Juan María Traverso: “Manejamos mal y nuestros hijos nos copian”
Recorrimos las calles neuquinas con Traverso. Ya lejos de las pistas, el legendario piloto de TC ahora viaja por el país para generar conciencia sobre las tragedias rutinarias que se cobran 22 vidas al día en las rutas y calles argentinas. Entre bocinazos y frenadas, las reflexiones de un hombre frontal que sabe de qué habla y también qué podés hacer para evitar sumar más muertes en el camino.
Yo respeto
Ahí va el Flaco Traverso, sentado en el asiento del acompañante mientras el auto avanza por las calles neuquinas en un atardecer con piquetes en los accesos a la capital provincial. El piloto que supo construir su fama en legendarias batallas del TC, no tuvo problemas con los tractores cruzados en la ruta: llegó en avión al mediodía para dar una charla por la noche. Pero antes, mientras cae el sol y la ciudad enciende sus luces, la recorre con “Río Negro” y cuenta por qué aquel campeón de las pistas se convirtió en el más entusiasta militante de la seguridad vial.
-Yo no tuve educación vial, no existía eso. La que tuve fue el automovilismo. Cuando tenía 20 años, era superpeligroso: en los grandes premios algunos se mataban. Cuando descubrí eso, terminaba las carreras y decía “me salvé veinte veces de matarme”; inconscientemente me dije “no me voy a matar volviendo a ver a mis viejos”. Entonces empecé a manejar más que normal en la ruta y en la calle: había descubierto lo fácil que era lastimarse. Y después lo decía volviendo a ver a mis hijos. Hoy ya no corro, pero vuelvo a ver a mis nietos. Jamás me pegué una piña en la calle. Cuando manejo no me distraigo, no le doy la posibilidad al teléfono de que me mate. Vengo pensando en los que vienen manejando: pueden venir alcoholizados, distraídos o dormidos. Vengo cuidándome y esto lo aprendí gracias al automovilismo. Por eso lo transmito.
El auto avanza por el centro. Dos peatones cruzan por la mitad de la calle en diagonal y de espaldas al tránsito. “Uh, mirá”, dice Traverso. Es raro no verlo al volante, pero es mejor escucharlo. Ya dio unas 200 charlas en todo el país, en especial a jóvenes, lo que más le gusta. Sigue.
-A los chicos les digo que no festejen los chistes de sus viejos cuando hacen maniobras extrañas en la calle, una manera de justificar el error que acaban de cometer. Si el padre pasa entre dos camiones con lo justo y lo primero que dice es “cómo maneja papá, eh”, yo les digo que papá es un boludo porque en realidad lo que está mostrando es justamente lo contrario a lo que hay que hacer. Y no se soluciona con un chiste. A los chicos les digo que disfruten de la moto, del auto… al que le guste tomar una cerveza, lo mismo. “Disfrútenla, pero no la mezclen con conducir un vehículo, no permitan que una moto o un auto les quiten la vida”, eso les digo. Las estadísticas marcan una enorme cantidad de víctimas. Subestimamos la vida de una manera que no se puede creer.
-¿Qué dicen las estadísticas?
-Que tenemos un promedio de 20 a 22 víctimas fatales por día, aunque recorro el país todo el tiempo y creo que son más. Además, estamos hablando del que pierde la vida en ese instante. El que sobrevive una semana no está dentro de ese número, con lo cual es mucho más grave. Hace más de un mes estuve en Santa Fe y la estadística de tres meses era de 1.800 víctimas. ¿Quién no tiene algún un amigo o familiar que haya tenido un accidente?
Ya es noche cerrada. El móvil de “Río Negro” ahora avanza por la multitrocha. Semáforo en rojo. Rugen motores alrededor.
-¿Por qué somos tan agresivos al volante?
– Es un tema cultural. En las charlas suelo decir que en una mesa de café la competencia machista arranca con uno que dice “tengo una camioneta nueva de 350 caballos” y el otro, que tiene una de 300 caballos, íntimamente dice “me cagó por 50, es más macho que yo por 50” y compiten. Pero mientras están tomando un café en el bar está todo bien. El tema es cuando eso va a la calle, donde de acuerdo con el tamaño que tenga el vehículo en el que uno anda es el poder que tiene. Y estamos excluyendo a la mujer, que en la actualidad maneja mal, porque se contagió del hombre. Veinte años atrás, eran pocas las que manejaban. Hoy muchas lo hacen y cometen las mismas infracciones, van hablando por teléfono y son agresivas.
