Iván Noble prefiere estar en el medio

Con Los Caballeros de la Quema grabó su primer disco hace 20 años. Como solista siguió por el camino del rock y el pop sin cambiar por popularidad ni cantar para una elite.

Iván Noble hace una especie de balance con “Historia clínica 1993-2013”, que el sábado próximo presentará en el Teatro La Baita –Moreno 39, Bariloche– a las 21:30. Con formato de banda completa y bien roquero, el recital recorre todos sus discos de estudio, con Maxi Pardo músico invitado en la apertura.

“No soy muy amigo de los aniversarios, pero resulta que caí en la cuenta de que este año se cumplen veinte del primer disco que grabé. Pasaron desde el 1993, entre Caballeros y solista, nueve trabajos de estudio. Son muchas canciones”, confiesa.

“La clase de narrativa que me gusta, no sólo en las canciones, sino en general, en la literatura y el cine, es la que muestra conflictos, destiempos, deshoras y adioses, más que buenas noticias. Es una elección estética, esas historias me gustan más. Las otras, de victorias personales y celebraciones, en principio me parece que para la vida están muy bien, todos queremos que nos vaya mejor y estar lejos del dolor, pero cuando eso se traduce en –entre comillas– arte, no me interesan tanto los relatos de tipos que festejan o que les va bárbaro, que encontraron su piedra filosofal, digamos”, dice esto Noble a media mañana soleada y fría, abriendo el encuentro con “Río Negro” en su casa de Benavídez, partido de Tigre, gran Buenos Aires norte.

“Me atrae más el conflicto, el desgarro. De todas formas, cuando hago canciones, también tengo claro que es algo delicado porque tampoco pueden tener tanta pretensión… Al componer no pienso en hacer un tratado filosófico sobre la condición humana. Eso es muy pretensioso y tal vez es una de las peores cosas que pueden pasarle a la canción. El límite es muy fino. A lo mejor, una línea o una estrofa, pueden salvar un tema entero. Es muy complicado encontrar uno que nos emocione de pe a pa, pero tiene un verso por el cual, la vamos a recordar siempre”.

–Eso pasa con los tuyos. Son entonados espontáneamente, basta ver tus conciertos.

–El testimonio que tengo es cuando voy a tocar en vivo y la gente que gusta de mis canciones tiene un anclaje fuerte en las letras. Lo agradezco mucho y me siento muy afortunado por eso, pero no tengo tantas muy populares. Hace como veinte años que las hago y sólo una es híper popular (“Avanti morocha” del compacto “La paciencia de la araña”, 98), un puñado de obras son más o menos conocidas y después todo un catálogo que disfrutan los que vienen a verme… Lo cual ya está, con eso es suficiente. No ando por ahí aspirando a ser mucho más que eso.

–No está en el trabajo del artista, del creador, que su obra termine instalada en determinada cantidad o calidad de público.

–Por lo menos, no en su potestad. No, claramente, eso sólo puede provocar prosperidad personal, pero no artística. Se sabe que la historia de la música, en particular, está plagada de canciones muy populares que no nos gustan… En ese sentido, siempre tengo discusiones porque respeto mucho la música popular. Imaginate, me dedico a esto, hago rock y pop. Valoro mucho la impronta de los tipos que hacen géneros populares. Pero no necesariamente el que consigan una adhesión masiva, me provoca respeto. Ni lo contrario, porque también hay otra mirada elitista que pretende hacer cosas que solamente entienda la vanguardia. Todo esto dicho entre comillas. Me parece una tontería. Me gusta mucho el escritor David Viñas y una vez le leí algo que adopté y siempre recuerdo. Le hicieron una pregunta y él contestó: ‘no sé exactamente para quién escribo, no sé quiénes leen mis libros, pero tengo claro para quién no los escribo: ni para el populismo, ni para los bien pensantes’. Me pareció una buena definición. O sea, yo no voy a someter mis canciones a cualquier cosa para que se canten en la cancha todos los domingos, ni voy a intentar que sean analizadas por profesores de estética en la facultad de filosofía. ¡No pasa nada! Hay que estar en la mitad… Cualquier tipo que compone canciones sabe que es casi una quimera conocer el camino que van a recorrer. Hay temas, películas y libros que fracasan estrepitosamente, en términos de aceptación popular. Y otros que sorprenden. Y más a esta altura. Tal vez cuando empecé a escribir, estaba un poco más claro qué podía llegar a ser un hit. El formato podía ser un tema más o menos corto, con estribillo pegadizo… Eran requisitos imprescindibles. Después, igual, eso no alcanzaba. Cualquier cosa que se pareciese a un jingle, podía popularizarse. Pero hoy en día es muy difícil saber qué quiere escuchar “la gente”. No sé…

¿A qué se debe el cambio?

–Imagino, porque hay mayor información, más inmediatez y los géneros se han multiplicado. Es muy raro. ¿Cuál es el último hit mundial? ¿El de un señor coreano que hace el baile de un caballo? En mi vida se ocurriría que eso podía resultar así. Ahora, si vos vas tras esa zanahoria, vas a ciegas y, además, probablemente quedes en ridículo casi todo el tiempo.

El músico lleva su “Historia clínica” a Bariloche.

Eduardo Rouillet


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