¿Extenderá Kirchner su mano?
Las abejas y las hormigas, criaturas políticas según Aristóteles, tienden por naturaleza al beneficio privado, pero al mismo tiempo persiguen la ganancia para las comunidades que las cobijan. Hacen coincidir ambas facetas positivas, a diferencia de los humanos que, más pasionales que racionales, se la pasan compitiendo y separándose a causa de intereses muchas veces mezquinos.
Después de la hecatombe del 2001 y la traumática transición encabezada por Eduardo Duhalde, con una economía encauzada y en crecimiento, se celebraron las primeras elecciones de renovación legislativa, que le dieron un respaldo categórico al gobierno.
Inmediatamente, el embajador del país más poderoso de la tierra, el norteamericano Lino Gutiérrez, tras abrirle también el crédito hasta 2007, se preguntó si el presidente Néstor Kirchner, tendrá o no un comportamiento magnánimo.
La reacción en público del pingüino al que no dejaron solo -en privado se permitió desatar la euforia por un día- estuvo muy lejos de ser triunfalista. En privado, hasta reprendió al ministro del Interior, Aníbal Fernández, por instalar fuera de tiempo y lugar a Cristina Fernández de Kirchner como presidenciable, cuando ese es un tema que se lo reserva. No obstante, la interna palaciega que ningún rédito le depara a la ciudadanía, deja una borra: los analistas ya empiezan a elucubrar con la reelección y eso no lo para nadie.
Salvo el traspié de Aníbal -hoy un blindado que defiende la marca «K»-, el resto de los miembros del elenco oficial guardaron las formas. En su noche de gloria, Cristina advirtió que no hay que creérsela: nadie es eterno -dijo- no hay victorias personales, ni individuales, ni figuras rutilantes. Hay gente que acompañó un proyecto para cambiar.
Uno de los hombres más influyentes de la Rosada -quejoso con la prensa-, le confió a este diario que hasta después de la IV Cumbre de las Américas de Mar del Plata se «tamizarán» los resultados para hacer una lectura correcta y producir incorporaciones al gabinete, algunos de cuyos miembros se preparan para enroca Habrá sorpresas, adelantó y sugirió que se convocarán figuras no peronistas. Alfonso Prat Gay, por caso, sondeado por Alberto Fernández para «vender» a la Argentina desde la Cancillería.
Un diputado del «partido del gobierno» adelantó su óptica: la gente votó a Kirchner, a su estilo confrontador y ahora, con los duhaldistas girando como un trompo, habrá que salir a buscar consensos. «El presidente no nos enseñó a manejarnos así, pero lo haremos luego de quedarnos con todos los puestos de mando y las comisiones», delineó.
Carlos Kunkel, subsecretario presidencial, le fijó al duhaldismo las condiciones de la rendición, le dijo no al neoliberalismo -Kirchner en su primer mensaje habló de keynesianismo y medidas económicas heterodoxas- e insistió en que «seguimos siendo peronistas», pese a que la estrategia es darle relieve al Frente para la Victoria como elemento superador y de apertura a radicales, socialistas e independientes.
Otro futuro diputado explicó que no es que Kirchner haya aumentado su poder, sólo se legitimó por las urnas ¿Va a seguir peleándose con todos, imitando al escorpión que envenenó a la rana en medio del río, respondiendo a su impulso? No -contesta- tenderá su mano y enfrentará a quien lo enfrente. Me parece -agregó- que empezará a juntar heridos del peronismo y la oposición igual que hizo cuando gobernaba Santa Cruz.
A los gobernadores, Kirchner les adelantó que no enfriará la economía y que seguirá adelante con el plan de obras públicas. Felicitó a intendentes y legisladores. A Miguel Pichetto, le reconoció el triunfo en Río Negro, en especial en Bariloche y el surgimiento de Silvina García.
Pichetto contó que se viene una amnistía amplia en el PJ y que se avanzará con una nueva conducción, retomando «la vieja idea del movimiento nacional de Perón». Eso sí, nada que ver con el menemismo y el duhaldismo como fenómenos de concentración de poder.
Los bloques parlamentarios llevarán el emblema PJ-Frente para la Victoria. El debate sobre la orientación ideológica promete algunos chisporroteos, aunque nadie osará insubordinarse a Kirchner. Los gobernadores de Buenos Aires mantuvieron un sutil contrapunto. Felipe Solá, opinó que el pueblo no está interesado en que «K» sea titular del PJ que en su concepto es menos que el Frente, virado a la izquierda. José Manuel de la Sota, más conservador, le insistió que asuma el liderazgo partidario y que promocione un modelo de producción, justicia y trabajo.
Agotados tal como se los conoce hasta aquí, el PJ y la UCR (Raúl Alfonsín también tiró la toalla como Duhalde), se buscará la construcción de nuevos espacios. Kirchner es promotor no de un esquema a lo Hugo Chávez, sino parecido a la Concertación Democrática de Chile.
El 23 de octubre, Kirchner le confió a un funcionario que observaba a Mauricio Macri como el exponente de la oposición de derecha, similar a la que ejerce Joaquín Lavín, en el país trasandino. «A él le falta contenido y nosotros somos la contracara», expuso.
Macri, que arrimó a escondidas el bochín hacia el vicepresidente Daniel Scioli (en los hechos, disciplinado con la Rosada), tratará de ir armando un alternativa nacional, para lo que seguirá buscando apoyos empresarios. Algunos lo proyectan como un «Berlusconi argentino», pero habrá que ver que hace cuando se decida a construir (su asesor ecuatoriano Jaime Barba Durán le aconsejó que se mantenga ambiguo durante un tiempo), junto con el neuquino Jorge Sobisch y el desconsolado Ricardo López Murphy.
Como se apuntó más arriba, Estados Unidos manda señales de apoyo en vísperas de nuevos cabildeos con el FMI. Kirchner se verá esta semana con George Bush en Mar del Plata. El norteamericano lo había alentado a negociar duro con los acreedores y el argentino se alineó en la lucha antiterrorista. El viernes criticó al presidente de Irán por haber alentado a la desaparición del Estado de Israel.
El horizonte se avizora teñido de «realpolitik». Si Bush dice que Kirchner cumplió con la palabra empeñada en el 2003, el pingüino estimará que obtuvo un éxito monumental.
Muchos duhaldistas piden pista en el kirchnerismo. Hugo Curto, el intendente de Tres de Febrero, es uno de los que hizo punta, junto con Graciela Camaño, ex secretaria del bloque del PJ de Diputados.
Como observador privilegiado, el Nobel de Literatura José Saramago, militante del comunismo, lamentó el pronunciamiento del pueblo argentino. «Lula no es de derecha. Tabaré no (es de derecha). Kirchner, bueno -dudó risueñamente ante un periodista-, dice que no es de derecha».
ARNALDO PAGANETTI
arnaldopaganetti@rionegro.com.ar
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