Heridas

Estados Unidos cerró ayer uno de los episodios postelectorales más dramáticos de su historia, pero los efectos negativos de la crisis en el sistema político, judicial y en la imagen del país permanecerán por algún tiempo.

Aunque la reacción de los dos partidos ha sido moderada y cauta, los estadounidenses muestran más pasión y demostrado que el país está dividido profundamente en dos bandos casi exactos y muy antagónicos.

A Bush, de 54 años, le queda la gigantesca tarea de restañar las heridas, reunificar a la nación y despejar en menos de 4 años la incógnita de la aparente ilegitimidad de su mandato.

A la Corte Suprema, la catedral de la justicia estadounidense, le quedará la imagen de haber facilitado el camino de Bush antes que la defensa constitucional del respeto de cada sufragio.

Aunque tradicionalmente los estadounidenses respaldan a su nuevo presidente, los expertos consideran que la decisión del Supremo puso un pesado fardo sobre la Presidencia de Bush desde el principio, pese a contar con la mayoría en el Congreso.

Bush será el primer candidato desde 1888 que pierde el voto popular pero se hace con el voto electoral y por ende la Casa Blanca.

Los republicanos controlarán las dos cámaras del Congreso, pero también se verán sometidos a la presión de los demócratas, a los que sacan muy poca diferencia y que están heridos por la batalla legal.

La decisión llevó a este país una extraña mezcla de confusión, decepción y alivio al ver que la batalla legal finaliza, y también da paso a la reflexión sobre un sistema electoral que puso al país más poderoso del mundo en el centro de críticas que está más acostumbrado a hacer que a recibir.


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