La bitácora existencial del escritor Paul Auster

Llega a las librerías “Diario de invierno”, del autor neoyorquino.

Por Redacción

En “Diario de invierno”, Paul Auster recupera fragmentos de su pasado para reflexionar sobre el presente y el futuro, iluminándolos con la lucidez desdramatizada con la edad: miedos, pérdidas, hijos, alegrías, familia, viajes, política y literatura, contados con un ritmo entrecortado pero con la velocidad de sus mejores novelas. El libro -publicado por Anagrama- se presenta casi como una biografía pero la cantidad de peripecias, sobre todo las de su cuerpo, las mudanzas, los viajes y las pérdidas, hacen del texto una suerte de bitácora existencial. “Piensas que nunca te va a pasar, imposible que te suceda a ti, que eres la única persona del mundo a quien jamás ocurrirán esas cosas, y entonces, una por una, empiezan a pasarte todas, igual que le suceden a cualquier otro”, arranca el escritor . En su flamante “Diario…”, Auster retrata -rememora- fragmentos de su vida desde una perspectiva nada nostálgica, aunque un relente melancólico se respire casi todo el tiempo. Es lo que sucede en busca del tiempo, perdido o ganado. Meditación sobre el tiempo y sobre una forma de vida inverosímil hoy día, su decisión de escritor (que nunca está puesta en duda) soporta la inclemencia de la página en blanco, del tedio, de la decepción amorosa y del desarraigo. Pero optimista hasta la médula, después de pasar temporadas en buques pesqueros y de residir en habitaciones minúsculas en Francia, se casa, se divorcia y vuelve a los Estados Unidos con el manuscrito de una primera novela que por supuesto, no consigue editorial. Quizá lo más interesante del relato, digresivo, abierto, cálido, feroz a veces, sea la contabilidad que obsesivamente hace de las marcas en su cuerpo. En París, conoce a Jean-Louis Trintignant. “Te impresiona el timbre de su voz, su resonancia, esa calidad que distingue a los grandes actores de los simplemente buenos”. Auster no está pasando por uno de sus mejores momentos. Es un autor consagrado. Vive con Siri Hustvedt, novelista, hija de noruegos, mujer hermosa. “En un momento dado, sin venir a cuento, (Trintignant) se vuelve hacia ti y te pregunta la edad que tienes. Cincuenta y siete años, le dices, y entonces, tras una breve pausa, le preguntas cuántos tiene él”. “Setenta y cuatro, contesta, y luego, tras otra pequeña pausa, volvéis al trabajo (…) Después del ensayo, os conducen a Trintignant y a ti a una habitación en alguna parte de la iglesia para esperar a que el público se siente y empiece el acto”, avanza Auster. “(…) Finalmente (Trintignant) alza la cabeza, se encuentra con tu mirada y, con inesperada seriedad, en tono circunspecto, dice: ‘Paul, quiero decirte una cosa. A los cincuenta y siete, me encontraba viejo. Ahora, a los setenta y cuatro, me siento mucho más joven que entonces”. El escritor se desconcierta, y de un golpe se derrumba su vanidad, su impostura, su miedo (que lo hace soportar ataques de pánico violentos). Entiende que tiene casi todo lo que quiso, y que si eso no alcanza, nada alcanza, porque eso es la felicidad. La felicidad en el invierno de la vida. (Télam)

Paul Auster recuerda fragmentos de su vida en este nuevo libro.