El 18 de abril de 2002 Ivana Rosales había ido junto a su pareja, Mario Garoglio, a Neuquén. Mantuvieron una charla en un café, situado frente a la vieja terminal de ómnibus de la capital. Ella le había manifestado que quería separarse. De regreso a su casa, en Plottier, el hombre se desvió del camino y la atacó. Intentó ahorcarla con un alambre, la golpeó con una piedra en el rostro y en el cráneo y la encerró en el baúl del auto.

Luego se entregó a la comisaría: “Soy Mario Garoglio, golpeé a mi mujer y creo que se me fue la mano”.

La Cámara Criminal Segunda –integrada por José Andrada, Emilio Castro y Eduardo Badano- condenó el 11 de julio de 2003 al hombre a cinco años de prisión por homicidio agravado en grado de tentativa. Nunca cumplió la pena, se dio a la fuga. Reapareció cuando la causa prescribió.

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En el juicio el fiscal Alfredo Velasco Copello sostuvo la existencia de circunstancias extraordinarias de atenuación. Mencionó la “actividad” que realizaba Ivana cuando era soltera (trabajó eventualmente atendiendo la caja en un cabaret en Rincón de los Sauces donde se conocieron), y una presunta infidelidad. “La sinceridad de Rosales, quien le dijo que lo iba a abandonar por otro, tiene que haber movido el ánimo de esta persona (por Garoglio), un hombre dedicado al trabajo”, aseguró en su alegato.

“Yo hice lo posible por mejorar la vida humana de una persona. Fallé. Y encima me hizo cornudo”,
aseguró en el juicio Mario Garoglio.

La defensora Alicia Garayo consideró que su asistido había actuado en estado de emoción violenta y solicitó la pena mínima por el delito de lesiones. Le pidió al tribunal: “juzguen como hombres”.

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El fallo está cargado de sexismo y misoginia. A la hora de explicar por qué Garoglio no tuvo intención homicida (para Andrada y Badano sí la hubo, aunque se acogieron a los atenuantes), Castro ensaya una explicación que la activista feminista Ruth Zurbriggen calificó como “apología del femicidio”: “Cuando le pasó el alambre por alrededor del cuello, pudo muy fácilmente completar la acción de estrangulamiento; pudo incluso dejar el alambre atado, cerrado, de modo que, en todo caso, la acción iniciada completaría su efecto por sí. Luego pudo dejarla tirada donde la agredió, llevarla a un basural o tirarla al río. ¿Para qué cargarla en el baúl del automóvil? (...) tenía un cuchillo de cierta importancia a mano, en el auto (...) con el cual pudo apuñarla o degollarla sin el menor problema. Y no lo hizo”.

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“No le falta un brazo, ni una pierna, ni un pulmón. Tiene leves cicatrices en la cara, pero para el trabajo que tuvo alguna vez, o el que no tiene ahora, no la perjudica”,
dijo Alicia Garayo, quien actuó como defensora de Garoglio.
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Garoglio y su defensora Alicia Garayo.

Castro incluso fue por más: “Si la víctima hubiera sido adúltera, como pretende el muy poco caballeresco golpeador y su defensa, eso habría sido algo que estaba en las probabilidades de la mujer que eligió, características por las que la eligió; de modo que ya eran iniciales, sabidas y consideradas en su decisión. Entonces no se las puede computar ahora como “circunstancias extraordinarias de atenuación”. No se trataría más que de las consecuencias de su propio acto consciente, cuando eligió”.

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En febrero de 2012, diez años después del intento de femicidio, Garoglio fue condenado a cuatro años de prisión por la justicia de Río Negro. Se lo encontró responsable de haber abusado sexualmente de sus dos hijas: Mayka y Abril. Mayka, se suicidó años después, Abril no usa el apellido de quien considera “su progenitor”. En junio de 2013 Garoglio sumó otra condena por incumplimiento de los deberes de asistencia familiar en Neuquén.

“Después de que yo declaré en el juicio, dijeron que era fría y calculadora. ¿Sabés una cosa? Me cansé de ser víctima. No quise presentarme como una víctima. Toda la vida me la pasé diciéndome a mí misma ‘pobre Ivana’. Basta, ya basta”,
afirmó Ivana Rosales luego de conocer el fallo.

La vida de Ivana fue retratada en el documental “Ella se lo buscó”, dirigida por Susana Nieri, producida por Luis Rey y dedicada a Mayka. La película cierra con un mensaje en memoria de la joven.

En 2005 Ivana interpuso una demanda ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), por negación de justicia, con el acompañamiento del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS). Junto al gobierno nacional y provincial trabajaban en una solución amistosa que incluía garantizar políticas públicas en materia de violencia sexista.

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El 6 de septiembre de 2017 Ivana fue encontrada muerta en su casa de Plottier, sin haber obtenido reparación al maltrato institucional recibido. Estaba embarazada. Según la autopsia sufrió una muerte súbita. Tenía epilepsia producto de la golpiza que le había dado Garoglio.

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Abril, de 19 años, es quien lleva ahora el trámite de la causa ante la CIDH. Ella dijo: “La justicia es lenta, a mi vieja se le fue la vida en eso, espero que a mi no me pase. Antes tenía el respaldo de ella y ahora no. ¿Quién me aguanta los trapos? Y me cuesta pero lo hago”.

Estela Cavazzoli y Judith Flandez, amigas de Ivana, la recuerdan

Créditos:

Videos: Sofía Schmidt | Matías Subat

Producción: Guillermina Watkins

Diseño web: Mario Ñehuen

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