-¿Por qué manejamos mal?
-Por muchos motivos. Yo creo que el principal es porque en la generación mía y la anterior no tuvimos educación vial de ninguna clase y aprendimos a manejar como pudimos. Y la realidad es que no manejamos bien y nuestros hijos nos copian a nosotros. Suponen que lo que hacemos está bien. Y la realidad es que está mal porque no respetamos las mínimas normas de tránsito. No digo los excesos de velocidad, porque eso está a la vista. No las respetamos porque estamos acostumbrados a creer que está bien lo que hacemos.
-¿Cómo se puede revertir?
-Estamos hablando de un problema de décadas, con lo cual va a llevar mucho tiempo. Una es trabajando con los jóvenes y chicos, con las generaciones que van a manejar dentro de algunos años; arrancar con un programa intenso con gente que conoce. Y al resto, con controles, sanciones más duras, con una exigencia más grande en el examen para obtener el registro para conducir, que no sea el solo hecho de estacionar. Y que los que tomen ese examen sepan manejar.
El vehículo se detiene para que el fotógrafo haga tomas de Traverso con la ciudad de fondo y el cartel de la campaña “Yo respeto”. Se sube el cierre de la campera y aprovecha para apurar un cigarrillo. Lo reconocen, suena un par de bocinazos. Levanta la mano y saluda. Hace frío. Vuelve al auto y habla sobre las maniobras y las infracciones más peligrosas.
-Primero, el exceso de velocidad. A nosotros un auto nuevo que va a 90 ó 100 km/h nos parece que está parado. Y no estoy hablando de alta gama. No te das cuenta de la velocidad a la que vas y la realidad es que si te pegás a esa velocidad… fijate que los ensayos que hacen las terminales en esos crash test en los que vuela todo al diablo con muñecos se hacen a 50 km/h. Si a eso le agregás 40, obvio que tenés grandes posibilidad de matarte. Y subestimamos eso. El exceso de velocidad es una de las infracciones más comunes.
La segunda, la distracción. Cualquiera ha manejado hablando por teléfono. Si vos vas de Neuquén a Roca tardás 40 minutos. Y si vas hablando por teléfono, se te hace corto el viaje. Todo el tiempo que vos vas hablando por teléfono no estás manejando. Y no es el hecho de llevar el teléfono lo que te distrae, lo que te distrae es la conversación telefónica. Y esa distracción es la que provoca la piña, el accidente: venís en otro mundo, venís hablando por teléfono.
El alcohol. Yo no tomo alcohol, pero si yo voy a comer un asado me tomo un vaso de vino. Como no tomo alcohol, con un vaso de vino no llego al 0,5 en la graduación alcohólica, pero te garantizo que no me puedo levantar de la silla, no puedo manejar: aunque no tolero ese medio vaso, pasaría el control de alcoholemia. Entonces, si manejás para mí el alcohol es cero. El alcohol también está metido en una graduación importante en todos los accidentes.
-¿Estás de acuerdo con la iniciativa del conductor designado, es decir que uno del grupo que sale no tome?
-Mirá, unos 20 años atrás mi hijo más chico tenía 17 y hacía la previa en casa. Me junté con los padres de todos los amigos y le buscamos la vuelta, quién del grupo no iba a tomar, y le alquilábamos una camioneta. No sé si le encontramos la solución, por ahí tuvimos suerte, pero no me borré. No fui de los que dicen “ahora que se haga cargo el sistema”. Me metí en el problema, hice de todo. Me levantaba a las 5 de la mañana, lo iba a buscar a los boliches… Tuve suerte, pero no me borré. Hoy los padres jóvenes con hijos jóvenes es como que dicen “háganse cargo, para qué está el control de alcoholemia, por qué no controlan, por qué esto, por qué aquello…”. Y vos le decís “pero la previa la hace en tu casa con el alcohol que tenés vos”. Es como que se justifican, pero tampoco tienen una solución. Yo no digo que exista una solución, pero tampoco es borrarse. Y si mi hijo toma alcohol y yo le doy las llaves del auto, no le puedo echar la culpa al sistema…
Javier Avena
javena@rionegro.com.ar
Javier Avena
Entrevista completa al “Flaco” Traverso
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Yo respeto
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