«Fehlleistung»

Sigmund Freud acuñó el término «Fehlleistung» para designar procesos mentales inconscientes, que se hacen visibles como «meteduras de pata» en medio de actos conscientes. ¿Puede tal yerro surgir ya no en un individuo, sino a la vez y en común a todo un grupo de personas atravesadas por la política? ¿Se escandalizaría con esta idea el padre del psicoanálisis? En fin. Esta no pretende ser una nota de tono académico, de modo que apelará a la generosidad del lector por ciertas licencias…

En «Psicopatología de la Vida Cotidiana», Freud se ocupa de demostrar que los «actos fallidos» son acciones defectuosas, que no provienen de la casualidad o el descuido, sino de deseos o pensamientos inconscientes que afloran burlando los propios mecanismos de autocensura.

Podría decirse que son un «fallo» que revela intenciones inconfesadas, incluso para el propio protagonista. Veamos…

Entre las negociaciones por un nuevo estatuto del trabajador municipal, se barajan proyectos para crear una junta de admisión, calificación, ascenso y disciplina.

Este cuerpo fijaría los modos y alcances de los concursos de ingreso; evaluaría a los concursantes o designaría al tribunal con ese fin; fijaría criterios para ascensos y sería instancia de apelación. Los hay en otros muchos municipios.

Aquí, los proyectos de la intendencia y los gremios proponen una integración similar: el intendente como presidente; un representante por cada organización sindical; uno por los no agremiados (no incluido por ATE); uno por bloque del Deliberante; un abogado y otros cuatro miembros nombrados por la intendencia.

Si se repasan la sensibilidad de los objetivos de la futura junta y su amplia integración, no podría menos que admitirse el espíritu democrático que anima a los proyectos en danza. Consenso y no capricho, podría decirse.

Pero echemos un vistazo a lo que ocurre en el sector privado cuando se trata de asuntos similares. En empresas modernas y de cierta envergadura, hay un área de recursos humanos que humaniza relaciones con el personal pero evalúa desempeños junto a los jefes de área; propone mecanismos para mejorar la labor y sugiere premios y castigos, más allá de respetar las obligaciones de los convenios colectivos cuando existieren.

Los accionistas confían en las decisiones de los equipos de recursos humanos, conformados por profesionales. Y es que si se equivocan más allá de un mínimo margen, el camino es muy corto: los evaluadores pierden el trabajo.

Volvamos al municipio. Sobre la democrática integración propuesta para la junta pareciera subyacer la desconfianza, cimentada en años de excesos entre políticos y estatales.

La integración es tan «representativa» que se torna corporativa. Acaso porque se desconfía en depositar la responsabilidad en unas pocas personas preparadas para medir el rendimiento laboral, tratándose el estado en la Argentina de un colectivo atravesado por históricas pujas de privilegios e injusticias.

Entonces, se equilibran las cargas con un voto por cada actor o sector, para que nadie se pase de listo. ¿Pero es ese un buen sistema, cuando se trata de ponderar capacidad, eficiencia y condiciones en sintonía con esas cualidades? ¿Habrá en la bastedad de representantes propuestos un temor profundo a padecer injusticias o a perder privilegios? ¿Será la desconfianza un motor inconsciente, que aflora aunque mimetizado en el consciente y formal acto de crear una junta de calificación y disciplina?

A propósito. No es fácil pronunciar Fehlleistung; doy fe.

Fernando Bravo


Sigmund Freud acuñó el término "Fehlleistung" para designar procesos mentales inconscientes, que se hacen visibles como "meteduras de pata" en medio de actos conscientes. ¿Puede tal yerro surgir ya no en un individuo, sino a la vez y en común a todo un grupo de personas atravesadas por la política? ¿Se escandalizaría con esta idea el padre del psicoanálisis? En fin. Esta no pretende ser una nota de tono académico, de modo que apelará a la generosidad del lector por ciertas licencias...

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