Elegir ser hombre o mujer bailando

Dos milongas atraen al público gay en Buenos Aires

BUENOS AIRES (DPA).- Parecen mundos sin reglas, sin fronteras de género definidas, donde todos se intercambian para girar en la pista del 2×4. En sólo un año de existencia, los dos salones de tango gay de Buenos Aires lograron imponerse como lugares en los que cada uno elige qué quiere ser: aprender a guiar como hombre o a ser guiado como mujer.

Un hombre de unos 40 años y camisa roja sabe seguir al pie de la letra la consigna y se deja guiar con docilidad por un flaquito, menudo, una cabeza más bajo que él, entre las luces rojas y la música de Pugliese. En la próxima tanda, el mismo hombre marca los pasos a seguir a una mujer caderona de falda corta y ajustada. En la «milonga gay», antes de empezar a bailar, cada uno pregunta al otro «qué quiere ser».

«El baile es un idioma, es un lenguaje. Para mí no se trata de aprender pregunta respuesta, sino de captar el lenguaje en su conjunto, en eso se basa la idea de que cada uno pueda y sepa elegir qué quiere ser», explica Martín Aldasoro, profesor de tango y uno de los creadores de la milonga «Besos Brujos».

«Besos Brujos» funciona los martes en lo que era hasta los años 70 una iglesia ortodoxa griega. La ambientación, obra del diseñador Sergio de Loof, tiene algo de sacrílego. En la nave central de la antigua estructura se encuentra la pista, coronada por un lado por mesas y por el otro por el escenario. En una de las naves laterales, la barra está saturada de vírgenes, velas, guirnaldas y retratos antiguos. En el techo, luces de colores, banderines triangulares, farolitos chinos y una gran escarapela argentina.

«Quereme así piantao, piantao, piantao» grita el parlante recitando la «Balada para un Loco» (Ferrer/Piazzolla), mientras un bailarín transformista se acaricia el pecho y se desplaza de un lado a otro del escenario, a saltos perfectos y estilizados. Es parte del espectáculo que ofrece «Besos Brujos», junto a un servicio que incluye clase, cena y baile, a un precio tasado en dólares, que se suele promocionar a través de agencias de turismo internacionales.

Al transformista le sigue una pareja de bailarines: él vestido como los galanes de los años 30, engominado; ella elegante, con vestido blanco y brillos, un rodete, maquillaje sobrio con boca delineada. El es Carlos Debat, ella Eduardo Ramírez. El show termina con un aplauso a los artistas y la reconocida orquesta «Los Cosos de Al Lao» lanza en vivo una milonga, para que dos chicas de negro inauguren la pista, seguidas por el hombre de camisa roja y su compañero menudo.

Así son generalmente las noches para el público que elige «Besos Brujos» los martes. Los miércoles en cambio es el día reservado para «La Marshall», la otra milonga gay que con su nombre hace honor a la famosa humorista de la década del 30 y 40 Niní Marshall.

Su clima es más distendido. Con una ambientación sencilla, donde las mesas de madera enmarcan una pista pequeña, logra reunir a unas 50 ó 70 personas, que tienen la opción de asistir por un precio módico a clases y baile.

Normalmente no ofrece espectáculos ni orquesta en vivo y el menú se limita a picadas y cerveza.

«Nosotros nos orientamos más al público local, mientras que 'Besos Brujos' apunta a un público extranjero», asegura Roxana Gargano, quien junto a su hermano, Edgardo Gargano, y el profesor de tango Augusto Balizano son los creadores de «La Marshall».

Aunque en épocas altas de turismo las dos milongas cuentan con un buen porcentaje de público extranjero, proveniente en especial de Colombia, México, Brasil, EE.UU., Gran Bretaña y España, lo cierto es que ninguna de las dos quiere ser tildada de ofrecer un «tango for export» y ni siquiera un «tango gay».

«Para el público local funcionamos como un tango club, donde se entra pagando una cuota mensual. Esto demuestra que no somos un lugar para turistas», retruca Hernán Alvaredo, la cara comercial de «Besos Brujos», mientras su socio Aldasoro agrega: «Es que tampoco vendemos un tango para putos, o para heteros. Acá le damos a la gente la posibilidad de que no 'caretee' (de que no aparente lo que no es). Esto es un producto en carne viva, sin careta, sin ropa, no nos estamos disfrazando de nada. Esto es tango de verdad».


BUENOS AIRES (DPA).- Parecen mundos sin reglas, sin fronteras de género definidas, donde todos se intercambian para girar en la pista del 2x4. En sólo un año de existencia, los dos salones de tango gay de Buenos Aires lograron imponerse como lugares en los que cada uno elige qué quiere ser: aprender a guiar como hombre o a ser guiado como mujer.

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