Estrategias nulas a la informalidad


Durante más de un mesa fracasaron los mecanismos de respuesta que se aplicaron en una protesta por fuera de lo institucional.


El escenario político y social de Neuquén es dinámico y la formalidad democrática de los órganos de debate y decisión quedaron en la parte donde se acomodan los asistentes para ver la realidad. Las tablas fueron ganadas por un nuevo grupo social denominado autoconvocados que comenzó con un gran consenso social hace un año cuando se los llamaba héroes al estar a cargo de darle alivio a quienes transitaban el coronavirus. Tras 40 días de reclamos, apelaron a la emotividad y se agenciaron un inescrutable aval.

“No sirve de nada esconder lo que está mal debajo de la alfombra, porque para solucionar un problema el primer paso es reconocerlo”. La frase corresponde al gobernador Omar Gutiérrez y la dijo hace tres años, en otro contexto claramente friendly. Lo que faltó en estos 40 días es eso, reconocer que había un problema o intentar abordarlo con herramientas de la formalidad cuando justo lo que no tenía el grupo que protestaba era esa condición.

Es probable que, como todo movimiento social, hay un liderazgo que bajo el paraguas de la protección a un sector desatendido como el de la salud ganó adeptos. Un decisión que se adoptaba en el centro político de Neuquén capital, como es el hospital Castro Rendón, se replicaba en minutos en sitios lejanos como Andacollo o Rincón de los Sauces.

La primera reacción oficial fue el desconocimiento en función de que se había llegado a un acuerdo con los actores de la formalidad institucional. Allí se pecó de incomunicación porque no se supo, no se pudo o no se quiso ser demasiado explícito con la realidad financiera de la Provincia y hasta donde podía llegar “el máximo esfuerzo”. Se desdibujó una primera estrategia con el gremio de los docentes porque se accedió al reclamo por una supuesta mejora de los ingresos producto del aumento de las regalías.

La segunda reacción fue esperar “el primer pago” pero como en Estado las decisiones se desdibujan se hicieron descuentos que fue como llevar fuego a la pólvora seca como decía Felipe Sapag.


Las minorías políticas jugaron el papel al que se los delegó en cuanto a la testimonialidad de los planteos pese a tener más representación legislativa


En junio de 1996 pasaron seis días desde que comenzó la pueblada hasta que Sapag aterrizó en Cutral Co y se sometió a que lo vapulearan hasta la falta de respeto “de sus vecinos”. El año pasado, Gutiérrez demoró 13 días en reconocer el problema de los mineros y ahora tocó el récord de 40 días.

Las minorías políticas que conviven bajo el gazebo de “la oposición” sintió el rigor de quien administra el poder y quedó desorientada. El MPN se abroqueló, se expidió, y blandió todos los esquemas de presión visibles, como no dar quórum en una comisión, hasta los invisibles que están en la telaraña de intereses cruzados con los aliados y los opositores dependientes. De todas formas eso se sabía.

Un toque de sentido común destacable tuvo la senadora Silvia Sapag quien llamó al jefe de gabinete, Sebastián González, y se aseguró el compromiso de que el viernes no se iba a usar la fuerza pública para desalojar los piquetes. Descomprimió un innecesario escenario de tensión en la vereda de la Casa de Gobierno.

Cuando era gobernador Jorge Sapag se desarrolló la huelga policial, también por fuera de los carriles institucionales porque la fuerza no puede agremiarse. En ese momento le cupo al entonces ministro de Economía que era Omar Gutiérrez, transitar el camino del sentido común y reconocer el problema porque aducía que, de crecer la protesta, se produciría una situación institucional con una de las herramientas del Estado en términos de definición.

La pandemia trastocó los límites y también los actores que empujan del escenario institucional a los actores reconocidos. La protección de los organismos democráticos quedó a un costado si éstos no asumen el papel para el que los vecinos los votaron, reconocer los problemas en una primera instancia.

Un escenario distinto con planteos de desafíos y un auditorio más exigente.


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