La buena costumbre de compartir la música

Lisandro Aristimuño cantó en casa

VIEDMA.- A partir de la aparición de su segundo disco «Ese asunto de la ventana», la carrera de Lisandro Aristimuño va sumando hitos paso a paso. Expande su ámbito de conciertos, suma críticas positivas, gana espacio en los medios especializados y se relaciona con otros músicos relevantes.

Además de una gira por España, su incursión por Montevideo y varias ciudades de la Argentina, afianzó su posición en Buenos Aires y su relación con Kevin Johansen, Mariano Fernández, Liliana Herrero -cantó el tema «Rocío» la semana pasada en el recital de Aristimuño en La Trastienda- y otros artistas relevantes.

Pero estos avances en su carrera profesional van unidos a un crecimiento musical contundente. Quienes han tenido la suerte de seguir sus presentaciones han sido sorprendidos en cada oportunidad, ya que cada recital parece un capítulo nuevo de una narración que nos conduce inevitablemente al clímax.

La nueva formación de la banda de Lisandro cuenta con Carli Arístide en guitarras -presente en sus bandas desde su llegada a Buenos Aires-, Rocío Aristimuño y Martín Casado en percusión, y Leila Cherro en cello.

Y esta formación ya nos habla de su escape incesante de los encasillamiento y las «normas». No se trata de una banda de pop, mucho menos de rock, eso está claro. ¿Qué resulta de esto? Música de alto vuelo, que tiene a veces la fuerza del rock, la dulzura del pop, el reposo de la balada, el ancestral folclore…

Pero Aristimuño ha entrado en la etapa de la madurez y su arte ya no es una mezcla experimental; todos los elementos se conjugan en su música, discurren armoniosos en un mismo sentido, en la dirección coherente de un mensaje entregado desde el corazón.

El pasado domingo ofreció un concierto magnífico en la sala mayor del Centro Municipal de Cultura de Viedma, que lo recibió con calor y sentimiento, en una noche en que todos -arriba y abajo del escenario- se sintieron como en casa.

Para el músico la oportunidad fue una celebración, un gozo, un rito que ha repetido en cada oportunidad, se trate de un pub, una Trastienda repleta o el teatro de su pueblo natal. La entrega es completa.

Para los que lo conocen, repito, fue otra sorpresa. Lisandro dio vuelta el repertorio de sus dos discos con su nueva formación, y la base acústica de dos percusionistas, la cellista y un esporádico charango, más la guitarra eléctrica y programaciones, catapultaron las canciones varios escalones hacia arriba.

Para completar, la propuesta musical estuvo bendecida por una bella puesta lumínica a cargo de Hugo Aristimuño y un sonido impecable, que permitió disfrutar hasta los mínimos detalles.

 

 

IGNACIO ARTOLA


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