¿En qué momento se jodió Cambiemos?
Después del experimento de diciembre, la ortodoxia finalmente le marcó la cancha al gobierno. Y el gobierno respondió con ortodoxia.
El 28 de diciembre la jefatura de Gabinete relajó las metas de inflación e intervino virtualmente el Banco Central, el organismo que mejor se entiende con los mercados. Lo saben hasta los niños: el Central cumplió directivas políticas de Marcos Peña y diez días más tarde bajó la tasa de política monetaria con el objetivo de dar mayor vigor a la actividad económica. Poco después abandonó la flotación limpia del dólar y empezó a usar el tipo de cambio como ancla inflacionaria. Siguió así la tradición bajo cualquier administración y en cualquier circunstancia: se la defienda o no, la autonomía del Central es pura formalidad. Empujado por el ala política del gobierno –si es que se ha inaugurado en algún momento otra– Federico Sturzenegger resignó entonces la principal tarea que tiene encomendada en su posición: cuidar el valor de la moneda.
Cuatro meses más tarde, el gobierno pasó de desautorizar a Sturzenegger e intervenir virtualmente el Banco Central a darle plenos poderes para contener la estampida del dólar. En un giro que de no tratarse de la oficina de Peña descalificaría a la jefatura de Gabinete, el presidente Macri pasó de relajar las metas de inflación a endurecer las metas de déficit fiscal. De hacer una apuesta de riesgo en favor de un crecimiento vigoroso de la economía, a darle un golpe no la actividad.
El gobierno acaba de sortear la crisis más seria de sus 30 meses de vida con un paquete de medidas destinadas a recuperar la confianza de los mercados. El origen de la corrida remite a un problema estructural de la economía argentina: cómo financiar su crecimiento. La restricción externa, como caracteriza la jerga económica a la falta de dólares. A lo que se suma un escenario económico global adverso. La película la hemos visto incontables veces en la historia económica y son conocidos su efectos. Aún no ha terminado.
Pero la cuestión es también de naturaleza política y habla de los límites y debilidades de la coalición de gobierno y de cuál es su verdadera concepción de la negociación y el acuerdo. ¿En qué momento se jodió Cambiemos?
Los resultados de la elección de octubre fueron interpretados como un fuerte espaldarazo al proyecto de Macri. Incluso por la oposición peronista. Allí se asistía a un auténtico drama ante la aparición de una nueva hegemonía política, inédita, en la Argentina. Acaso por lo mismo, el gobierno empezó a mostrar vacilaciones. Llamó de inmediato a un pacto fiscal con las provincias y aceleró el ritmo de su programa de reformas bajo el concepto de “reformismo permanente”. Logró aprobar en diciembre una ley que modificó la fórmula de aumento de las jubilaciones, pero a un alto precio: perdió el control de la calle y empezó a caer en las encuestas. Antes de fin de año anunció el cambio en las metas de inflación. La pérdida de confianza se trasladó a su propio electorado y a los mercados. En marzo, durante su mensaje ante el Congreso, Macri reafirmó la opción por el gradualismo, casi no empleó el término “reformas” y anunció que lo peor del ajuste ya había pasado.
El camino se empezó a angostar: tironeado por izquierda y derecha, no contentó a nadie. La percepción de que el ajuste era blando, si existió, se desmoronó con el anuncio de las subas de las tarifas en abril y la incapacidad para doblegar a la inflación. La contradicción se expresó con sus propios aliados en los planteos públicos de la UCR y Elisa Carrió por el impacto de las subas en los sectores medios. Ese debate se instaló en el Congreso y es hoy el pegamento con el que se reconstruye una oposición peronista sobre la que se posarán esta semana los ojos de todos en Diputados. La posibilidad de negociar un acuerdo político amplio al que se negó el macrismo en su momento de mayor fortaleza –con lo que debilitó a su propia alianza– parece hoy remota. La Argentina es una montaña rusa: aún no se cumplieron seis meses del último triunfo electoral de Cambiemos.
El presidente siempre ha creído que el mundo no había recuperado plenamente la confianza en la Argentina. Pero supuso que la garantía ante los mercados la encarnaba él mismo. Para su gobierno de minorías parlamentarias, la opción por un plan de reformas gradual significaba tanto gobernabilidad como reelección. Hoy todo ese diseño está en duda.
La opción por un plan de reformas gradual significaba tanto gobernabilidad como reelección. Hoy todo ese diseño está en duda.

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- La opción por un plan de reformas gradual significaba tanto gobernabilidad como reelección. Hoy todo ese diseño está en duda.
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