Entrevista a «Los Jóvenes Pordioseros»: Rock con alma de barrio

La banda de Lugano se presentará hoy, a las 22, en Bariloche. Van a tocar los temas de su nuevo disco, "Sangre". El guitarrista reivindica el rock barrial y las giras por el interior del país.

Los Jóvenes Pordioseros llevan juntos ya siete años. Toti en voz, guitarra y armónica, Chori en batería, el bajo de Sikus y el guitarrista Pedi, actuaron en casi todo el país y hoy llegarán a Bariloche. Tocarán, a las 22, tocarán en Puerto Rock, 12 de Octubre 14, en el subsuelo del Puerto San Carlos. Las puertas se abrirán a las 21.

Antes del recital Pedi charló con «Río Negro». Afuera, los ruidos eternos del centro porteño. «En principio somos de las bandas armadas por músicos que empezamos de abajo, sin contactos ni gente que nos ayude, con dificultades económicas para comprar equipos. Todo nos costó mucho trabajo. Hoy tenemos un micro hermoso que tiene quince camas, un estar con sillones, televisor gigante con la play station, adelante mesa con otro plasma y DVD… Todo eso nos costó un montón. Antes andábamos con un Mercedes Benz 1114 que se rompía cada cincuenta kilómetros y antes tuvimos un flete que también costó lo suyo. Incluso llegamos a pedir instrumentos prestados».

Ni hablar de alquilar una sala para masterizar el disco.

No, bueno, eso era ya… El primer demo de Jóvenes que se empezó a mover, estaba grabado en siete horas, en vivo, en el estudio donde después registramos todo el resto de nuestros compactos. Para que te des una idea, el último se grabó en El Matadero, pero en trescientas horas. Eso lo solventa ahora la compañía discográfica. Nosotros no podíamos pagar ni siete horas.

A las bandas barriales también se las identifica por un sonido no del todo limpio, por letras duras…

Una banda de barrio expresa cosas que le suceden a cualquier persona que vivió o vive en un barrio sencillo. No hablan del «rayo de luz, nena, levántate» tipo (Luis Alberto) Spinetta. Sí tienen contenido poético, pero no un vuelo… Son concretas. Puede ser una historia de amor, pero contada desde otro punto de vista. La gran diferencia entre una banda y otra es justamente la mirada. Las bandas de barrio vemos el hecho de tocar como una bendición. Hablo de Jóvenes, no de la movida… Tocamos y encima ganamos plata por eso, vivimos de eso. Otras bandas, no. Lo toman como algo más glamoroso, toco porque soy un artista y ahí viene mi champán, me voy al hotel cinco estrellas y me tiro en el jacuzzi. No sé… Nosotros lo vivimos desde la humildad, aunque esté mal que lo diga. Sí, desde el trabajo y el esfuerzo.

¿Cambió la manera de ver en estos casi siete años?

Conocimos otras cosas y tuvimos acceso a lugares que nunca en la vida! Pero, dentro de todo, veo para afuera, miro para adentro y estamos bien… Eso no quita que no hayamos pretendido y pretendamos estar mejor de lo que estamos, mejorar las condiciones de trabajo y crecer como banda. Para nosotros esto es lo más normal del mundo. Es así, vamos de gira todos juntos en avión o en el bondi. El noventa y nueve, coma nueve, nueve, por ciento de las veces, vamos al mismo hotel, desde el cantante hasta el que tira el último cable. Vamos a comer en barra, compartimos… No te voy a tirar ningún nombre… Pero, la mayoría de las bandas no se manejan de esa manera; los cuatro, cinco, seis músicos van en avión y los demás en colectivo o en el camión con los equipos; unos a un hotel y la gente que labura, a otro. Es respetable y está todo bien… Jóvenes es un grupo de amigos. Cumple años un asistente y vamos todos, los músicos, el manager, el sonidista, el iluminador. Es como una familia y quizás esa es una diferencia, no sé si mejor o peor. No estoy criticando a los que no son así. Eso veo, después de años de estar en la ruta, compartiendo recital y festivales. Estamos conscientes de ser privilegiados por vivir tantas experiencias a lo largo de tantos caminos. Salvo Formosa, recorrimos todo el país y tocamos muchísimas veces en cada provincia. No fuimos una vez a Jujuy, por ejemplo, sino tres, cuatro veces y no sólo a San Salvador, lo hicimos a un montón de pueblitos en medio de la montaña. Recorrimos y seguimos haciéndolo. Nos pasó de quedarnos en medio de la ruta entre San Juan y Mendoza, en enero, con cuarenta y cinco grados de calor. Dio la casualidad que atrás venía la combi de este pibe… ¿Cómo se llama?… Axel el que canta «Amo lo que amo» (lo entona) y nos levantaron. Si no hubiera sido por este flaco, nos quedábamos ahí, no teníamos cómo salir.

También conocen gente que ni imaginaban.

El porteño que vive, como yo, en pleno centro, en medio de una vorágine, no se da cuenta de un montón de cosas. Y una de esas es apreciar la vida en el instante. En la ruta parás a comer y te encontrás con un chabón, por ahí de tu misma edad, que tiene una tranquilidad mental terrible! Su vida pasa por su laburito en el pueblo y su diversión es tomar algo en la cantina de un club. Y son felices así. Loco, nos preocupamos tanto por un montón de estupideces y no aprendemos que esas cosas tan simples, son las que dan sentido al despertarse todos los días.

¿Eso aparece en la música, luego?

Yo creo que sí… Todo artista es como una esponja a la que le cae un montón de líquido. Cuando se la aprieta sale una mezcla que cada uno procesa de modo diferente. Si te percatás de las cosas que vas viendo, por alguna parte aparecen. No sé si directamente en una letra, que sería lo más evidente. Cualquiera que toca o se dedica a cuestiones artísticas, es porque tiene sensibilidad.

 

EDUARDO ROUILLET


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