Guitarras, pinceles y…
EN CLAVE DE Y
MARÍA EMILIA SALTO bebasalto@hotmail.com
Dentro de pocos días habrá dado a luz el primer CD de canciones producto del taller que hace tres años, funciona en la Fundación Margarita. Ya sabe, la Fundación que lleva el nombre de mi madre. Hace unos minutos, mi amigo Guillermo, también como yo, integrante de la Fundación, me hizo escuchar por teléfono parte de esa música gestada y construida por niños, niñas y jóvenes dirigidos por Raúl “Pol” Guerrero. Este taller empezó con pocos integrantes y al cabo de un año, Pol (que me aclaró, quiere decir “negro” en mapuche) enseña y congrega tanta gente que ocupa varios turnos. Que se manejen con la tradicional guitarra criolla indica que aprenden música folclórica argentina, sin que los limite este género musical: hemos asistido a cumbias, rock, sambas y otros ritmos que superan cualquier caracterización. ¡Ah, esas voces llegadas de barrios lejanos, infaltables llueve o truene, generando un espacio donde la música se hermana con la amistad, la solidaridad, la alegría! Es hermoso, y tenía que compartirlo con usted. La música se encuentra con la pintura, en el mismo espacio de la Fundación, y este otro grupo de adolescentes ya ha generado varios cuadros colectivos y cada uno lleva a su casa su producción, e imagino el orgullo de colgar en los muros familiares algo hermoso, preciso, hecho por un pibe o una piba que además, explica con autoridad qué pintura usó, cómo se empieza, qué se seca primero… Si usted pasa alguna vez por Sáenz Peña 56 de Cipolletti, estoy segura que sus ojos estarán deleitados con un mural hecho por este taller, y que refleja un mundo de colores con una palabra que eligió el grupo por unanimidad: paz. Irene Mosiuk, la profe inicial y responsable de este mural –que, dicho sea de paso, los divirtió mucho, tarros, escaleras, galletitas, carcajadas–, ya no está. Ahora los dirige Malena Piergentili y están produciendo además de cuadros, trabajos de texturas y otras variantes que esas manitos sin prejuicios crean y celebran. Y… el taller de apoyo escolar. Acotado a algunas materias, claro, porque es la primera experiencia y nos ayudan docentes de la Facultad de Ciencias de la Educación. Ya se ve la necesidad de incursionar en las ciencias “duras”: matemáticas, física, química. Idiomas. Ya llegará. Hace un par de años, la Fundación Margarita hizo una experiencia en Villa Regina, participando más de cien alumnos y alumnas, de ésos que cierta clase de docentes califica como “irrecuperables”. Todos se iban a examen. El nivel de aprobación fue del 80%, y a algunos, visualizando el profeso-rado que algo pasaba, que iban mejorando tanto su rendimiento en clase, les dieron varias oportunidades para evitar el examen. Lo evitaron. Por cierto, y digan lo que digan y discutan lo que discutan, se supone que van al colegio para aprender y no necesitarían ningún apoyo extra, salvo excepciones. Bueno, no es así. La realidad es que lo necesitan y cuando lo tienen, con respeto, con cariño, con valoración de sí mismos, levantan vuelo y absorben como una esponja los conocimientos. Si nos quiere ayudar en las ciencias “duras”, no tiene más que decirlo. Hay otras actividades y muy importantes en nuestra Fundación, que tienen que ver con la realidad económica de tantas personas: necesidad de créditos, de trabajo, de vivienda… vamos bien, sí que vamos bien. Hoy quería contarle de lo que llamamos “la democratización de la cultura”, las artes llegando, ojalá que a muchos más, a quienes miran los cuadros o compran un CD de otros. Bueno, ahora escucharán sus propias canciones y expondremos sus cuadros. ¿Cuál es el límite? No hay límite.
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