Historias patagónicas: Fracaso de un rescate entre los hielos
Los cuerpos de los alpinistas italianos caídos en Tronador no fueron hallados, pero nació la Comisión de Auxilio y se plantearon las primeras normas preventivas.
«Mirando hacia el ventisquero de Casa Pangue, en el bajo pude ver una luz muy intensa de gente acampada», escribió después Germán Claussen, el primer vencedor del Tronador. Esa frase se transforma en estremecedora si se piensa que representa la visión del primer hombre que plantó sus pies en esa cumbre y permaneció toda la noche del 29 de enero de 1934. Imaginarlo solo en el pedestal implica sentir una sensación abismal.
Como residente de Bariloche, Claussen cumplió en no dejar arrebatarse la hazaña por alguna de las dos expediciones italianas en marcha, que los andinistas locales entendieron como un desafío. El gran fuego del Casa Pangue pertenecía al campamento base de la expedición de Matteoda y Durando -que morirían entre los hielos sólo seis días después-, dos de los cuatro italianos que componían la primera expedición arribada.
El escalador romántico
Claussen, «enamorado de Luisa Capraro», como sostenía Otto Meiling, contó haber dejado cerca de la cumbre un alambre «con un cacho de huemul…y una tablita de ciprés cepillada en una extremidad en la que escribí mi nombre, un verso y la fecha», informó casi romántico. A la mañana encaró el peligroso descenso por los hielos, pernoctó otra noche en la montaña y el 31 bajó a Pampa Linda donde se enteró que el presidente del CAB Dr. Neumayer había subido para un nuevo intento con el ingeniero Eduardo de la Mote y el peón Luis Goye. Volvió a la montaña y pasó el primero de febrero con ellos en la «cueva de Meiling». El 2 se despidió entregándoles un pato asado que sobraba en su mochila y emprendió la travesía hacia Bahía López donde resplandecía el hotel de la Sucesión Capraro regenteado por Luisa, la hija del trágicamente desaparecido Primo Capraro (se suicidó un año y tres meses antes). Llegó a la encantadora bahía frente al paredón del cerro López, se abrazó con Luisa y el domingo 4 de febrero llamó por teléfono a la gente del CAB: Frey y Otto Meiling lo fueron a buscar.
Ese mismo día empezaba la tragedia de los italianos y a la vez el Dr. Neumeyer y el ingeniero ferroviario De la Mote escalaban en dirección al Promontorio, escolta de la cumbre Internacional del Tronador. Siguieron las huellas talladas por Claussen en el hielo. Pero los hizo desistir la misma tormenta fatal para Matteoda y Durando. El jueves 8 Claussen dio la charla sobre su proeza en el CAB y el viernes 9 llegaron de Casa Pangue, Chile, vía Laguna Frías y Blest, el ingeniero italiano Gugliada y el señor Zanetti con la noticia de la desaparición. Esa misma tarde retornaron a Chile acompañados por la primera comisión de rescate del CAB compuesta por Claussen y Meiling. Este último, al paso de los italianos por Bariloche discrepó con su plan de escalada advirtiéndoles: «Voy a ir a buscar sus cadáveres» sin sospechar que realmente iba a intentarlo. El domingo 11 el CAB despachó una segunda comisión con el ingeniero De la Mote, recién llegado del intento por el lado argentino. El doctor Rodolfo Venzano y los peones Pedro Losso y Giácomo Olivier lo acompañaron a Casa Pangue pero se encontraron con la primera comisión que regresaba con resultados negativos y fotografías de las evidencias. El martes 13 llegaron a Bariloche las dos comisiones y produjeron el informe que hablaba de los meteoros desencadenados y las huellas halladas. Esperaban revelar las fotos. Deducían que «durante el día de la ascensión de los alpinistas (aquellos meteoros aludidos) los han llevado al abismo Oeste del Ventisquero Casa Pangue, poco tiempo después de haber salido del campamento 4». El mismo martes se alistaron aviones en Chile y volaron hidroaviones de la Armada argentina hacia los lagos.
Los italianos de YPF
Muy pocos de los protagonistas de esta historia sabían quién era el ingeniero Sergio Matteoda. El dato más curioso es que vivía en Buenos Aires, trabajó en la Patagonia y realizó en el hemisferio norte operativos de rescate. Los diarios porteños señalaron que «es un conocido alpinista turinés que se hallaba radicado en Buenos Aires desde hace algún tiempo. En el mundo deportivo turinés es muy conocido por haber participado en importantes ascensiones al Monte Blanco y otras expediciones similares arriesgadas y peligrosas». Según lo publicado, Matteoda y su amigo Gianni Albertini encabezaron en 1928 la expedición organizada para dar con los restos de la expedición al polo del general Nóbile. «Conocedor de los más famosos ventisqueros, el ingeniero Matteoda fue encargado de recorrer la isla de Spitzbergen, donde se creía encontrar a los expedicionarios del grupo de Magrem, Ariano y Zappi», se precisó en los diarios.
También se supo que Matteoda había pertenecido al personal técnico de Yacimientos Petrolíferos Fiscales en Comodoro Rivadavia. Otra revelación fue que el ingeniero Wálter Durando, el compañero de infortunio de Matteoda, formó con su amigo, una vez concluida la experiencia en YPF, una empresa de construcciones.
