Qué veo: «Justified, Ciudad salvaje», y «Will Trent», dos policiales fuera de lo común, salidos de la literatura

Dos policiales basados en los libros de Elmore Leonard y Karin Slaughter respectivamante y que se ven por Star+. Nada convencionales, con historias familiares complejas y que siguen su propia ley para resolver casos en el sur de EE.UU.

Hay escritores -no muchos, pero que los hay, los hay- que encuentran una buena traducción en las pantallas. Hay historias y grandes personajes que parecen encontrar un molde casi perfecto en las series de TV. Y hay, en este momento para ser más precisos, por lo menos dos policiales nacidos de las letras que calzan en un molde que les hace honor: “Justified: Ciudad Salvaje”, y su alguacil Raylan Givens, salido de la pluma de Elmore Leonard, y “Will Trent: agente especial”, con su particular detective delineado por la imaginación de la prolífica Karin Slaughter. Las dos están disponibles en Star +.

Lo de “Justified: Ciudad salvaje” (ocho capítulos disponibles desde el 13 de septiembre), se trata en realidad del regreso del alguacil cuya historia, originalmente emitida entre 2010 y 2015, fue un éxito aquí y sobre todo en los Estados Unidos. Ahora, el hombre reaparece con más canas y las mismas mañas a ejercer su particular sentido de la justicia en un papel que parece hecho a la medida del protagonista, Timothy Olyphant, y su andar de cowboy altanero y despreocupado.


La acción no transcurre en el Lejano Oeste. De hecho es actual, pero hay en el agente federal Givens -un US Marshall, herederos de los sheriffs del Oeste, que lucen una estrella en su placa- algo que recuerda a los vaqueros de Clint Eastwood: modales que parecen suaves, un acento particular, y una ira contenida a punto de explotar. Siempre.


La serie llega en medio de la moda de resucitar series que fueron un éxito en el pasado (con resultados que no siempre están a la altura de sus originales: “And Just Like That”, que viene de “Sex and The City”; el reencuentro de “Friends”, el regreso de los “X Files” o el de las chicas “Gilmore”). Pero el caso de “Justified:Ciudad Salvaje” tiene peso específico, aunque haya algunas subtramas menos logradas. Raylan Givens, y el actor que lo encarna, siguen en carrera, bajo el ala de su sombrero Stetson.


Allá lejos, en la primera temporada de 2010, Raylan Givens cimentó su leyenda cuando acorraló a un asesino en el restaurante carísimo de Miami donde almorzaba, le avisó que si no quería morir ahí mismo debía irse de la ciudad en diez segundos tal como pedía la ley, y luego descontó: 10, 9, 8, 7, 6, y así. El asesino, desafiante y descreído esperó hasta el final de la cuenta regresiva para desfundar. Raylans, vaquero a fin de cuentas, ganó de mano y lo mató. Eso hizo que lo trasladaran, como castigo por sus métodos poco ortodoxos, a su natal Kentucky, en el olvidado sur de los Estados Unidos, donde su leyenda sólo creció mientras resolvía casos y perseguía obsesivamente a su enemigo favorito, Boyd Crowder (Walton Goggins).
El material sobre el que avanza toda la serie es puramente literario: es obra del estadounidense Elmore Leonard, uno de los más influyentes escritores de novela negra y del oeste, admirado por Martin Amis, Quentin Tarantino o Stephen King. La serie se inspira en el relato “Fire in the Hole”, y en su novela “Pronto”.


Leonard, que murió el 20 de agosto de 2013, incluso colaboró como guionista en las primeras temporadas, aunque lo esencial es que su forma de narrar sobrevuela toda la saga: los personajes están hechos a su medida, hablan como a él les gustaba escucharlos, con ese tono del sur.


La materia prima de Leonard, esa que vemos en pantalla, la quisieron muchos: Sam Peckinpah había tratado de llevarlo al cine en los ochenta, y en los noventa, Tarantino también lo pensó aunque al final terminó eligiendo otro libro de Leonard, ‘Rum punch’, con el que hizo la recordada película “Jackie Brown”.


Hubo mas. Los éxitos cinematográficos más notables se dieron en la década de 1990: además de Jackie Brown, están “El nombre del juego” (1995) de Barry Sonnenfeld, y “Un romance peligroso” (1998) de Steven Soderbergh.
Fieles a su origen y con Leonard ya muerto, la nueva temporada de la serie se basa en otro libro del escritor, “Ciudad salvaje”, en el que en realidad no aparece Givens, pero sí una amplia galería de tipos siniestros que se manejan como dueños de casa en la antigua ciudad de la industria automotriz: la ahora desmantelada y desoladora y peligrosa Detroit.


