Fracking en la cuenca del río Negro
MARIO DE REGE (*)
Seguramente los rionegrinos coincidimos en que la principal riqueza de nuestra provincia son sus recursos hídricos, sus ríos, lagos y acuíferos subterráneos. Además, el hídrico es un recurso que va a permanecer en el tiempo. En efecto, los 930 metros cúbicos por segundo de caudal promedio del río Negro servirán por muchas generaciones para regar hasta un millón de hectáreas, además de otros usos, y seguirán estando disponibles si los cuidamos. No así otras riquezas muy importantes como los hidrocarburos, que se agotarán, más tarde o más temprano. El análisis de la viabilidad de los controles del fracking, su área de jurisdicción y su instrumentación se constituyen así en el tema central para tomar las decisiones sobre qué hacer en esta materia tan trascendental en lo económico y lo ambiental, cosa que hasta ahora a mi modesto entender no está sucediendo. Debemos tener en cuenta que, aun con controles eficientes, esta técnica está discutida en lugares como Estados Unidos o Europa. El tema de la explotación de yacimientos de hidrocarburos no convencionales o fracking, donde la baja permeabilidad del sistema, ya sea arena o arcilla, del yacimiento hace necesaria la ruptura hidráulica generalizada de la misma; significa la utilización de grandes cantidades de agua mezclada con productos químicos y plantea un desafío al control necesario de parte del Estado. Una fracción de esa cantidad de agua con productos químicos retorna a la superficie y debe ser tratada adecuadamente, cosa que muchas veces no se ha hecho convenientemente en nuestro país. Entonces, el primer punto es la toma de decisión de la aprobación de la utilización de una tecnología distinta de la tradicional, donde había fractura hidráulica, pero ésta no era masiva como la utilizada en el fracking. El paso siguiente, si se aprobara la tecnología de la fracturación hidráulica o fracking, sería analizar cómo deberían ser los controles. Debemos tener en cuenta, en primer lugar, que si hay algo que caracteriza al fracking son los números grandes. Números grandes de todo, de químicos aplicados, de agua, de dinero, todo un desafío para que pueda haber buenos controles, de excelencia. Debemos aquí señalar que el concepto principal de la gestión de los recursos hídricos es considerar a las cuencas como un todo único e indivisible. En ese sentido es vital señalar que el famoso yacimiento de Vaca Muerta está ubicado en la provincia del Neuquén, pero dentro de la cuenca de los ríos Neuquén, Limay y Negro y, por consiguiente, las consecuencias ambientales de su explotación abarcarán inevitablemente a los habitantes de la provincia de Río Negro, por lo que no resulta válido decir que nos quedemos tranquilos que no va a haber fracking en Río Negro. Todo lo que suceda en el Neuquén llegará a Río Negro y, además, ¡lo hará rápidamente! Por eso el control debe incluir la participación de la Provincia de Río Negro. Si no fuera así, sería claramente contrario a los intereses de los rionegrinos; como además debe haber independencia técnica que la separe de decisiones políticas mal entendidas. Ya hemos visto cómo el control de los caudales que erogan las represas, que hasta hace poco eran manejados con un altísimo nivel de excelencia técnica, hoy son subordinados políticamente por la Secretaría de Comercio y la Secretaría de Energía, para quienes la prioridad es el abastecimiento energético por sobre las condiciones de seguridad. Esta subordinación de intereses y de convicciones nos puede llevar a malos resultados. Hay proyectos que incluyen la fractura hidráulica al lado del río, como el caso de Allen (el de Apache por ejemplo) u otros que están más lejos del río Negro pero dentro de la cuenca. No deberíamos entrar en polémica sobre si hay proyectos; el ocultamiento de información no es buena práctica, como sucedió en su momento con los problemas de seguridad en El Chocón, que como después se demostró era mucho mejor no ocultar nada y sí en cambio proceder a las medidas correctivas y el estricto control. Río Negro tiene una historia buena y rica en la defensa de su agua, un ejemplo fue el debate sobre la disposición de los efluentes de la planta de Alpat, en San Antonio, que incluyó a las ONG, a los ciudadanos individualmente y al Estado rionegrino, y con un resultado que preservó nuestro mar, cambiando el proyecto original que preveía el vuelco al mar. Hoy la planta funciona volcando su efluente en lagunas impermeabilizadas ubicadas en el Bajo El Riñón, dentro del continente, lejos del mar. No olvidemos que en otros lugares del mundo como Brasil, Italia y Turquía hoy se están arrepintiendo de haber volcado al mar el efluente de plantas de soda solvay similares. Estamos a tiempo, no olvidemos nuestra tradición. Pero tenemos que actuar rápidamente. Río Negro tiene que hacerlo mucho más firmemente en este tema, que es de gran envergadura económica y ambiental. (*) Ingeniero Civil Orientación Hidráulica, exvicegobernador de Río Negro 2003-2007, exsuperintendente del Departamento Provincial de Aguas 1998-2003, exrepresentante de Río Negro ante la Autoridad Interjurisdiccional de Cuencas de los Ríos Neuquén, Limay y Negro 1997-2003, expresidente del Consejo Profesional de Ingeniería y Agrimensura 1989.