Sol y piel después de los 60: cuidados esenciales para evitar daños

El sol intenso del verano exige mayores precauciones, especialmente en la piel madura. Claves fáciles de aplicar para evitar riesgos innecesarios.

El verano invita a pasar más tiempo al aire libre, pero también expone la piel a una radiación solar más intensa. En las personas mayores de 60 años, este factor requiere cuidados específicos, ya que la piel atraviesa cambios propios de la edad que la vuelven más vulnerable frente al sol.

Con el tiempo, la piel va perdiendo espesor y capacidad de recuperación, lo que aumenta la posibilidad de sufrir quemaduras, alteraciones en la pigmentación y daños que pueden avanzar de manera silenciosa. La exposición acumulada a lo largo de la vida tiene un peso importante: muchas lesiones cutáneas no se manifiestan de inmediato, sino que aparecen después, por lo que la prevención sigue siendo fundamental aun en edades avanzadas.

El protector solar cumple un rol central en este cuidado, pero su uso no debe limitarse a los momentos de ocio. Aplicarlo a diario, incluso para actividades comunes como caminar, hacer trámites o realizar compras, es una de las medidas más efectivas para reducir el impacto de la radiación.

El daño solar no siempre es visible de inmediato. En muchos casos, la radiación genera lesiones internas que pasan desapercibidas, lo que refuerza la importancia de sostener la prevención y complementar el cuidado diario con controles médicos regulares.

Además del uso de protector, la vestimenta y los accesorios funcionan como una barrera física frente al sol. Sombreros, anteojos con filtro UV y ropa adecuada ayudan a limitar la exposición directa y a disminuir los efectos nocivos.

Proteger la piel después de los 60 no implica dejar de disfrutar del verano, sino adoptar conductas responsables que permitan cuidar la salud y el bienestar a largo plazo.


Recomendaciones para proteger la piel del sol después de los 60


  • Usar protector solar todos los días.
  • Reaplicar cada dos horas si se permanece al aire libre.
  • Evitar la exposición directa entre las 10 y las 16 horas.
  • Utilizar sombreros y anteojos con filtro UV.
  • Elegir ropa clara, liviana y que cubra brazos y piernas.
  • Mantener una adecuada hidratación diaria.
  • Observar la aparición de manchas, lunares o cambios en la piel.
  • Consultar al dermatólogo de forma periódica.

Son los hábitos simples y sostenidos los que permiten reducir de manera significativa los riesgos asociados al sol y prevenir daños que, en muchos casos, pueden ser irreversibles.


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