En el Congreso estará la batalla clave para concretar las reformas

Redacción

Por Redacción

La expresidenta Michelle Bachelet es favorita absoluta con su plan de drásticas reformas al modelo económico y la institucionalidad legada por Augusto Pinochet, pero para conseguirlo deberá pelear contra el sistema binominal y lograr las amplias mayorías parlamentarias que le exige la Constitución. Bachelet lidera todos los sondeos, con un 47%, y podría ganar en primera vuelta. De sus ocho rivales, la mejor colocada es la exministra derechista Evelyn Matthei, con apenas 14%. La carismática socialista promete un “nuevo ciclo” para “un distinto” con varias reformas; entre ellas una tributaria, otra a la educación y una nueva Constitución que acabe con la legada por la dictadura pinochetista (1973-1990) “Chile ha cambiado y es hoy un país más activo y con mayor conciencia de sus derechos”, dijo Bachelet en marzo, cuando decidió volver a postularse. Bachelet ha dicho que quiere corregir las inequidades en un país que presenta envidiables tasas de crecimiento y estabilidad económica, pero que tiene el mayor índice de desigualdad social, según la OCDE. Promete un aumento progresivo de los impuestos a las empresas, para recaudar unos 8.000 millones de dólares e inyectarlos a la educación, uno de los focos de descontento social en Chile. Ha prometido gratuidad a nivel universitario en seis años y acabar progresivamente con un sistema de copago en establecimientos escolares que reciben subvención del Estado. Otro de los puntos que se quiere reformar es la mismo tiempo el mayor obstáculo para las reformas: el sistema electoral binominal. Éste, ideado por Pinochet, establece que por cada distrito haya dos legisladores electos: un legislador por la coalición más votada y un segundo legislador por la segunda coalición más votada, salvo que la mayoría logre duplicar en votos a la primera minoría. De este modo, como pasó en los gobiernos de la Concertación, aunque el oficialismo gane por el 50% y la derecha 35%, cada uno obtiene igual representación. Y las fuerzas minoritarias quedan afuera aunque tengan un 15% de los votos, como sucedió con el Partido Comunista. De esta forma, si quiere hacer reformas de fondo, la coalición de Bachelet deberá doblar en votos a la segunda fuerza en al menos cuatro distritos importantes, ya que, además, la constitución establece una serie de mayorías calificadas para las reformas previsionales, educativas, electoral y de reformas a la constitución que llegan hasta 2/3 del cuerpo. (ver infografía) Los sondeos anticipan que Bachelet obtendría mayoría en el Congreso, pero no con la holgura para hacer las reformas más profundas, como una nueva Constitución. Por eso, desde sus propios partidarios y otras fuerzas de izquierda se impulsa en estos comicios una propuesta para que los votantes “marquen el voto” (sin llegar a anularlo) con las letras AC, que significa “Asamblea Constituyente”, lo que según ellos garantizaría los cambios de fondos que necesita el país. Bachelet no se ha pronunciado sobre este tema. Con sus propuestas de cambios profundos, la socialista busca hacerse eco de las exigencias del poderoso movimiento estudiantil chileno, que en el 2011 protagonizó multitudinarias marchas en reclamo de una educación pública, gratuita y de calidad. De lo contrario, el gobierno de la socialista podría transformarse en un gobierno de las “reformas posibles” que fueron la mayoría de los de la Concertación, y que generaron un creciente descontento entre sus propios seguidores. “Bachelet tiene un liderazgo no ideológico. Es una figura con un liderazgo que no tiene una explicación racional”, dice el analista Guillermo Holzmann, para explicar el fenómeno de popularidad de la exmandataria. Su mayor base de apoyo está en las mujeres pobres, que la ven como una madre cercana capaz de “arreglar hasta sus problemas matrimoniales”, como se ha quejado en privado Bachelet. (Redacción Central/AFP)


La expresidenta Michelle Bachelet es favorita absoluta con su plan de drásticas reformas al modelo económico y la institucionalidad legada por Augusto Pinochet, pero para conseguirlo deberá pelear contra el sistema binominal y lograr las amplias mayorías parlamentarias que le exige la Constitución. Bachelet lidera todos los sondeos, con un 47%, y podría ganar en primera vuelta. De sus ocho rivales, la mejor colocada es la exministra derechista Evelyn Matthei, con apenas 14%. La carismática socialista promete un “nuevo ciclo” para “un distinto” con varias reformas; entre ellas una tributaria, otra a la educación y una nueva Constitución que acabe con la legada por la dictadura pinochetista (1973-1990) “Chile ha cambiado y es hoy un país más activo y con mayor conciencia de sus derechos”, dijo Bachelet en marzo, cuando decidió volver a postularse. Bachelet ha dicho que quiere corregir las inequidades en un país que presenta envidiables tasas de crecimiento y estabilidad económica, pero que tiene el mayor índice de desigualdad social, según la OCDE. Promete un aumento progresivo de los impuestos a las empresas, para recaudar unos 8.000 millones de dólares e inyectarlos a la educación, uno de los focos de descontento social en Chile. Ha prometido gratuidad a nivel universitario en seis años y acabar progresivamente con un sistema de copago en establecimientos escolares que reciben subvención del Estado. Otro de los puntos que se quiere reformar es la mismo tiempo el mayor obstáculo para las reformas: el sistema electoral binominal. Éste, ideado por Pinochet, establece que por cada distrito haya dos legisladores electos: un legislador por la coalición más votada y un segundo legislador por la segunda coalición más votada, salvo que la mayoría logre duplicar en votos a la primera minoría. De este modo, como pasó en los gobiernos de la Concertación, aunque el oficialismo gane por el 50% y la derecha 35%, cada uno obtiene igual representación. Y las fuerzas minoritarias quedan afuera aunque tengan un 15% de los votos, como sucedió con el Partido Comunista. De esta forma, si quiere hacer reformas de fondo, la coalición de Bachelet deberá doblar en votos a la segunda fuerza en al menos cuatro distritos importantes, ya que, además, la constitución establece una serie de mayorías calificadas para las reformas previsionales, educativas, electoral y de reformas a la constitución que llegan hasta 2/3 del cuerpo. (ver infografía) Los sondeos anticipan que Bachelet obtendría mayoría en el Congreso, pero no con la holgura para hacer las reformas más profundas, como una nueva Constitución. Por eso, desde sus propios partidarios y otras fuerzas de izquierda se impulsa en estos comicios una propuesta para que los votantes “marquen el voto” (sin llegar a anularlo) con las letras AC, que significa “Asamblea Constituyente”, lo que según ellos garantizaría los cambios de fondos que necesita el país. Bachelet no se ha pronunciado sobre este tema. Con sus propuestas de cambios profundos, la socialista busca hacerse eco de las exigencias del poderoso movimiento estudiantil chileno, que en el 2011 protagonizó multitudinarias marchas en reclamo de una educación pública, gratuita y de calidad. De lo contrario, el gobierno de la socialista podría transformarse en un gobierno de las “reformas posibles” que fueron la mayoría de los de la Concertación, y que generaron un creciente descontento entre sus propios seguidores. “Bachelet tiene un liderazgo no ideológico. Es una figura con un liderazgo que no tiene una explicación racional”, dice el analista Guillermo Holzmann, para explicar el fenómeno de popularidad de la exmandataria. Su mayor base de apoyo está en las mujeres pobres, que la ven como una madre cercana capaz de “arreglar hasta sus problemas matrimoniales”, como se ha quejado en privado Bachelet. (Redacción Central/AFP)

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