Más de un diario de Buenos Aires publicó, el 16 de febrero de ese año 34, «el despacho del superintendente del Parque Nacional Nahuel Huapi, ingeniero Emilio E. Frey, que se relaciona con la desaparición de los alpinistas italianos ingenieros Sergio Matteoda y Wálter Durando. Hacen saber tales despachos -continuaba la información- que la comisión integrada con los señores Germán Claussen y Otto Meiling encontró algunos rastros en los ventisqueros situados en la parte superior de Casa Pangue, cerca de la bifurcación del ventisquero y el río Tronador. Suponen los nombrados que los alpinistas pudieron ser sorprendido por el huracán, violentas nevadas o aludes y se vieron arrastrados al abismo». Se daba cuenta del regreso de la comisión de De la Mote y Venzano y se informaba que Neumayer había fracasado en tres intentos por llegar a la cumbre. La ascensión de Claussen era una extraordinaria hazaña -según el informe- y el Neumayer fue tomado el 4 por la tormenta que abatió a los italianos. También se explicaba que se necesitarían 2 o 3 semanas para una peligrosa búsqueda completa y que lo hecho hasta ahora era mérito del CAB, prueba de expertos solidarios.
Entre desgracia y Bonacossa
En la reunión de comisión directiva del club del 17 de febrero se resolvió que Neumeyer y De la Mote se encargaran de los reconocimientos en vuelo «con el hidroavión de la Armada». El día 20 a 3.600 metros por sobre el Pico Chileno, circunvalaron sin resultados. Una semana después El CAB decidió la construcción de un refugio en el Tronador. En la reunión siguiente se dio cuenta de las primeras donaciones para el refugio (la mayor fue de 500 pesos del Ferrocarril Sud) y el 19 se celebró una reunión extraordinaria por un pedido de nueva búsqueda de los italianos desaparecidos formulado por la madre de Matteoda. En la zona ya estaba la expedición del conde Bonacossa que el 28 de febrero -con Luis Bamghi y Giusto Gervasutti- escaló por primera vez el Pico Chileno, desde entonces llamado también Matteoda.
La reunión del primero de marzo del CAB sería histórica: «se crea la Comisión de Auxilio para casos necesarios y formada por socios especializados en ventisqueros y alto alpinismo. Se aprueban las condiciones en que actuará: prestará auxilio y acudirá al sitio solicitado por una persona o grupo que la necesite cubriendo el Club los gastos que demanden su rápido traslado, mantenimiento, gastos necesarios de equipos, contratos de peones, pasando luego la cuenta correspondiente a los interesados».
Ya hacía una semana que el Dr. Neumayer -asistido por el agente consular italiano Angel Gelain- había retornado a Casa Pangue donde se le reunió Meiling para la última búsqueda de los italianos. Resultó infructuosa y se dejó una cruz conmemorativa. Al volver, Neumayer escribió un medular informe sobre los «Peligros de la Nieve» publicado en Memoria del CAB de 1934.
Curiosidades
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El romántico primer vencedor del Tronador, Germán Claussen fue designado socio honorario del CAB por esa proeza, residió un par de años en Puerto Blest y pronto se volvió a Viedma. No se casó con Luisa Capraro, quien estuvo mucho tiempo al frente de Piedras Blancas (Cerro Otto). Durante buena parte de los años 40 y 50 se ignoró el paradero de Claussen pero reapareció viviendo en Tierra del Fuego hacia 1955 en el aserradero Slatyna, Lago Cami, Río Grande, donde Meiling fue a visitarlo. Allá murió.
• La Comisión de Auxilio del Club Andino Bariloche lleva 68 años de vida cargados de honores y dramáticos rescates. En los años 60, cuando cobró hasta cierta autonomía y mucho apoyo, tuvo divulgación mediática como «Los camperas amarillas» (nota de tapa de Siete Días cuando era un suplemento de La Razón)
• Las precauciones para conservar la vida en la montaña se mantuvo en buenas manos médicas desde los inicios de la Comisión de Auxilio.
En 1934 la encabezó el propio presidente del Club, el médico Juan J. Neumayer. La integraron también -años más tarde- los médicos Emilio Feliú (que pasó a residir en España), Raimundo Guthmann (que emigró para ejercer su profesión en Grenoble, Francia) y José María Iglesias, que presidió la Comisión muchos años y se mató fatalmente en un accidente aéreo cerca del aeropuerto de Bariloche, cuando en una avioneta llegaba para asistir y trasladar a un enfermo grave (era entonces ministro de Salud Pública de Río Negro).
fnjuarez@interlink.com.ar
"Mirando hacia el ventisquero de Casa Pangue, en el bajo pude ver una luz muy intensa de gente acampada", escribió después Germán Claussen, el primer vencedor del Tronador. Esa frase se transforma en estremecedora si se piensa que representa la visión del primer hombre que plantó sus pies en esa cumbre y permaneció toda la noche del 29 de enero de 1934. Imaginarlo solo en el pedestal implica sentir una sensación abismal.
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