formación literaria e intelectual muy importante, una gran personalidad, originalidad e intensidad».

Eso se descuenta en su notable interpretación del filme, en su Coco Chanel, o su libro sobre Agatha Galiffi. Ella sin duda » le pone vida a los textos» de este oratorio.

Mientras tanto el compositor ya tiene la música de tres filmes a estrenar: «La Cautiva» (Gastón Birabent), ya premiado en San Sebastián, «Cruz de Sal» de Jaime Lozano y «Vereda Tropical» de Jaime Torre, sobre los últimos años del escritor Manuel Puig. Esto es el costado cinematográfico de una producción constante y universal.

Castiñeira sólo dice: «He trabajado sin cesar y queda mucho por hacer». (J.P.).


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