ENTREVISTA A EDGARDO FERNANDEZ, decano de la Escuela de Medicina de la UNC: «Ser médico es como ser cana: algo que te queda para siempre»
Es patólogo y siente mucho placer por la docencia, lo cual lo llevó a ser docente primero y hoy decano de la Escuela de Medicina de la UNC, a la que augura buen futuro.
– ¿Qué es ser médico?
– Un compromiso…
– Suena solemne… También los ebanistas o los titiriteros tienen un compromiso.
– ¡Compromiso con la defensa de la vida!… Uno se jubila como médico, pero sigue siendo médico ahí donde la salud lo necesite… Siempre se es médico.
– Como el cana: siempre es cana.
– Como el cana… inserciones muy particulares en la cotidianidad.
– «¡Un médico por aquí!»…
– Sí, sí… es raro que alguien pida en público «¡Un arquitecto por acá!»… «¡Un físico nuclear por allá!».
– ¡Ser Dios!, escribió un colega suyo, don Gregorio Marañón.
– ¡O el diablo, según como le vaya a uno en la profesión!… ¡Marañón, bronce puro en la medicina!
– ¿Daña la sacralización que existe de la profesión de médico?
– Deriva en el convencimiento de que lo podemos todo, pero no lo podemos.
– ¿El límite lo pone La Parca?… Siempre está…
– Y… hasta nueva información…
– ¡Joder con la muerte!… ¡No negocia nada!
– ¡Ortodoxa la muerte!…
– Ficción pura:¿habrá un día en el que podamos proclamar la imposibilidad de la muerte?… Se habla de la imposibilidad de tantas cosas…
– La Parca está para quedarse. Lamento desilusionarlo.
– ¿Qué es un paciente para un médico con más de 30 años de ejercicio?
– Lo mismo que para ese médico el primer día de médico: el sentido de su profesión… ayudarlo… trabajar sobre el dolor, el sufrimiento, aliviarlo, curarlo.
– ¿Hasta dónde puede un médico intuir los alcances que para un enfermo tiene un dolor físico extremo, terminal?
– Es un tema que orilla la filosofía…
– La vida y la muerte quizá sean más especulación filosófica que realidades.
– Es posible… Los términos en que se expresa un dolor de cualquier naturaleza son siempre algo muy íntimo… podemos imaginar, ver… pero la magnitud está en la intimidad última de ese ser puntual que lo padece.
– Cierta liturgia sembró el convencimiento de que el médico clínico es el gran artificiero de la medicina… el que dice «se trata de esto» y su sentencia se convierte en vaca sagrada. ¿Hay algo de esto en la realidad?
– En términos de Ortega y Gasset, el clínico es el que dice «a las cosas»… trabaja y define con la deducción.
– ¿Y el cirujano?
– «A las cosas, pero con sangre»… En tanto acción sobre el cuerpo, implica una agresión.
– Bueno… agresión sublimada.
– Pero acción directa que cala en el cuerpo… ¡Que a uno lo agarren, lo sujeten, lo duerman!.. En oportunidades la cirugía se hace sin posibilidad de meditación larga… ahí, sobre los hechos.
– Alguna vez le escuché decir que, al menos para el caso de la medicina, las mujeres suelen ser más estudiosas.
– Sí… no hablo desde conclusiones fundadas en estudios ni sesudos análisis, sino de la experiencia de cuando fui estudiante y ahora desde la cátedra.
– ¿Por qué en general no hay mujeres cirujanas?
– Quizá tenga que ver con la carencia de esa cierta cuota necesaria de la audaz agresividad que requiere la cirugía… no sé. Pero ojo, en algunas especialidades hay más mujeres cirujanas que hombres… Ginecología, por caso.
– Como decano y profesor, ¿en la Escuela de Medicina de la UNC usted intuye qué especialidad les gusta a los estudiantes?
– Hay mayor inclinación a la medicina general, médicos generalistas. No es un absoluto, pero es tendencia.
– Hábleme de la formación que da la Escuela de Medicina de la UNC.
– Es muy buena. Se mide por los resultados… de las dos promociones de médicos que han egresado, el grueso de ellos está trabajando muy bien… haciendo buenas residencias ganadas en concurso. Soy optimista en relación con nuestros médicos. Además, nuestros estudiantes tienen algunas características muy interesantes, espero que las mantengan.
– ¿Por ejemplo?
– Asumen la cuestión social con mucha sensibilidad, con calidad de entrega… Hay una actitud muy digna de los pibes en esta cuestión.
– ¿Qué quiere decir eso?
– Que estudian y egresan sabiendo de la existencia de muchas diferencias sociales que se traducen en distintos rangos de oportunidades a la hora de defender la salud… Desde el vamos, nuestros estudiantes están relacionados con lo comunitario. Están en contacto permanente con los centros periféricos de salud. Ahí palpan la otra cara de la Argentina… Nada de demagogia, realidades concretas. Esta experiencia es un capital inmenso para nuestros estudiantes y para la medicina, claro.
