Estanciera
la peña
jorge vergara jvergara@rionegro.com.ar
Me enteré del proyecto de reflotar la gloriosa Estanciera, ese vehículo capaz de transportar a diez o más personas, casi indestructible y muy popular. Y más allá del sesgo político del trascendido, lo cierto es que no me imagino el vehículo situado en un tiempo, en una época, transitando las calles de la actualidad. No por eso dejará de ser posible. Ocurre que quienes tenemos casi medio siglo de vida, crecimos en parte viendo en las calles a las estancieras, los Ford Falcon, Chevrolet Súper, Chevy, los Citroën 3 cv, las camionetas F100 y una larga lista de vehículos que ya casi desaparecieron de las ciudades. Días atrás, el diario Infobae publicó una nota donde sostiene que “Alejandro Robba, economista de La Gran Makro, una agrupación de profesionales afines al gobierno, sugirió reavivar la industria local a través de la fabricación del vehículo argentino”, que básicamente implica desempolvar el modelo de la vieja Estanciera, lanzarlo a la calle bajo el lema “Nacional y Popular”. El sitio Coche Argentino cuenta, referido a la historia de la Estanciera, que en 1957, salió de la línea de montaje Industria Kaiser Argentina, la primera Estanciera, primera rural fabricada en el país, ofrecida en versión tracción simple y doble tracción. utilizando el mismo motor IKA 6L-226. En 1959 se lanzan dos derivados de la Estanciera, la pick-up Baqueano y el furgón Utilitario. A partir de 1965 se modifica la motorización, utilizando el motor Tornado, se cambia el tren delantero rígido por suspensión independiente y adoptándose el parabrisas y la luneta enterizos. En 1966 se efectúa el cambio más grande, codificándose la trompa por la que había sido diseñada por Willys Overland do Brasil, de ahí que se conoció popularmente como “Estanciera Brasileña”. En 1970 IKA-Renault decide dejar de producir la Estanciera con más de 71.000 unidades fabricadas. Sin dudas fue un vehículo de mucho éxito en el mercado de los automóviles en el país. Se utilizó como taxi, para eso venía una versión de tres puertas, como ambulancia y como vehículo de trabajo. Recuerdo que en casa mis padres tenían una que lo único que no hizo fue trabajar como ambulancia, porque del resto la vi en muchísimas actividades, todas relacionadas con la vida familiar. Era dura, muy dura, agarrar un pozo con ella implicaba que se te movieran hasta los dientes, que se cayeran los anteojos y que temblara toda. Pero nunca se rompía, llegaba siempre, a veces tarde, pero llegaba. Los viajes familiares daban para invitar algunos más, había espacio para amigos, para traer la verdura de la finca del abuelo, la leña y hasta para el perro. La Estanciera ocupaba lugar en nuestros afectos también, porque era un vehículo de una fidelidad increíble. Había que bancarse el confort básico, pero era una garantía de llegada. Eso sí, cuando te bajabas de la Estanciera y te subías a un auto como el Falcon o el Chevrolet Súper parecía que entrabas al mundo de la modernidad, porque las puertas tenían tapizado, la Estanciera apenas cartón prensado pintado del color de color, el tablero del auto tenía varios relojes, la Estanciera apenas el de la velocidad y la nafta todos en uno grande ubicado en el medio del volante. Para la versión dos puertas el asiento del conductor era levantable para permitir el acceso a los que viajaban atrás. Y en la tercera parte, destinada la carga, se podía poner de todo, y de todo era de todo, leña, animales, equipaje, carga de cualquier tipo, bicicletas, heladeras y hasta plantas. Si resurge será como volver al pasado, pero supongo que con un poco más de tecnología. La Estanciera ya forma parte de la historia de mucha gente, formó parte de sus vidas, de sus trabajos.
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