Endeudamiento sostenido, una cuestión de cultura política

En el suplemento económico del diario «Río Negro» del 28 de enero de 2001 se publicó un detallado artículo sobre el endeudamiento de la provincia de Río Negro, cuyo monto es aproximadamente de pesos mil ciento cincuenta millones ($ 1.150.000.000), y el 14 de febrero completó la información comunicando que el déficit rionegrino superó los ochenta y siete mil millones ($ 87.000.000) en el 2000.

El justicialismo viene manifestando su profunda preocupación sobre el tema desde 1995, cuando ya informábamos la deuda. Al 31/12/1994 era de pesos doscientos veintisiete millones quinientos setenta y dos mil ochocientos veinte ($ 227.572.820). Al 31/12/2000, la deuda provincial alcanzó a mil ciento cincuenta millones de pesos, lo que significa aproximadamente un 506% de aumento, esto implica una actitud política que bien podríamos denominar «La cultura del endeudamiento sostenido».

En 1995, antes de las elecciones generales, el radicalismo convocó a un plebiscito tramposo, cuyo resultado, por todos conocidos, lo favoreció, ya que por menos de seiscientos (600) votos se impuso en la provincia. Pero es bueno que tengamos en cuenta que en Viedma, ciudad en la cual el Estado se ha conformado como la economía primaria y donde reside una importante cantidad de trabajadores del Estado provincial, la diferencia de votos superó los tres mil quinientos (3.500).

En esa oportunidad se puso en práctica «la prebenda de mantener la estabilidad laboral y salarial del trabajador del Estado» que luego, obviamente, no fue cumplida (y en esto no juzgamos la opción electoral del trabajador que votó por su seguridad).

En 1999, la diferencia fue de dieciséis mil (16.000) votos. ¿Dónde se produjo la desigualdad más importante?, en la ciudad de General Roca. Sobre un electorado aproximado de cuarenta mil (40.000) personas, hubo una diferencia de casi doce mil (12.000) votos. Este resultado ¿se produce porque Roca es una ciudad en pleno desarrollo, con un proyecto transformador y exitoso en el campo de la fruticultura, con grandes inversiones y crecimiento de puestos de trabajo?… ¡no!

Allí primó la dádiva y el favoritismo político, metodologías respecto de las cuales el gobernador Pablo Verani expresó públicamente que no pensaba abandonar, porque le había dado muy buenos resultados electorales. Acto seguido, se abocó a brindar un curso acelerado de cómo se cautivan los votos en las clases más necesitadas, a su delfín político preferido el intendente cipoleño Dr. Julio Arriaga, en la ciudad de San Carlos de Bariloche, mediante el Plan Solidaridad. Haciendo una vez más caso omiso al reclamo de la gente que pide empleo y no bolsas de alimentos. Para la Alianza, «el fin justifica los medios».

Retornando a la cuestión del endeudamiento, consultado el Ministerio de Economía de la Nación sobre cómo Río Negro podría salir de esta gravosa situación, la respuesta fue casi una obviedad: con crecimiento (…me queda la duda si el anterior ministro le sugirió lo mismo al gobernador Verani cuando fue asesor económico de la provincia de Río Negro hasta diciembre de 1999; si no fue así, nada auspicioso era para los argentinos el futuro económico con el ministro Machinea, más allá de cómo se pretendiera venderle blindaje financiero a la sociedad).

Con estos antecedentes de prácticas políticas, es utópico pensar que se pueda superar esta crisis mediante programas serios y eficaces para el desarrollo provincial, cualquiera fuese el representante de la Alianza en el gobierno, porque la cultura de hacer política con estos mecanismos ha sido confirmada por todos los estamentos que conforman tanto la conducción partidaria del radicalismo como la Legislatura provincial -con amplia mayoría del oficialismo-, que avaló y avala la actual situación económica provincial.

Es entonces el justicialismo, por ser la segunda fuerza política de la provincia, el que debe proponer un programa de crecimiento y desarrollo económico, evitando quedar atrapado en estas cuestiones mediáticas de las encuestas y la medición de imagen de los candidatos.

Es propicia, dadas las próximas elecciones nacionales, -en especial la candidatura para senador nacional- la oportunidad para ir programando la refundación de una provincia diferente, porque los rionegrinos están esperando otras acciones de sus políticos.

Por ejemplo, un tema para poner en debate es que la idiosincrasia, la cultura y las economías regionales, en una provincia tan extensa y fragmentada, requieren instrumentar políticas de desarrollo económico, cultural y social diferentes. Por lo que es válido discutir un programa de desarrollo que tenga que ver con los problemas propios de las regiones, donde socialicemos la discusión de tal manera que sean los propios actores de estas regiones (Concejo Deliberante, Ejecutivos, Partido Justicialista, Cámaras de Productores, ONGs.).

Son ellos los que deben elaborar y proponer el programa de desarrollo económico regional, que será posteriormente puesto en funcionamiento por el Ejecutivo provincial, que vía un ministerio de planificación y desarrollo regional comience a transformar en la provincia la cultura del endeudamiento permanente y la dádiva política, a la provincia del desarrollo sostenido y la posibilidad de la opción; para que en lugar de una bolsa de alimentos se opte por la dignidad del trabajo productivo.

En una provincia donde tenemos todo por hacer es lamentable que la única alternativa siga siendo la que expresa el gobernador Pablo Verani: «Si la dádiva me ha dado resultados electorales por qué cambiar de metodología política a esta altura de mi vida».

(*) Diputado nacional rionegrino por el PJ


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