– En términos de contacto con la salud, ¿qué define para ellos un centro periférico?
– Muchas veces lo desconocido… Es la parejita joven sin nada más que lo puesto
y el bebé que vuela de la fiebre en una madrugada cualquiera.
– Reflexione sobre algunas de las diferencias de formación entre los estudiantes de Medicina de la UNC y la que recibió usted, por caso.
– En la UBA, durante los primeros años de la carrera adquiríamos conocimientos teóricos, nada más. Recién incorporábamos práctica a partir de cuarto año. Ahí adquiríamos las habilidades… el saber ponerle la mano encima a un paciente… Llegábamos a eso luego de sumar y sumar conocimientos, importantes, sin duda, pero la práctica nos era lejana. Hoy, es distinto… En nuestra Escuela de Medicina, teoría y práctica marchan juntas desde el inicio de la carrera… Nosotros estudiamos anatomía con cadáveres y supimos hasta el último cartílago. Pero esa acumulación de datos no tenía ninguna relación concreta con un paciente… nos faltaba esa relación, que recién se lograba a partir de cuarto año… En la Escuela de Medicina de la UNC, ya en segundo año el estudiante está en directa relación con el paciente. No sabe cómo tocarlo para explorar esto o aquello, pero ya sabe, dicho ligeramente, que es un paciente.
– ¿Conclusión de lo que dijo?
– Hoy se estudia anatomía en relación con la función… más ligada a las funciones que tiene. Y ligada también al «después», o sea qué pasa con la anatomía del enfermo, no sólo cómo como funciona tal órgano cuando todo anda bien.
– ¿La fisiología y los retos a la fisiología?
– Ni más ni menos… Sin desjerarquizar a ningún otro, hay tres pasos esenciales que hacen al ABC del estudio de la medicina: Anatomía-histología, fisiología, o sea el estudio de las funciones y patología, el estudio de las enfermedades, las lesiones.
– Un alumno, supongamos de tercer año de Medicina de la UNC, ¿qué diferencia tiene en lo formativo en relación con usted en tercer año de medicina?
– Le respondo pero no en función de «ese tercer año», sino del primer año. La diferencia está en el secundario… A diferencia de hoy, el secundario que tuvimos varias generaciones de argentinos nos enseñó a pensar, nos sedujo al percibir que aprendíamos, nos metía en otro mundo.
– El Dembo, el clásico Dembo… Además, teníamos Lógica como materia.
– ¡Claro!.. Siempre, alguna cátedra del secundario enseñaba a dudar… ¡La significación de la duda en todo proceso formativo es fundamental… es el punto de partida que limpia el camino hacia la certidumbre!… ¡La duda es la materia prima de la ciencia!
– Un colega suyo, Jaim Etcheverry, dice que se dejaba el secundario con revulsivo de ideas, pero sabiendo de qué trataba cada una de esas ideas. ¿Cómo se maneja la Escuela de Medicina de la UNC en relación con esta cuestión que hace a la pedagogía, a la lógica?
– Todavía somos un híbrido en muchos planos que hacen a cuestiones pedagógicas, una consecuencia natural de ser tan flamantes… pero lentamente nos vamos acoplando a la experiencia que, para el caso de medicina, van adquiriendo las universidades de Tucumán, Rosario… en parte Mendoza y algunas universidades privadas.
– ¿En esta materia la UBA sigue siendo conservadora?
– Sí, sí… muy conservadora.
– De pibe vi un decapitado en un accidente de aviación. Para colmo era pariente mío… El decapitado es todo un tema, ¿qué puede hacer la medicina?
– Estimo que por el decapitado ya es caso cerrado… En cuanto a usted, dos sugerencias: vaya al psiquiatra, porque decapitados seguirá habiendo. Segundo, no lea nada concerniente a la Revolución Francesa… ¡Un festín de tipos sin mate!
PERFIL
Edgardo Fernández ha cumplido con mucho de lo que se admite como necesario para tener patente de normal en la vida: casado, separado, hijos. Egresó de la UBA como médico en el ’70. O sea, estudió en un tiempo que comenzaba a ser tumultuoso para la universidad argentina. Aún recuerda cuando, estando en tercer año de la carrera, un general de rústico funcionamiento neuronal ordenó la intervención de las universidades. Se llamó Juan Carlos Onganía. Y fue “La Noche de los Bastones Largos”. Años después de recibirse, Edgardo Fernández, porteño, clase media holgada y apodado “El Gallo”, recaló en el Alto Valle. Y así se convirtió en el segundo patólogo del Río Negro de aquellos años. Con formación intelectual que supera la media de lo que es clásico en los médicos –sin que nadie se ofenda o lo mismo–, Edgardo Fernández es, antes que médico, un militante del placer por la ironía y eso que se define como “estilo”.
CARLOS TORRENGO
- ¿Qué es ser médico?
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