Ahí llega nuestro vaquero, casi por casualidad. Es que el hombre va en camino desde Florida con su hija adolescente (papel que hace la propia hija de Olyphant, Vivian) para dejarla a ella en un campamento para jóvenes problemáticos. Pero un encuentro fortuito con unos matones termina por dejarlos en Detroit. Y ahí las cosas sólo empeoran, como suele ocurrir en los policiales: acribillan a tiros a un juez corrupto y todo se desmadra. Nada es sencillo, cada puerta que se abre conduce a otras puertas que se abren y en cada una hay un malo malísimo esperando. En este caso, el enemigo fuerte es Clement Mansell (Boyd Holbrook), un tipo escurridizo y sin escrúpulos quemata o estafa, o las dos cosas a la vez.


Son ocho capítulos de poco menos de una hora, que alternan la atmósfera oscura y el western, con personajes de esos que hacen que el género policial sea lo que es: una maravilla de adrenalina.


Dislexia y abandono



La de “Will Trent: agente especial”, cuya primera temporada se emitió en julio, también a Star+, y ya tiene asegurada una segunda, es también la historia de un hombre particular. Pero lo que en Raylan Gyvens es ataque, en Will Trent es defensa.


Will creció en los hogares de acogida, fue abusado, lastimado (física y emocionalmente), y nunca consiguió una verdadera casa. Nadie lo quería aunque en el hogar en el que pasó la mayor parte de su infancia y adolescencia le enseñaron siempre a ser pulcro, a andar con un pañuelito recién planchado en el bolsillo y a moverse con cortesía para tentar a alguna familia a quedarse con él. No hubo caso. El abandono es su karma. El abandono y una dislexia que lo marca al punto de ingeniárselas con muchos sistemas para que nadie advierta sus “falencias”.


Para cuando empieza la serie, a Will Trent, agente especial de la oficina de investigaciones del estado de Georgia, lo quieren bastante poco y es más bien resistido por todos sus compañeros que lo llaman “rata” porque acaba de llevar a la justicia un caso de corrupción policial. Él no suma muchos puntos a favor: tiene una actitud un tanto arrogante, se viste con trajes de tres piezas y lleva siempre un pañuelito impecablemente planchado la noche anterior , además de lavarse las manos y ponerse alcohol en gel de modo obsesivo. Por si fuera poco, acaba de heredar una chihuahua de un vecino que murió y como -karma de por medio- le da pena abandonarlo, se queda con “Betty”, que se vuelve su fiel compañera.


Sus métodos son particulares: mira mucho, habla poco, graba sus sensaciones sobre los casos y aunque es evidentemente inteligente, no es infalible.
La serie está basada en la exitosísima saga de libros homónima de la escritora estadounidense Karin Slaughter.
Como antes lo hizo Elmore Leonard, Slaughter participa de la creación de la serie que protagoniza el puertorriqueño Ramón Rodríguez.

Para los que hayan leído los libros de Slaughter y a diferencia de lo que ocurre con el vaquero de Leonard, aquí hay diferencias entre lo que cuenta el libro y el personaje que encarna Ramón Rodríguez. Mientras en el libro Will es atlético, altísimo y rubio, en la ficción no se destaca por ninguna de esas características. De hecho, cuando Rodríguez apareció por primera vez en la pantalla para encarnar a Trent, los fans de la escritora pusieron el grito en el cielo. Pero la actuación del puertorriqueño es tan convincente y llena de matices que pronto revirtió esas opiniones, y la criticas de la prensa fueron sumamente elogiosas para él. Y para la serie en general.

La historia, como muchas de las policiales, ancla cada capítulo en un caso. Pero aquí lo interesante ocurre también en los márgenes del hecho que investigan, en las relaciones que se establecen entre Will Trent y su compañera Faith Mitchell, que primero lo desprecia pero después lo entiende, o con Angie Polaski (Erika Christensen), otra agente de la agencia con la que Will compartió uno de aquellos tortuosos hogares de acogida y a quien ama desde entonces. Y también en los bordes donde aflora el humor: la conciencia de Will de sus manías y sus taras lo hacen un personaje adorable.


Raylan y Will no se parecen en mucho más que su origen literario y en sus poco convencionales modos de resolver los casos. En cualquier caso, hay veces que el ánimo y la actualidad en general sólo piden desconectar, y estas dos series son una garantía.


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