Cuando el río dejó de ser frontera

La inauguración del puente Paso Córdoba en 1969 transformó un antiguo reclamo del Alto Valle en una obra emblemática que cambió para siempre la forma de cruzar el río Negro y de conectar la región.

Durante décadas, el río Negro fue límite natural y obstáculo para el crecimiento regional. El 23 de junio de 1969, a 12 kilómetros al oeste de General Roca, esa frontera empezó a desdibujarse con la habilitación del puente Paso Córdoba, una obra récord que no solo modificó el mapa vial de la provincia, sino que dejó una marca profunda en la historia del Alto Valle.

Con sus 534 metros de longitud, superó al puente de General Conesa (398,40 metros) y al basculante de Viedma, que supera los 200 metros. La estructura se desarrolla en 15 tramos de 35,60 metros cada uno. La calzada posee un ancho de 8,30 metros, acompañada por veredas laterales de un metro, protegidas por barandas de hormigón armado premoldeado. La altura sobre el nivel del río varía entre los 7 metros en la margen norte y los 13 metros en la margen sur.

Un aspecto del puente ya completamente terminado, antes de su habilitación (Archivo Diario Río Negro)

Ingeniería del Paso Córdoba: pilotes, vigas pretensadas y sistema Freyssinet

Las fundaciones del puente están formadas por pilotes de hormigón armado de entre 0,80 y 0,90 metros de diámetro, con profundidades de entre 10 y 20 metros, empotrados tres metros en la capa de arenisca compactada del lecho del río. Cada pila se apoya sobre entre seis y ocho pilotes, garantizando estabilidad estructural y resistencia hidráulica. Estos trabajos fueron realizados por las empresas Rodio y Franki.

La superestructura está compuesta por 45 vigas principales construidas mediante el sistema Freyssinet de hormigón pretensado. Esta tecnología permitió aumentar la capacidad portante del tablero y reducir deformaciones. Además, el puente cuenta con juntas de dilatación que absorben los movimientos provocados por los cambios de temperatura.

La obra fue contratada por la Dirección Nacional de Vialidad a la empresa Ingeniero Carlos A. Bacigaluppi S.A., con una inversión total de 330 millones de pesos de la época.

Un reclamo histórico del Alto Valle que impulsó la obra

El presidente Arturo Illia coloca la piedra fundamental del puente en octubre de 1964 (Archivo Diario Río Negro)

La construcción del Paso Córdoba respondió a un histórico pedido de los habitantes de General Roca y de las localidades del sur rionegrino para contar con una vía directa de integración regional.

Las gestiones comenzaron durante el gobierno provincial de Carlos Ch. Nielsen, impulsadas por sus ministros Julio Rajneri y Alberto Rionegro. Uno de los principales desafíos fue devolver la ruta 242 a la jurisdicción nacional, condición necesaria para que Vialidad Nacional pudiera intervenir.

Tras reuniones con el ingeniero Laysecca, presidente del organismo vial, se concretó un encuentro decisivo con el presidente Arturo Illia, junto al gobernador Nielsen, el senador José Enrique Gadano y el diputado Luis Arias. Poco tiempo después se formalizó el convenio interinstitucional, se llamó a licitación y el 19 de octubre de 1964 se colocó la piedra fundamental. Cinco años más tarde, el Paso Córdoba quedó habilitado, consolidándose como una obra estratégica para el desarrollo del norte patagónico.

Hoy, más de cinco décadas después de su inauguración, el puente Paso Córdoba continúa siendo una pieza clave de la red vial rionegrina. Por su traza circulan a diario vehículos particulares, transporte de carga y producción regional, consolidando su rol estratégico en la conexión entre el Alto Valle y el sur provincial. Lejos de ser solo una obra histórica, el viaducto sigue cumpliendo la función para la que fue concebido: acortar distancias, integrar territorios y sostener el movimiento económico y social de la región.

Vista actual del puente Paso Córdoba

Durante décadas, el río Negro fue límite natural y obstáculo para el crecimiento regional. El 23 de junio de 1969, a 12 kilómetros al oeste de General Roca, esa frontera empezó a desdibujarse con la habilitación del puente Paso Córdoba, una obra récord que no solo modificó el mapa vial de la provincia, sino que dejó una marca profunda en la historia del Alto Valle.

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